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LA DESAPARICIÓN DE MAJORANA

 

La desaparición de Majorana. Sciascia,  Leonardo.

Traducción: Juan Manuel Salmerón

Tusquets. Barcelona, 2007. 116 Páginas.

 
 
 
 

EL AUTOR

Nacido en 1921, en Palermo, siciliano como muchos de los grandes escritores italianos contemporáneos (Pirandello, Vittorini, Lampedusa, Brancati, Quasimodo), Leonardo Sciascia es quizá el último caso ejemplar de escritor europeo comprometido, no ya al modo de Sartre sino por una concepción de la literatura que lo llevaba a extraer sus temas de las canteras de los episodios, figuras o conflictos de arraigo popular y/o histórico. Eso tanto en sus novelas químicamente puras (Todo Modo) como en sus ensayos de corte narrativo "el teatro de la memoria"). Este Sciascia conmovió a Europa con su brillante aunque denso "El caso Moro", indagación vertiginosamente oscura, como el crimen mismo, en las trágicas secuencias del fin del gran político italiano, cuya muerte fue el comienzo del fin del sistema de partidos ideado por Don Sturzo y Alcide de Gasperi.

 
 

RESUMEN ARGUMENTAL

"La desaparición de Majorana" (1975) pertenece al periodo más fecundo y maduro del escritor. Está en la línea de "Los apuñaladores" y "El teatro de la memoria": se trata en estas obras del caso especialmente conflictivo, que trasciende a la opinión pública y se enreda o se resuelve en los archivos, legajos y sentencias judiciales. El modelo primordial de Sciascia fue el Alessandro Manzoni de la "Historia de la columna infame", aquella memorable indagación sobre los presuntos culpables de la peste milanesa del XVII (la peste de "Los novios"), que Sciascia editó. Sin alcanzar la espectacularidad de "El teatro" -un célebre episodio de suplantación en un suntuoso paisaje de fin de siglo- plantea una cuestión de mucho mayor calado: la responsabilidad del científico.

El "caso" aquí es la desaparición del joven y afamado físico italiano, siciliano, Ettore Majorana, en 1938, que un día se evaporó del mundo después de embarcarse en Nápoles con destino a Palermo. En carta a un amigo el joven físico, a quien aguardaba un porvenir más que brillante, había manifestado su propósito de suicidarse. La policía cerró el caso atribuyendo la desaparición de Majorana a un acto de locura.

Y aquí interviene Sciascia, que desmenuza todas las piezas del engranaje haciendo, comparecer, entre otras celebridades, a Heisenberg, ya en el escenario de la Alemania nazi a la que acude a proseguir sus investigaciones el joven y precoz Majorana. Un Majorana que Sciascia perfila humanamente como genial, sobre depresivo y buen lector de Shakespeare y Pirandello.

Por inesperados pero consecuentes vericuetos conduce Sciascia al personaje, a su personaje, hasta el umbral de la bomba atómica, que el gran físico italiano Enrique Fermi había pisado en 1934 al realizar la fisión del uranio, el paso previo a la construcción del terrible artefacto, cuya sombrías consecuencias Majorana habría columbrado. Esta no es la verdad del historiador sino la del poeta: aterrado ante las consecuencias del descubrimiento, el gran físico, hombre religioso, pascaliano, habría decidido retirarse del mundo y vivir el resto de sus días en un convento de cartujos.

Sciascia danza aquí como un admirable funambulista sobre datos precarios y no convincentes por completo. Pero persuade poéticamente al lector, y esto es lo que importa: si no fue así pudo ser así, dicho sea en términos cuasi aristotélicos.

 
 

VALORACIÓN

Un texto importante este, ya convertido en clásico, sobre la responsabilidad del científico, a partir de uno de los asuntos más trágicos de la historia de la ciencia en el siglo XX: la bomba atómica. Brillante, ágil, amena, intensa, mixtura magistral de ensayo y fábula, constituye "La desaparición de Majorana" una aportación decisiva sobre la cuestión, a la vez que encarna un ejemplo cenital de la función capital que la literatura puede cumplir en una sociedad como la nuestra.