Manuel Martínez de la Escalera (San Sebastián, 1867 - Tánger, 1949)

AUTOR  | Isabel Izquierdo Moya y Carolina Martín Albaladejo, Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC)

Manuel Martínez de la Escalera y Pérez de Rozas, entomólogo de reconocido prestigio en su tiempo, es hoy una figura casi desconocida en la historia de la ciencia de nuestro país, solamente familiar para el colectivo de investigadores que se dedican a su mismo campo de estudio. Trabajó bajo los auspicios del Museo Nacional de Ciencias Naturales y de la Real Sociedad española de Historia Natural, participando activamente en la vida de ambas entidades. Viajero y explorador incansable, rastreó España en muestreos científicos desde los 18 años y recorrió áreas faunísticamente desconocidas de Anatolia, Siria, Irán, Iraq, Marruecos y Guinea Ecuatorial. Recolectó cientos de miles de ejemplares que, conservados en Museos de España y Europa, han servido y continúan sirviendo de base para numerosos trabajos de investigación. En el centenar y medio de publicaciones que integran su obra impresa, contribuyó con aportaciones de indudable interés al conocimiento de los insectos, especialmente de los coleópteros, y describió más de 800 especies y subespecies nuevas para la ciencia.

Manuel Martínez de la Escalera y Pérez de Rozas, entomólogo de reconocido prestigio en su tiempo, es hoy una figura casi desconocida en la historia de la ciencia de nuestro país, solamente familiar para el colectivo de investigadores que se dedican a su mismo campo de estudio. Trabajó bajo los auspicios del Museo Nacional de Ciencias Naturales y de la Real Sociedad española de Historia Natural, participando activamente en la vida de ambas entidades. Viajero y explorador incansable, rastreó España en muestreos científicos desde los 18 años y recorrió áreas faunísticamente desconocidas de Anatolia, Siria, Irán, Iraq, Marruecos y Guinea Ecuatorial. Recolectó cientos de miles de ejemplares que, conservados en Museos de España y Europa, han servido y continúan sirviendo de base para numerosos trabajos de investigación. En el centenar y medio de publicaciones que integran su obra impresa, contribuyó con aportaciones de indudable interés al conocimiento de los insectos, especialmente de los coleópteros, y describió más de 800 especies y subespecies nuevas para la ciencia.

Firma de Manuel Martínez de la Escalera
Firma de Manuel Martínez de la Escalera

Nace el 18 de diciembre de 1867 en San Sebastián, destino temporal de su padre Manuel Martínez de la Escalera y Casas, funcionario de Aduanas y abogado, oriundo del pueblo riojano de Ortigosa de Cameros. Bajo su influencia se licencia en Derecho por la Universidad Central de Madrid, mas nunca ejercerá la abogacía, sino que llevará a cabo un proyecto de vida bien distinto al dedicarse por entero a su gran pasión, la observación y estudio de la Naturaleza, y en concreto el mundo de los insectos.

Desde muy joven establece relación con el Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN) e ingresa en la Real Sociedad española de Historia Natural (RSEHN), organismos que constituirán el marco institucional en que van a desarrollarse la mayoría de sus actividades científicas y profesionales. En su estrecha relación con ambas entidades aparece frecuentemente la figura del naturalista y también entomólogo Ignacio Bolívar, hombre de gran influencia y prestigio, que fue siempre su gran amigo y valedor.

Las expediciones

Los últimos años del siglo, 1898 y 99, marcan el comienzo de su trayectoria como investigador, interesado inicialmente en muestreos y estudios bioespeleológicos, y también el inicio de sus grandes aventuras de exploración científica al emprender los primeros de sus tres viajes a Oriente Próximo, quizás los hitos más conocidos hasta ahora de la vida del autor. Recorrió en el primero zonas de Siria y del interior de Anatolia, por las cordilleras del Amanus y el Taurus, y logró reunir alrededor de 20.000 ejemplares de insectos pertenecientes a unas 2.300 especies; el segundo, "el gran viaje" de casi un año de duración que hizo acompañado de su hermano Fernando, les llevará hasta los montes Zagros, al suroete de Irán, cruzando Siria y Mesopotamia. Lo realizaron en circunstancias ciertamente difíciles, condiciones penosas y escasez de recursos, que debilitan la salud de Fernando quien morirá al poco de su regreso a España. El resultado de estas expediciones, a las que lamentablemente el autor dedicó sólo breves y escuetas narraciones, hay que buscarlo en el valioso patrimonio científico logrado y en los muchos estudios que desde entonces se han efectuado sobre el mismo. Entre esos estudios son realmente escasas las aportaciones del propio Escalera, y es éste un hecho que encontramos repetidamente en la trayectoria científica del autor: el reducido número de trabajos que dedica a los materiales y especímenes recolectados en muchos de sus viajes de exploración, como ocurre en el caso de Oriente Próximo, Guinea Ecuatorial o Canarias, y que podría decirse también con respecto a muchos de sus recorridos espeleológicos y zonas muestreadas en España.

En mayo de 1901 es designado para formar parte como naturalista de la Comisión española de Límites que, en función de lo acordado en el Convenio Franco-Español de Paris de 1900 y más tarde en el Convenio de Delimitación de 1901, se ocupará de establecer junto a la correspondiente comisión francesa la demarcación fronteriza entre las posesiones de ambos países al sur de los territorios del río Muni, parte continental de la que fuera Guinea Española, hoy Guinea Ecuatorial. El estudio de los materiales recolectados durante su permanencia en la región, de julio a noviembre de 1901, se encargó a renombrados especialistas, españoles y de diversos países europeos, y a sus resultados se dedicó el volumen I de las Memorias de la RSEHN (1903-1910), sufragado enteramente por el Gobierno. Reúnen estas Memorias el estudio de más de 1.264 especies animales logradas por Escalera en aquella misión, describiéndose 171 de ellas como nuevas para la Ciencia.

La aventura de Marruecos

En 1905 se inicia la relación de Martínez de la Escalera con Marruecos, relación que determinará de forma decisiva tanto su futuro profesional y trayectoria científica como su vida privada y la de su familia. A propuesta del propio naturalista en sesión de la RSEHN se decide Marruecos como destino de la excursión de estudio que anualmente organizaba la Sociedad. Tal fue el origen de la Comisión de exploración y estudio del Noroeste de África, que con fondos del Estado y aportaciones logradas por la propia Sociedad, funcionaría de forma más o menos continuada durante más de una década. Parece destacable el papel jugado por Escalera en esta Comisión, especialmente en sus comienzos, y su implicación durante años en las actividades de la misma. Mogador, la actual Essaouira, y Tánger más tarde, se convertirán en residencia de los Martínez de la Escalera y en centro neurálgico de expediciones y muestreos científicos, durante una larga estancia interrumpida por intervalos pasados en España. Hay que subrayar el incuestionable papel del autor en el conocimiento de la entomofauna marroquí, que en este caso -contrariamente a lo dicho más arriba para otras expediciones del autor- sí puede atribuirse a la cuantía y profundidad de sus propias contribuciones sobre coleópteros de aquella región, a la que dedica una atención especial con más de 50 publicaciones sobre su fauna. A ello hay que añadir el interés y la diversidad del ingente material capturado en esos años, así como los estudios desarrollados por otros sobre esos ejemplares, estudios que son a su vez muchos y con un notable valor de conjunto. Su monografía de 1914, Los Coleópteros de Marruecos, emblemática de la actividad científica del autor en el Norte de África y primera recopilación ambiciosa de la fauna coleopterológica de la región, constituyó durante muchos años la obra de referencia para el colectivo científico. En ella se recogen 2.874 especies y subespecies, y se describen 256 taxones nuevos para la Ciencia.

Fotografía del autor. Circa 1900
Fotografía del autor. Circa 1900

Durante su estancia en Marruecos, al considerar la riqueza pesquera de la zona y su posible aprovechamiento por el gobierno español, presenta un Informe a la Comisión sobre la conveniencia de establecer en los mares canario-africanos un laboratorio flotante instalado en una embarcación dedicada a la pesca, proyecto novedoso para estudios de una incipiente Biología Marina que no llegó a ponerse en práctica. Como también ocurriera con otra propuesta suya, la creación de un Laboratorio-hospedería de Biología en Tánger, que asegurara la continuación de investigaciones en la zona.

La grave situación política de Marruecos durante aquellos últimos años y los conflictos derivados del inicio de la guerra europea del 14, obligan a posponer las actividades de la Comisión en el país, y Escalera, sin el respaldo económico de la Dirección de Marruecos y Colonias, ha de regresar a España en 1915. Desde entonces, volver al norte de África y penetrar en los territorios occidentales del Sahara serán proyectos permanentemente perseguidos por el autor. Regresó a Marruecos en distintas ocasiones y con diversos objetivos, pero nunca logró aquel sueño de alcanzar el desierto.

Pensión de la JAE en el Museo

Ya en España, y reemprendida una colaboración directa con el MNCN, se ocupa del estudio y organización de las colecciones de Coleópteros de España y NO de África, en especial de sus propias aportaciones enviadas durante aquellos años. Para este cometido recibe una pensión de la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas (JAE), como "Encargado de Trabajos del Instituto Nacional de Ciencias Físico-Naturales" en el Museo. Estas pensiones de la JAE constituirán a partir de 1915, la situación "laboral" más o menos continúa de Escalera. Pero el logro de un trabajo estable y continuo no parece que fuera objetivo del naturalista, habiendo optado contrariamente por una vida científico-aventurera, libre aunque precaria, que le caracterizó durante muchos años.

Nuevos viajes y misiones científicas

Y así, poco después, en 1918, intentará volver a las posesiones españolas del golfo de Guinea, sin lograrlo al ser desestimada por el Ministerio de Estado una propuesta suya con ese objetivo. Decide entonces organizarla por cuenta propia y, tras presentar un proyecto a tres instituciones museológicas -el Museo Nacional de Ciencias Naturales, el Museo Nacional de Antropología y el Museo de Ciencias Naturales de Barcelona-, consigue financiación de las mismas como anticipo sobre las capturas que se esperaban de la misión. El viaje, que hizo esta vez en compañía de su hijo Fernando, experto colector desde muy joven, se lleva a cabo entre abril y noviembre de 1919. El rastreará la isla de Fernando Poo mientras el hijo marcha a la parte continental ya explorada por Manuel en 1901. Las colectas y adquisiciones, aunque carentes de suficiente calidad en algunos casos, enriquecerán considerablemente los fondos de las tres instituciones.

Estación Alpina de Biología El Ventorrillo, Cercedilla (Madrid)
Estación Alpina de Biología El Ventorrillo, Cercedilla (Madrid), 1920. Entre su hijo Fernando y Cándido Bolívar; sentados, el ortopterólogo Lucien Chopard y su esposa.

A principio de los años 20 continúa su deambular recorriendo la isla de Tenerife durante unos meses (diciembre, 1920-junio, 1921), de nuevo con su hijo Fernando y ahora en misión científica del Museo de Madrid. El estudio encontraba justificación en el escaso conocimiento que aún se tenía de la fauna de las Canarias, el interés biológico que comenzaba a atribuírsele y la escasa participación de los naturalistas españoles en investigaciones sobre ella.

En los años siguientes, de una gran actividad, compagina estudios taxonómicos y continuos viajes de colecta por territorio peninsular, retomando también la que fuera su afición científica inicial, la exploración bioespeleológica. Y aunque ve denegadas algunas de sus solicitudes para estudios faunísticos en el Norte de África, logra subvenciones para otros (exploración y trabajos de campo en el área de Larache y Medio Atlas en 1925, territorios del Rif en 1932).

Son, por otra parte, años de una notable diversificación en sus actividades. Inaugura en sus publicaciones una nueva línea temática de divulgación científica, a través de la colección La vida de los insectos en preparaciones del natural, folletos editados por él mismo con lenguaje fácil y ameno, y un notable nivel científico. Realiza experiencias de control biológico en robledales de la provincia de Madrid, que le conducirán en 1925 a una interesante colaboración con el Gobierno General de Argelia en un ensayo de aclimatación a gran escala de insectos controladores de plagas forestales. Junto a su hijo Fernando se implica decididamente en investigaciones y trabajos de Apicultura, en la que llegarán a ser verdaderos especialistas, dedicando al tema más de 25 publicaciones y actividades de apoyo al sector en colaboración con la Dirección de Ganadería. Simultáneamente continúan apareciendo sus publicaciones científicas que, sólo en la década 1922-32, alcanzan un total de 59 e incluyen la descripción de 256 especies de coleópteros nuevas para la ciencia, de España peninsular y Canarias, Guinea Ecuatorial, Marruecos y Próximo Oriente.

Entomólogo Agregado en el Museo

Ejemplares del género Asida
Ejemplares del género Asida y mapa del autor mostrando la distribución de algunas de sus especies en el sur de España. Colección de M. M. de la Escalera (Museo Nacional de Ciencias Naturales, Madrid)

A los 64 años obtiene por oposición el puesto de Entomólogo Agregado en la Sección de Entomología del MNCN, consolidando una relación científica y laboral de toda una vida, y logrando al tiempo la estabilidad conveniente para tal edad. Por normativa del centro, que prohibía al personal la posesión de colecciones particulares, Escalera hubo de vender a la institución la suya -más de 80.000 ejemplares de coleópteros, representando unas 10.000 especies de todas las faunas, reunidas en 600 cajas. Respecto a su valor informan las Memorias de la JAE de 1935: ". un inmenso material para el estudio de los Coleópteros de la Península, pues representa la labor de cincuenta años de un trabajo activísimo de exploraciones y estudios continuados, realizados con el objeto de llegar al conocimiento de la fauna entomológica española y de la extensión geográfica de sus especies. Gracias a esta aportación posee hoy el Museo la mejor colección de coleópteros de Marruecos que existe".

Ese mismo año tiene lugar en Madrid el VI Congreso Internacional de Entomología, sustentado en el prestigio científico internacional alcanzado por el entomólogo y Director del MNCN, Ignacio Bolívar. Escalera participó activamente como miembro del Comité organizador y Vocal de la Mesa española. Este Congreso, anterior en sólo unos meses al estallido de la Guerra Civil, marca el final de un brillante periodo en la historia de la Entomología española al tener que exiliarse poco después muchas de sus figuras más representativas.

Los últimos años

La fatalidad alcanzó también a Escalera quien, pese a permanecer en el país, hubo de padecer las consecuencias de su estrecha relación con muchos de los exiliados, los procesos de depuración emprendidos en el propio centro, implicándolo a él y a su propio hijo, la marcha finalmente también de éste con su familia, las sospechas políticas y la penuria económica. En estas circunstancias solicita repetidamente a los responsables del centro -antes Museo y más tarde, a partir de 1941, Instituto Español de Entomología del CSIC-, su traslado a distintos destinos en Marruecos y Sahara, sin lograrlo.

En 1944, a la edad de 76 años, llega su jubilación y aparece también el último de sus trabajos.

Y vuelve finalmente Martínez de la Escalera a Marruecos, a la ciudad de Tánger, donde permanecerá con su hija Emma hasta su fallecimiento el 9 de agosto de 1949.

En el cementerio europeo de aquella ciudad descansan sus restos.

Más información:

MARTÍN ALBALADEJO, Carolina e IZQUIERDO MOYA, Isabel (eds.), 2011. Al encuentro del naturalista Manuel Martínez de la Escalera (1867-1949). Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). ISBN 978-84-00-09413-3

CASADO DE OTAOLA, Santos, 2005. Manuel Martínez de la Escalera, ciencia y aventura en Oriente. Arbor. No.711-712, pp.843-858. ISSN. 0210-1963

PÉREZ DEL VAL, Jaime e IZQUIERDO MOYA, Isabel, 2001. Fauna de Guinea Ecuatorial. Colecciones del Museo Nacional de Ciencias Naturales [en línea].Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). ISBN 9788400080099. Disponible en: museovirtual.csic.es/salas/guinea/guinea1.htm

PÉREZ DIE, María del Carmen y CÓRDOBA ZOILO, Joaquín María (coord.), 2016. La aventura española en Oriente (1166-2006). Madrid: Ministerio de Cultura, Subdirección General de Publicaciones, Información y Documentación. ISBN 84-8181-287-0.

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