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Las universidades españolas, a través de Rebiun, la red que une a sus bibliotecas, llevan tiempo expresando su preocupación por los fuertes aumentos de precios, de entre el 9 y el 10 por ciento anual, que están teniendo que soportar para tener acceso a las principales revistas científicas. Las editoriales científicas, a juicio de Rebiun, están abusando de su posición dominante, basada en el hecho de que la productividad científica hoy en día se mide en buena parte por los artículos que los investigadores, muchos de ellos universitarios, publican en sus revistas. Para intentar poner freno a esta situación, Rebién no sólo está intentando que las universidades se unan a través del Ministerio de Educación para negociar licencias nacionales, sino que también están fomentando la creación de revistas de calidad de acceso gratuito, a la vez que piden a los investigadores que depositen en los denominados espacios e-printer (de libre acceso) una copia de las investigaciones que publiquen en las revistas.
Las universidades entienden que la edición científica de calidad tiene unos altos costes, pero creen también que las editoriales están abusando de su posición de dominio. «El acceso a las revistas científicas electrónicas - explica el director de la Biblioteca de la Complutense, José Antonio Magán- nos está costando cada año entre un 9 y un 10 por ciento más, y eso es algo que no puede mantener ninguna institución. De hecho, estudios realizados por diversas bibliotecas demuestran que con la proyección de precios actual en seis o siete años no tendremos dinero para adquisiciones». Por si esto no fuera suficiente, algunas de estas revistas amenazan con poner en marcha un sistema de pay per view, que obligaría a las universidades a pagar por cada uno de los accesos que sus profesores o investigadores lleven a cabo.
El económico no es el único aspecto que preocupa a las universidades. Según indican, las revistas científicas prohíben a sus abonados que realicen copias de las revistas. «Si una de estas publicaciones desaparece, con ella también lo hará el avance científico que en ella se haya recogido», advierte Magán. Otro peligro, este ya bastante demostrado, es que al regirse por criterios comerciales estas revistas están impidiendo el avance científico en determinadas áreas. Así, recientemente un estudio destacaba la prácticamente nula presencia de estudios sobre la malaria -enfermedad que hoy sigue siendo una de las que más muertes causa al año, sobre todo en los países menos desarrollados- y, por el contrario, la ingente cantidad de informes sobre la obesidad y sus remedios.
Ante esta situación, Rebiun ha decidido adoptar una serie de acciones. En primer lugar, ha instado al Ministerio de Educación y Ciencia a que a través de la FECYT (Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología) negocie en nombre de todas las universidades licencias a nivel nacional. Así, creen las universidades que, al menos, se conseguirá obtener precios más razonables.
Una segunda línea de trabajo que quiere seguir Rebiun es su colaboración en la creación de revistas científicas de calidad que funcionen bajo el modelo Open Access (acceso abierto). De hecho, ya hay varias revistas que siguen este modelo y que poco a poco se están consolidando. Rebiun ha pedido al Gobierno que sensibilice a la Unión Europea de la necesidad de crear este tipo de revistas que aúnen calidad -es decir, que tengan comités científicos de alto nivel- y acceso libre.
Otra tercera vía que está siguiendo Rebiun es la creación en las distintas universidades de espacios, denominados eprinter, que sean de libre acceso, en los que los investigadores depositen sus artículos independientemente de que los publiquen en revistas. Esta iniciativa ya ha tenido respuesta por parte de algunas revistas que exigen a los investigadores total exclusividad.
LOS DISPARES CRITERIOS DE PUBLICACIÓN
Existen revistas generales como Nature o Science, y luego otras mucho más específicas para cada campo científico, como pueden ser Journal of Neurosciences, Geological Magazine, Boletín de la Asociación Española de ntomología o Quaternary International, por nombrar sólo unas pocas.
El profesor José Antonio Ramos, del Departamento de Bioquímica y Biología Molecular de la Facultad de Medicina, explica que en ocasiones los artículos se envían sobre seguro a las revistas que se encuentran en un rango de índice de impactos concordante con la calidad media del grupo y otras veces, en dependencia de la relevancia que se supone que puede tener el artículo, se manda a revistas de mayor índice de impacto, en las que a veces se aceptan y otras no.
Incluso, cuando parece que la publicación es segura, las revistas lo rechazan, como le ocurrió a Nuria García, investigadora del Centro de Evolución y Comportamiento Humanos. Sus colegas de Berkeley le animaron a mandar un artículo a la revista Paleobiology y allí fue rechazado, con la consecuente sorpresa de todo el equipo.
Concepción Ornosa, profesora del Departamento de Zoología de la Facultad de Ciencias Biológicas considera que siempre se procura saber a dónde se mandan los artículos. Aclara que es importante subrayar que un campo científico como el suyo (la investigación básica en entomología) no se suele considerar de impacto, ya que las revistas que los incluyen tampoco son consideradas como tal, porque su ámbito necesariamente es local.
Existen varias medidas para conocer qué es una revista de impacto y quizás el que más se utiliza para evaluar la actividad científica es la base de datos Science Citation Index (SCI). Algunos científicos del CSIC, como Santiago Castroviejo y Antonio García Valcecasas, han hecho pública la denuncia ante este hecho, por considerar que es un modo de medir que sólo es útil «para los políticos y los evaluadores de la ciencia, que se ahorran un análisis ulterior».
Juan Carlos Gutiérrez-Marco, director del Instituto de Geología Económica, centro mixto CSIC-UCM, reconoce que en organismos como el CSIC sólo cuentan como publicaciones aquellos artículos aparecidos en revistas del SCI y todo lo demás simplemente no existe a efectos de currículum.
EL PRECIO DE PUBLICAR
Según el director de la Biblioteca Complutense, José Antonio Magán, muchas revistas cobran a los investigadores simplemente por el hecho de que sus artículos sean estudiados o valorados por sus comités científicos. «Hay iniciativas, como Biomed Central, que edita revistas de diversas especialidades médicas y cobra a las instituciones una cantidad razonable para que todos sus investigadores puedan enviar sus trabajos sin un coste adicional», afirma Magán.
Los investigadores que hemos consultado, de diferentes ramas científicas (neuroquímica, geología, entomología y paleontología) no son conscientes de que exista un comité que cobre a los científicos simplemente por valorar sus artículos. De hecho, aseguran que los miembros del comité editorial ni siquiera suelen cobrar por valorar los artículos, y como mucho pueden recibir a cambio una suscripción gratuita a la revista. Eso lleva a que algunos profesionales se nieguen a formar parte de dichos comités editoriales, ya que les requiere un esfuerzo con escasas compensaciones económicas.
Juan Carlos Gutiérrez-Marco, director del Instituto de Geología Económica, explica que los únicos abusos para el autor de un artículo publicable por una revista comercial pueden ser «que te obliguen a comprar un número mínimo de separatas a un alto precio, sobre todo en el caso de las revistas francesas y británicas, que llegan a exigir un encargo mínimo de 75 ó 100 ejemplares, a 3 euros de media por separata». También se puede dar el caso de que las revistas más importantes de la clasificación de muchas especialidades pidan al investigador que contribuya a paliar los costes de edición.
En el caso de revistas que se editan por sociedades científicas españolas o extranjeras, Gutiérrez-Marco asegura que lo más que puede pasar es que exijan ser miembro de la asociación científica correspondiente, o bien que cuando el artículo tenga un exceso de páginas frente al estándar de la revista, soliciten contribuir a la cofinanciación de ese exceso de páginas, pero el precio siempre es bajo, e incluso duplicando el estándar de páginas no se llega a cien euros.
Autor: Alberto Martín / Jaime Fernández
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