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Uno de cada tres científicos de EE.UU. reconoce haber falseado sus datos

La integridad de la ciencia podría estar en peligro. Este mensaje, lanzado por una nueva investigación estadounidense, responde al 33% de científicos que, por conflictos de intereses, reconoce haber modificado en alguna ocasión los estudios o sus resultados.


FUENTE | El Mundo Digital
16/06/05
 
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Con el apoyo económico de los Institutos Nacionales de Salud de EE.UU. (NIH, sus siglas en inglés), un grupo de especialistas -dirigidos por Brian C. Martinson, de una fundación sin ánimo de lucro denominada Health Partners- ha realizado lo que ellos consideran el primer análisis cuantitativo de esta clase de conductas.

En diciembre de 2000, la Oficina de Política Científica y Tecnológica (OSTP) estableció como prácticas censurables «la producción, falsificación y plagio a la hora de proponer, realizar o revisar la investigación o para dar a conocer los resultados». Se trata de una definición que, como explican los autores de este nuevo trabajo en Nature, se queda corta a la hora de caracterizar un fenómeno que es mucho más complejo: «Nuestra evidencia muestra que los comportamientos deshonestos más mundanos y que se dan regularmente suponen una mayor amenaza para el campo científico que aquellos causados por malas conductas de más alto nivel, como el fraude».

Las afirmaciones de Martinson y su equipo se basan en las más de 3.000 encuestas anónimas -de las cerca de 7.000 enviadas- que científicos estadounidenses contestaron adecuadamente. Entre otras cuestiones, los encuestados reconocieron si habían llevado a cabo algunas de las prácticas censuradas por la OSTP u otras acciones también consideradas como deshonestas.

CONDUCTAS DESHONESTAS

Sólo un 1,5% admitió haber recurrido al plagio o a la falsificación. Sin embargo, una media del 33% reconoció haberse visto involucrado -por lo menos una vez y durante los tres años anteriores- en otras conductas deshonestas menores.

«Un 15,5% varió la metodología o los resultados de un estudio como respuesta a presiones de los patrocinadores; un 12,5% supervisó el uso por parte de otras personas de datos incorrectos; y el 7,6% se saltó algunos requisitos menores», publica la revista científica.

Los sujetos de edad más avanzada -una media de 44 años- y con mayor experiencia en la investigación, fueron los que más entonaron el mea culpa. Los autores explican que este hecho podría tener que ver con que los científicos jóvenes -unos 35 años- han recibido otro tipo de educación o con que su inseguridad laboral les impide sincerarse.

«Es hora de que la comunidad científica considere qué aspectos del ambiente son los más destacados para la entereza de la investigación, qué aspectos son los más susceptibles de cambiar y cuáles pueden ser los más fructíferos para asegurar la integridad en la ciencia», concluye el estudio.

Autor:   Maria Sainz



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