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Innovar en el momento preciso

Muchas veces, no basta con tener una buena idea. También hay que ponerla en práctica en el instante adecuado. Citröen y Apple, entre otras, pueden dar fe de lanzamientos revolucionarios que fracasaron por su escasa sintonía con la coyuntura de entonces.


FUENTE | Expansión
08/05/2006
 
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En 1970, Citröen lanzó el SM, un revolucionario vehículo plagado de gadgets que, tiempo después, se convirtieron en elementos habituales en el resto de automóviles: motor con inyección de combustible, suspensión hidráulica, dirección con asistencia variable...

Todo ello, coronado con un futurista diseño, vagamente inspirado en el mítico DS, también conocido como Tiburón. Pero el SM fue un absoluto fracaso. Se vendieron poco más de 12.300 unidades y su lanzamiento -que coincidió con la crisis del petróleo de 1973- contribuyó en buena medida a la quiebra del grupo automovilístico, adquirido en 1975 por su rival Peugeot.

El del SM es un ejemplo paradigmático de innovaciones que no cuajaron en su momento, por ser ajenas a las circunstancias vitales, económicas y sociales del consumidor. Este fenómeno es "uno de los grandes dolores de cabeza de las empresas, sobre todo ahora, cuando los periodos de amortización de las investigaciones son cada vez más cortos", dice Antoni Flores, fundador y presidente de la consultora Node, especializada en innovación aplicada. Este experto incide en la necesidad de que las empresas, a la hora de innovar, se apoyen en equipos multidisciplinares y con una visión holística, que conciba la realidad como un todo distinto de la suma de las partes que lo componen.

Esa visión debe tener en cuenta la actividad tradicional de la compañía y el sector en el que trabaja y relacionarla con el mercado, teniendo en cuenta tres esferas fundamentales en perpetuo movimiento: la económica, la tecnológica y la sociocultural. "Las oportunidades de negocio se generan cuando las dinámicas de estas tres tendencias convergen", sostiene Flores, que cita un ejemplo más cercano que el del Citröen DS: el de Newton, la primera agenda electrónica con pantalla para la escritura, lanzada por Apple en 1993. Este dispositivo, retirado del mercado en 1998, "fracasó porque el consumidor todavía no tenía esta necesidad y el precio [a partir de 800 euros] era exageradamente alto". Un tercer factor era su tamaño: no cabía en el bolsillo de una camisa o de un pantalón.

Pero la tecnología de Apple "era la correcta. De hecho, no hubo excesivas diferencias entre Newton y el primer modelo de agendas PDA lanzado por Palm", recuerda Flores. Palm ha vendido 36 millones de PDA desde su llegada al mercado, hace ahora diez años. Apple nunca hizo públicas las ventas de Newton, pero su repentina retirada sugiere la constatación de su escasa viabilidad comercial.

Un tercer caso, que atañe, en este caso, a un servicio, es el de la aerolínea de bajo coste Virgin Express, que el magnate británico Richard Branson lanzó hace una década. "Entonces, socialmente se veía al bajo coste como algo dirigido a personas con poco poder adquisitivo; hoy, es una gran revolución que nos permite ver el mundo cada vez más pequeño", señala.

Un ejemplo actual sería el de los coches híbridos, "un producto muy maduro que todavía sufre un rechazo social por la novedad que representa". Para Flores, el "aspecto conservador" del Toyota Prius -el primer automóvil de estas características que apareció, con una estética idéntica a la de un coche convencional- responde al deseo de la marca japonesa de "aquilatar esas tres esferas [económica, tecnológica y sociocultural] para mitigar la revolución que implica un vehículo de estas características".

UN FIASCO MUY CODICIADO

El Citröen SM es uno de los mayores fracasos en la historia de la marca francesa, convertido hoy en una pieza de coleccionista. Menos suerte, quizás, por ser más reciente, ha tenido la agenda electrónica Newton, de Apple, retirada del mercado en 1998, cinco años después de su lanzamiento y coincidiendo con el regreso de Steve Jobs a la presidencia de la compañía. El gigante de la manzana se resarció poco después con la llegada del iPod, el reproductor de música que se ha convertido en un auténtico boom comercial.

LA IMPORTANCIA DE EQUIVOCARSE

"Las manchas enseñan a vivir", dice el anuncio de un conocido detergente. Lo mismo podría aplicarse a las innovaciones que, por un motivo u otro, no acaban cuajando. Según Antoni Flores, fundador y consejero delegado de la consultora Node, en los departamentos de I+D de muchas compañías todavía no hay asumida una "cultura del fracaso" que aproveche los errores para el futuro.

En opinión de este experto, coautor, junto al profesor de Esade y fundador de la red de innovadores Infonomia, Alfons Cornella, del libro La alquimia de la innovación, impera todavía, sobre todo en los países mediterráneos, "una cultura de miedo al fracaso; aquí, al primer error, no te dan más oportunidades para equivocarte". Algo que, dice, no se da en otras culturas más sajonas.

Albert Einstein, un ejemplo de europeo que se adaptó como nadie a la mentalidad estadounidense, necesitó cerca de un millar de pruebas para conseguir que el filamento de tungsteno funcionase. Cuando alguien le recordó que había cosechado casi mil fiascos, replicó: "No fracasé, sólo descubrí 999 maneras de no hacer una bombilla".

Autor:   Antonio M. Vélez



   Enlaces de interés
 
Innovación Tecnológica en madri+d


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