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No obstante, las dudas surgen al entrar en los detalles. La partida de investigación destinada a las iniciativas de Defensa se reducirán un 5,8%, hasta 1.582,20 millones de euros, con lo que se permite ampliar el gasto en inversión civil un 33%, hasta 6.477 millones de euros.
La investigación llevada a cabo por servicios de defensa y por el sector aeronáutico ha sido, tradicionalmente, el impulsor de muchos de los proyectos, aplicados después en otros ámbitos. Los productos inventados, en un primer momento, para una aplicación militar, rápidamente eran adaptados para otras posibles finalidades.
El ejemplo más popular de este fenómeno es Internet, diseñado en 1960 como una red de comunicación interna del ejército estadounidense. Del mismo modo, la vitrocerámica o el microondas, presentes en una gran proporción de hogares, fueron inventados para naves espaciales.
También las botas de los astronautas de la Nasa inspiraron la elaboración de calzado resistente a duras condiciones climatológicas, como las moonboots, empleadas como zapato de descanso para muchos esquiadores. Los envases al vacío, por su parte, fueron pensados para evitar que se pudriera la comida de los militares que eran enviados a una misión de varios días, así como para ocupar el menor espacio posible en sus mochilas. Más recientemente, se siguen desarrollando proyectos de aviones no tripulados para la vigilancia de incendios.
¿ESTRATEGIA ELECTORALISTA?
A algo más de un año de las próximas elecciones generales, son muchos los que se preguntan si la decisión de reducir esta partida, menos popular para el electorado pero posiblemente muy útil a largo plazo, responde a razones beneficiosas para la sociedad, o a cuestiones meramente electoralistas. "Es posible que, ante la dificultad de explicar a los ciudadanos la utilidad de algo altamente impopular, como todo lo relacionado con el ejército, se opte por focalizarse en otras actuaciones", comenta Víctor Tarruella, director general de la firma Consultoría I+D+i.
Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), España ocupa la decimosexta posición, entre los 25 países de la Unión Europea, en inversión en I+D. La cifra parece pesimista. No obstante, no todos creen que responda a la realidad. "El problema no es que (en España) no se investigue lo suficiente, sino que estas iniciativas no afloran, es decir, no se organizan en un departamento aparte o cuentan con un presupuesto separado", explica Tarruella. Y añade: "Todas las empresas invierten, por lo menos, en desarrollo, cada vez que aplican una técnica novedosa u ofrecen un nuevo producto".
En cuanto a los sectores a los que, habitualmente, se destinan las subvenciones públicas, Tarruella se muestra escéptico: "Debería hacerse un profundo replanteamiento de las posibilidades de los recursos que hay en España. Es posible que exista un gran futuro, por ejemplo, en el mercado de la tecnología de la información o en el de la alimentación dietética y preventiva (como los productos que rebajan el colesterol y los suplementos vitamínicos), aprovechando la buena marcha del sector farmacéutico.
Una de las grandes barreras para la inversión en I+D en España es el elevado coste que suponen estos proyectos, lo que provoca que sólo las grandes firmas tengan capacidad para innovar. Por este motivo, desde 1996, es posible desgravar parte del gasto realizado. Concretamente, el marco actual permite a las empresas deducir del Impuesto de Sociedades entre el 30% y el 70% del presupuesto de proyectos de I+D, y entre el 10% y el 15% para los de innovación tecnológica. El descuento en el gasto de las empresas es el más alto de Europa y uno de los más elevados del mundo. Gracias a esta medida, las compañías suelen ahorrarse cerca de trescientos millones cada año.
'ANTIEUROPEOS'
Sin embargo, a Bruselas estos beneficios fiscales le parecen "antieuropeos" y, recientemente, ha dado un toque de atención al Gobierno español para que reduzca estas deducciones, por lo que, a partir del 1 de enero del próximo año, entrará en vigor una nueva reforma del Impuesto de Sociedades -está previsto que el proyecto sea aprobado definitivamente a finales de este mes-. La poda de ayudas fiscales que acometerá Hacienda ha provocado que el Gobierno busque vías alternativas para seguir impulsando la I+D+i, clave para la competitividad de los productos españoles en el futuro. Así, gran parte de las subvenciones públicas se emitirán a través de políticas ligadas a programas como, principalmente, Ingenio 2010.
La reforma fiscal reducirá progresivamente el marco de deducciones hasta 2012, año en que se prevé que debería desaparecer. No obstante, el pasado junio, se introdujo una disposición transitoria por la cual, en 2011, los Ministerios de Economía y Hacienda y de Industria realizarán un informe acerca de la eficacia de los nuevos sistemas, lo que abre la puerta a que se mantenga el beneficio fiscal más allá de 2012.
Las compañías, por su parte, deben realizar sus inversiones en I+D lo antes posible, con el fin de recibir las mayores deducciones posibles. Por otro lado, "cada vez son más comunes los consorcios entre empresas con proyectos en común", con el objetivo de cumplir los requisitos para entrar en algunos de los programas, como Cenit, así como para hacer frente al gasto de forma compartida, afirma Tarruella.
Autor: Elena Arrieta
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