Con Otro Aire
C como Creatividad: ¡Hay
gente "pa´ tóo"!
Patricio Morcillo Ortega
Recuerdo el día en el que me tocó disertar en torno al concepto de
"creatividad en los negocios". Empecé, como recomienda el manual del perfecto
investigador, por efectuar el sacrosanto "estado del arte". Las obras y
contribuciones de De Bono, Buzan, Majaro, Kanter, Von Oech, Weisberg..., así como los
descubrimientos de Roger Sperry acerca de cómo funciona el cerebro me fueron de gran
ayuda pero, al final, opté por recurrir a un análisis mucho más trivial y fui
identificando los rasgos y características de algunos destacados emprendedores cuyas
dotes de creatividad habían sido ampliamente elogiadas por unos y otros observadores. De
esta manera, pensaba dar con el perfil ideal del directivo creativo. En un primer intento,
procuré descubrir lo que tenían de común y de tan especial los Bill Gates, Akio Morita
o el mismísimo Ramón Areces, pero en seguida me asaltaron la memoria los Belmonte,
"Lagartijo", "El Gallo", "Frascuelo",
"Machaquito", "Guerrita", Mazzantini, "Manolete",
"Joselito", "Cagancho", "Bombita" que
tanto aportaron a la fiesta y se distinguieron por su original manera de hacer las cosas.
Suscitada mi fuente de inspiración preferida, llegué a la conclusión de que ser
creativo consistía en ver lo que todo el mundo ve, leer lo que todo el mundo lee, oír lo
que todo el mundo oye y realizar lo que nadie ha imaginado, todavía.
Dicho esto, la empresa, a pesar de todo lo que se diga, no suele apostar
mucho por la creatividad porque las ideas nuevas implican cambio, con todo lo que ello
supone en términos de reestructuración, inversión, riesgo y reorientación
estratégica. Tanto es así, que, llevada a su máxima expresión, la escasa
predisposición al cambio mostrada por los directivos y empresarios, contrae el
"campo de los posibles" que tienen ante sí las organizaciones, empeñadas en
convivir con sus viejas reglas. La aversión por la creatividad llega a ser tan fuerte que
algunos dirigentes ni siquiera conciben que puedan existir otras opciones que no sean las
que ellos han elegido de acuerdo a sus paradigmas.
La creatividad, que permite convertir, de manera original, una idea en
innovación, no se improvisa ni se decreta, sino que es fruto de un proceso de desarrollo
reflexivo lógico y estructurado. En este sentido, la creatividad depende de las actitudes
directivas frente a las ideas, sabiendo que la mente de los decisores sólo verá aquello
para lo que está preparada. En relación a los procesos de desarrollo, el matemático
Poincaré hablaba de los procesos inconscientes en la actividad creadora del pensamiento.
Aunque uno no trabaje conscientemente en un problema, sí lo está haciendo
inconscientemente. Para Poincaré, cuando una persona se encuentra atascada en la
resolución de un problema, ésta se debe ir a hacer otra cosa y seguro que le sobreviene
la solución sin que haya trabajado conscientemente en él. Poincaré indica que la
súbita aparición de la solución, o la súbita "iluminación", es signo
manifiesto de un largo trabajo previo, inconsciente. En este mismo sentido, Weisberg
señala que Mozart explicaba que la música le llegaba a la conciencia sin hacer, por su
parte, ningún trabajo especial. La creación de una melodía quedaba hecha antes de que
Mozart llegara a tener conciencia de nada. Hoy, ya se sabe, que las melodías completas
fueron elaboradas y trabajadas por la mente inconsciente de Mozart.
Rafael "El Gallo" respondía a ese estereotipo de
profesional que, fuera de su expresión y manifestación artística, mostraba una escasa,
por no decir nula, capacidad de imaginación y se cerraba en banda ante cualquier nueva
propuesta. Inmerso en su mundo, era incapaz de abstraerse de todo lo que sonaba a
Tauromaquia. Para poder comprobarlo, contamos dos anécdotas que le ocurrieron en
presencia de José María de Cossío.
"El Gallo", gran aficionado a las tertulias, conoció en
una de ellas a José Ortega y Gasset y este es el relato que tenemos del encuentro:
-Oye, José María ¿quién es este señor?
-Es don José Ortega y Gasset, Rafael.
-Eso ya lo sé, pero ¿qué es lo que hace?
-Es filósofo. Es el filósofo más grande de España.
-Sí, ¿pero de qué vive?
- De pensar
Y "El Gallo" contestó con una de sus frases
sentenciadoras que ha hecho historia:
- ¡Qué barbaridá! ¡Hay gente "pa´ tóo"!
Y es que no podía pasar por la imaginación de "El Gallo"
que existiesen personas con una actividad profesional tan sui géneris como ésta. Para
él sólo había toreros, picadores, banderilleros, monosabios, empresarios, apoderados,
areneros, honderos... Algunos sospechamos que no sólo de toros puede vivir el hombre y
que, tal vez, son muchos los mundos no taurinos, pero que de existir, no parece que
interesen a "El Gallo".
En otra ocasión, "El Gallo" le preguntó a José María
de Cossío:
-¿A ti te importaría venir conmigo al museo del Prado?
-Naturalmente que no, pero, ¿se puede saber cuándo se ha despertado en
ti ese interés por la pintura?
-No, no es eso, verás: un amigo me ha ofresío un cuadro que
dise que e de Murillo y que le venden mu barato. Ya lo ha visto er
Mojino, que e mu entendío. Después de mirarlo mucho, se mojó un deo
con la lengua, lo restregó en una esquina del cuadro y me dijo: "Puedes comprarlo
con toa confiansa; e Murillo to él". Pero para estar
más tranquilo, quiero ir ar museo pa compará.
Fueron al museo y pudieron hacer las oportunas comparaciones. Con el fin
de aprovechar la visita, José María Cossío enseñó a "El Gallo" otras
salas. Al llegar frente al "Retrato de un Cardenal desconocido", "El
Gallo" exclamó:
-¡A ese señó lo conozco yo!
-Pues no sabes la alegría que se van a llevar los expertos e
investigadores cuando se lo digas porque no tienen ni idea de quién puede tratarse.
-Pues así, de pronto, no caigo, pero no te preocupe, que ya me
acordaré. Oye, ¿Quién lo ha pintao?
-Rafael -replicó José María de Cossío.
"El Gallo" se quedó perplejo. Tuvo que pensar que en la
pintura, como en los toros, los Rafaeles proliferaban y preguntó tan seguro de sí mismo:
-¿Qué Rafaé?
© P. Morcillo. Moransal Asociados
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