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08/11/2011  
Nuestros problemas educativos: el papel de la universidad

Uno de los problemas más serios de nuestro sistema educativo en su falta de excelencia, reflejada de manera especialmente dura en los resultados del examen de PISA.

Antonio Cabrales
Universidad Carlos III de Madrid


La OCDE ofrece los porcentajes para cada país de sus alumnos en 6 bloques de notas. Aunque España no queda demasiado mal en la media, con resultados parecidos a los de países de nuestro entorno, en el bloque de puntuación más alta (los sobresalientes por llamarlos de alguna manera) tenemos entre la mitad y la tercera parte de chicos per cápita que cualquiera de aquellos países (España 3,4%, el promedio 7,6%, Alemania 7,6%, Reino Unido 8%, Francia 9,6%).

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Yo creo que una parte importante de esa falta de excelencia en primaria y secundaria es consecuencia directa de la falta de excelencia universitaria. Y no (o no solamente) por la razón más evidente de que una universidad mediocre forma profesores con enormes carencias. Para mi gusto el problema fundamental es que una universidad sin excelencia no da incentivos a los chicos a esforzarse en primaria y secundaria, y no genera señales útiles a sus futuros empleadores.

Para entender los resultados de PISA conviene mirar a los países orientales, donde la excelencia es tan abrumadora que merece ser estudiada con cuidado. Vamos a analizar una razón institucional para esta diferencia. Tanto en Japón como en Corea o China los exámenes de entrada a la universidad son intensamente competitivos. Una buena descripción del sistema se puede encontrar en un artículo de los profesores Sakamoto y Powers en el American Sociological Review. Algunas citas del artículo son reveladoras. “La intensidad de la competencia se captura en la frase popular ‘con cuatro se aprueba, con cinco se suspende’, con la que se avisa a los estudiantes de que el que duerme cuatro horas aprueba los exámenes, pero el que duerme cinco suspende” (y esto no quiere decir dormir cuatro horas el día antes del examen, sino varios años). Otra cita, más interesante para mi argumento, dice que los implacables exámenes “arrojan su sombra con mucha anticipación sometiendo al estudiante a severas presiones durante toda su escolarización”.

El problema fundamental es que una universidad sin excelencia no da incentivos a los chicos a esforzarse en primaria y secundaria, y no genera señales útiles a sus futuros empleadores

Es decir, que los alumnos chinos, coreanos o japoneses trabajan muy intensamente durante toda su vida escolar porque una buen equipaje educativo es prioritario para entrar en las mejores universidades y esto es a su vez crucial para obtener una buena colocación. La clasificación de universidades es por tanto bien conocida y crucial para la colocación de los estudiantes. Como dice el profesor Rebick en un artículo de Oxford Economic Papers “hay un ranking explícito de universidades por la dificultad de sus exámenes de entrada y un ranking de empresas de acuerdo con su tamaño y oportunidades futuras. La información sobre el ranking por los dos lados está ampliamente disponible en un buen número de publicaciones anuales”. Rebick también nos dice que “un gran número de estudios han demostrado que en Japón la calidad de la universidad a la que se asiste es el factor más importante para determinar el empleo del futuro graduado”. Por ejemplo, Sakamoto y Powers nos dicen que un estudiante japonés con un ranking educativo medio tiene una probabilidad de trabajar en lo que ellos llaman el sector primario (los trabajos buenos, para entendernos) del 17,6 por ciento. Alguien con un ranking una desviación estándar mayor que la media tiene una probabilidad del 41,3 por ciento; y con dos desviaciones estándar por encima de la media la probabilidad se va al 68,4 por ciento.

Miguel Palacios
UAM. Miguel Palacios
Foto mi+d

En otras palabras, los países orientales han cerrado un círculo virtuoso. Las universidades buenas reciben a los mejores estudiantes y éstos a su vez van a las empresas líderes. Esto genera por su parte poderosos incentivos para que los chicos estudien de manera intensa y lleguen a la universidad muy bien formados. El sistema educativo de estos países tampoco es particularmente caro. Según la OCDE el gasto por estudiante en primaria y secundaria en Japón es de 8012 dólares, y en Corea de 6663. En España es de 7671 dólares. Aproximadamente en línea con nuestras diferencias de PIB.

Otro artículo que corrobora la estrecha ligazón entre excelencia universitaria y la reacción a la misma del mercado de trabajo es de Fabrizio Colonna, quien comienza observando que el diferencial de salarios entre graduados universitarios y personas que no han estudiado en la universidad es de un 27% en Italia y de un 60% en Estados Unidos (el diferencial en España cae más o menos entre los dos, ver los artículos de Pijoan-Mas o de Felgueroso, Hidalgo y Jiménez). Lo que Colonna encuentra es que los estudios per se pueden dar cuenta de un diferencial de salarios de un 20 por ciento entre titulados y no titulados. Esto no cambia mucho entre los dos países. El resto de la diferencia se explica en buena medida porque las universidades americanas dan una señal mucho más precisa a los empleadores que las italianas sobre la productividad de los egresados.

Las implicaciones de política de estos resultados son claras. La reforma de la universidad requiere primar la excelencia de manera inequívoca y decidida. En parte por las razones habituales, la universidad es fuente de I+D que a su vez contribuye de manera decisiva al crecimiento económico. Y la investigación de punta la hacen de manera desproporcionada los investigadores de punta. Lo único equitativo (además de eficiente) para la sociedad en su conjunto es ser extremadamente desigualitario en el reparto de recompensas a la investigación y a la ciencia. Y esto además redundará en beneficio de la educación primaria y secundaria. Este debe ser el programa de gobierno para las universidades a las que les importen todos sus ciudadanos, y no los beneficios corporativos de los más mediocres de sus empleados.

1er Seminario sobre Educación y Políticas Educativas en España. 15, 16 y 17 de noviembre de 2011.



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9 comentarios



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   Nelson | 14/11/2011
 
Perdón, pero yo pienso lo contrario que Antonio Cabrales.
Dice el Profesor Cabrales: 'Yo creo que una parte importante de esa falta de excelencia en primaria y secundaria es consecuencia directa de la falta de excelencia universitaria. Y no (o no solamente) por la razón más evidente de que una universidad mediocre forma profesores con enormes carencias. Para mi gusto el problema fundamental es que una universidad sin excelencia no da incentivos a los chicos a esforzarse en primaria y secundaria, y no genera señales útiles a sus futuros empleadores.'
El argumento de Cabrales tiene dos vertientes. La primera: la universidad mediocre ha formado profesores (de primaria y secundaria) con enormes carencias. Esto es un ataque directo a las universidades que se dedican a la educación de profesores de primaria y secundaria, por ejemplo la Complutense, la de Murcia, Alicante,...
La universidad donde Cabrales da clases, la mía y otras más, quedamos exentas de esta culpa porque no nos dedicamos a la educación de profesores de primaria, ni secundaria. Se podría decir, allá ellas, pero no.
El Profesor Cabrales sólo supone una mitad del asunto: la universidad forma mal a los profesores de primaria y secundaria. Pero entonces aparece otro supuesto: los profesores de la universidad están mal formados por los profesores de la primaria y la secundaria. Y entonces tenemos el dilema del huevo y la gallina: ¿Quién empezó primero la mediocridad? Personalmente, no suscribo ninguna culpabilidad, ni de unos, ni de otros. Los problemas educativos trascienden el ámbito educacional, no tienen solución desde dentro.
Resalta que el Profesor Cabrales use el agresivo calificador 'mediocre' para la universidad y use la frase más suave 'enormes carencias' para referirse a los profesores de primaria y secundaria. Parece un ataque a fondo sólo contra su institución, pero de la que no siente parte, al menos respecto a la mediocridad, porque se refiere a la universidad en tercera persona. En fin, que la universidad es mediocre, pero hay algunos que no lo son y ellos ¡nos guiarán a la excelencia!
El Profesor Cabrales se debe sentir muy lejos de la mediocridad que atribuye a su institución porque roza la petulancia cuando escribe:
'Hoy [13 de noviembre] he publicado una columna en el diario El Mundo, en la sección Mercados de su edición impresa. sobre la necesaria reforma de la universidad, que no parece estar suficientemente explícita en las propuestas electorales de los principales partidos.' http://www.fedeablogs.net/economia/?p=15897
Dicho en otras palabras: A ver si se enteran, ¡que he publicado en uno de los principales periódicos nacionales mi propuesta de reforma universitaria con la que salvaré al país!
Y no es exageración, porque el título del citado escrito es: 'Cambiar la universidad para cambiar el país'. Como si la universidad fuese el ombligo; la solución a todo.
Esta visión umbilical de la universidad es recurrente, ya apareció en el segundo argumento del Profesor Cabrales sobre las culpas universitarias en los problemas educativos:
'Para mi gusto el problema fundamental es que una universidad sin excelencia no da incentivos a los chicos a esforzarse en primaria y secundaria, y no genera señales útiles a sus futuros empleadores.'
Según Cabrales, justamente la Universidad está en el centro del problema (¡es el problema!): no es incentivo para los estudiantes de primaria y secundaria, ni es incentivo para contratar a sus egresados. Entonces, está claro: si se arregla la universidad, tirará de los estudiantes de primaria y secundaria, y tirará de las empresas para que contraten a sus excelentes egresados (muchos a poner ladrillos y vender en los chiringuitos, mientras la economía dependa casi toda del ladrillo y, del Sol y playa).
En fin. Señor Cabrales, claro que hay problemas en la universidad, en la educación y en todas partes como es visible en casi todo el mundo. Pero los problemas son complejos, globales. Atacar a una parte ínfima del sistema (la universidad) y afirmar que su cambio cambiará al país, es simplista, tanto que podría tener hasta matices de provecho personal: búsqueda de renombre, prestigio, liderazgo,...aunque estoy seguro que no es el caso.
La Universidad no está exenta de culpas, ni el resto de partes íntimamente imbricadas del sistema donde estamos ligados. Y al contrario de su afirmación yo diría: cambiemos el país y cambiará la universidad.
Aunque, hablar de Universidad como algo compacto y homogéneo me produce escalofríos totalitarios, donde el poderoso Estado y benefactor de su pueblo crea la Universidad a su imagen y semejanza.
Ah, tampoco quiero que mis hijos tengan la férrea disciplina oriental que les induce al 'hara kiri' cuando pierden el honor. No obstante, algunas de sus ideas y propuestas son interesantes como lo demuestran los comentarios.
Para finalizar, le pido disculpas si le ha molestado lo que he dicho. Le ruego que entienda que es una reacción a lo molesto que me sentí cuando leí sus escritos. Primero, porque yo soy parte de esa universidad que ha calificado de mediocre y me siento orgulloso de ser profesor a pesar de sus grandes problemas. Estoy harto de los flagelos que denigran la universidad y desmoralizan a sus alumnos. Segundo, como profesor universitario desde hace más de treinta años, tampoco siento que la universidad sea el pivote para mover al mundo; su papel es más humilde.


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   Javier | 11/11/2011   Madrid, Madrid
 
Discrepo con las conclusiones de este artículo. Por un lado veo que está plagado de opinión, no de conlcusiones científicas derivadas del estudio de los datos. ¿Por qué se concluye que la excelencia de la Universidad dicta el nivel de la enseñanza primaria y secundaria? Por los argumentos, a lo más que podríamos llegar es a concluir que poner exámenes de ingreso muy difíciles favorece el nivel de los alumnos de primaria ys ecudnaria. pero de ahí no se puede concluir nada de la excelencia de la Universidad. Por otro lado, ¿qué es excelencia? ¿cómo se define? Hay un círculo vicioso en la interpretación de los datos. Me explico, exigir un nivel muy alto para entrar en una universidad está haciendo una selección de los mejores estudiantes. Estos pueden, a su vez, subir el nivel de la universidad porque, finalmente, ´tendrán un mejor desarrollo profesional (en promedio) en práctiacmente lo que hagan. Posiblemente porque sus 'cabezas' están mejor formadas desde el principio.
Hay muchos elementos en la valoración del rendimiento escolar que no se están considerando. Yo creo (y esto es solamente una opinión!!!) que el papel del profesor es esencial en la formación de los estudiantes d eprimaria y secundaria. Y creo que mientras en primaria, los profesores son mayoritariamente vocacionales, en secundaria me temo que son frustardos que optan por dar clases en un instituto porque no han encontrado nada mejor o más próximo a lo que han estudiado y se han formado en la Universidad. Evidentemente, esto es una generalización brutal. Seguro existen profesores de secundaria muy vocacionales, y quizás esos son los que logran que sus alumnos estén bien formados.
Por otra parte (esto sería muy largo de debatir), las pruebas de comprensión lectora pueden tener muchos sesgos según el país y el idioma. Es bien conocido que el español es un idioma muy rico y, en muchas ocasiones, ambiguo. Muy apropiado para florituras literarias que, los que nos gustan leer, disfrutamos mucho. Sin embargo, a la hora de transmitir un mensaje es mucho menos eficiente que otros idiomas (como el inglés). Además, ´no necesariamente quién escribe el texto del que se debe derivar la capacidad de comprensión lectora, lo hace con ese fin, que se le entienda rápidamente. En el caso del informe PISA 2009, donde se valora la capacidad lectora, el fragmento que deben leer para valorar la comprensión lectora, pertenece a Cien años de soledad. No es un texto que 'va al grano', su lenguaje no es el adecuado para transmitir el mensaje, sino para regodearse en la literatura. Esto no ocurre con los fragmentos elegidos en otros países (al menos en los textos en inglés que son los que yo puedo valorar). Tal vez por eso ningún país de habla hispana está por delante de España. Los países asíaticos tienen un sistema de escritura mucho más compacto y directo. Comparar entre países es, por lo tanto, muy complicado y hacerlo como se suele hacer es irrelevante. Bien para los periódicos y utilizar como arma arrojadiza entre políticos y escépticos de todo y retrogrados.
Un saludo
Javier
PS: escavar y excavar, ambas palabras están en el diccionario.
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   Evaristo | 11/11/2011   Granada, España
 
El comentario de A J Vázquez al excelente artículo de A Cabrales me ha dejado estupefacto, es como si no se lo hubiera leído. Lo que el trabajo dice es que las diferencias abrumadoras en los resultados entre Oriente y Occidente tienen que ver con la cultura del esfuerzo (casi obsesiva) que allí se practica y aquí se ignora. La consecuencia es la mediocridad de nuestros resultados tanto en la enseñanza media como en la universitaria. Qué tiene esto que ver con que se pague poco a los egresados o haya mucho paro, como no sea que licenciados mal preparados y con poco hábito de trabajo son pagados en proporción a ello, lo cual no deja de tener sentido. A no ser claro  que la conclusión tenga ser una vez más que los mercados, esa especie de conjura judeo-masónica internacional, tienen la culpa de todo, y nosotros mal preparados y poco competitivos, pero eso sí con mucha educación para la ciudadanía, no tenemos la culpa de nada.
Y para terminar: excavar es con x. Esos lapsus en el informe PISA bajan la nota :)
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   pedro luis rodriguez forero | 09/11/2011   tunja, colombia
 
QUE NO DECIR DE LAS DISTANCIAS LUZ ENTRE LA EDUCACION ORIENTAL Y DE LOS PAISES DESARROLLADOS FRENTE A LA EDUCACION DE MALA COBERTURA Y DEFICIENTE CALIDAD EN LOS PAISES DEL TERCER MUNDO Y HABLAMOS DE CYT PERO NO TENEMOS INVESTIGACION DE IMPACTO REGIONAL
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   teclaiguix | 08/11/2011   Barcelona, España
 
1-El exceso de exigencia desde pequeños no está bien visto.
2-Segregar por universidades, según resultados, tampoco.
En cambio, luego la vida 'real'se los come con patatas fritas. Y eso no está ni mal visto ni bien: se mira con indiferencia. Menos por quienes no aprendieron desde pequeños que todo necesita esfuerzo. A veces, mucho.
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   Alfonso J. Vázquez | 08/11/2011   Madrid, España
 
¿Qué estímulo pude tener un egresado de la unviersidad si sus oportunidades - ¡si tiene fortuna de encontrar trabajo! - de obtener un salario no pasan de los 1.000 €/mes, inferior al de cualquier persona con una buena formación profesional?
Los únicos estimulados por el mercado son los MBA. Muchos acaban especializándose en 'especulación sobre futuros', 'especulación sobre pasados y 'especulación sobre presentes' y, además, ¡a nivel global!
Pero todos sabemos que especular es la palabra políticamente correcta que se utiliza en lugar de decir 'robar' del mismo modo que cuando se habla de'ingeniería finaciera' lo que se quiere decir es 'estafa como la copa de un pino'.
El mercado - ése que dejamos, con servilidad inexplicable, que nos controle a todos - es el que establece los valores sociales: 'especula, que algo queda' es su divisa.
Y todavía parece que uno de los objetivos del previsible nuevo gobierno es el de eliminar de la educación de los adolescentes la asignatura de 'Educación para la ciudadanía'.
¡Bien!.
Como en un famoso chiste: 'hemos tocado suelo; ahora ¡a escavar!'

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   miguel | 08/11/2011
 
Me parece un error fijarnos antes en los orientales (China, Japón y Corea) que en los occidentales (Alemania o Estados Unidos, por ejemplo) para reformar nuestro sistema educativo. Creo que las diferencias sociales no permitirían acercarnos apenas a su manera de proceder.
¿Queremos importar también de Japón su modelo social estratificado y clasista o el estrés de los adolescentes para estudiar y entrar en la universidad que les permita conseguir un trabajo para ser bien mirados socialmente? Además, ¿dónde queda la 'cultura de la innovación', si el futuro de los estudiantes es ser aceptados en una buena universidad con el objetivo de entrar en una gran empresa?
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   MiguelB | 08/11/2011   Madrid, España
 
Si estos son los términos de cualquier discurso en torno a la universidad, o a la enseñanza en general, y cada vez me cabe menos duda de que lo son y lo van a ser en el futuro, doy gracias a quien deba darlas por ser 'casi'-viejo.
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   Joe | 08/11/2011   Valladolid, España
 
Enhorabuena por en análisis, estoy prácticamente de acuerdo en todo. Sólo unas pequeñas reflexiones.
-Aquí no tenemos universidades tipo Oxford o Cambridge en UK o las de la Ivy League en USA, etc. que sean percibidas por el mercado como excelentes y hacer eso es muy complicado por varias razones. Primero, porque el profesorado de excelencia ha de seleccionarse, lo cual exige salarios desiguales, si no, es imposible. Alguien excelente en la universidad de Jaén seguirá allí cobrando lo mismo y con más posibilidades de promoción profesional en la universidad española, que si se mueve a un lugar donde promover la excelencia donde la competencia va a ser mayor y la recompensa la misma. El incentivo tiene que superar esa barrera. Segundo, la excelencia ha de ser reconocida por el mercado de trabajo y no por lo académicos, y no es lo mismo.
En el texto se extrae la idea de excelencia en términos de investigación, y aunque es discutible, yo creo que sólo está correlada parcialmente con la excelencia en la docencia. Los rankings de los MBAs son mejores indicadores de la aceptación por parte del mercado (basados en el sueldo medio de sus egresados) que el número de publicaciones científicas de los profesores. Además, con el sistema actual universitario, ¿a qué investigador de élite le vas a convencer y motivar para que imparta 24 créditos, gran parte en asignaturas básicas, que es donde hay alumnos, alejadas de su investigación y en las que un profesor no tan excelente que le dedique tiempo es capaz de impartirlas tan bien o mejor?
La línea que propone el Prof. Cabrales yo creo que es la adecuada, pero muchas cosas tienen que cambiar para llegar ahí.
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