La exigente y cada vez más rápidamente cambiante demanda por parte de los consumidores obliga a las empresas a trabajar a un ritmo vertiginoso en la innovación en productos, procesos, etc. En este marco, la anticipación frente a los competidores cobra una importancia vital de cara a la supervivencia y rentabilidad de las empresas. La información y el conocimiento juegan, por lo tanto, un papel fundamental para la toma de decisiones estratégicas en las organizaciones.
La vigilancia consiste en realizar de forma sistemática la captura, el análisis, la difusión y la explotación de las informaciones técnicas útiles para la supervivencia y el crecimiento de la empresa. En la actualidad el término vigilancia ha evolucionado hacia el de inteligencia, si bien poseen matices diferentes. El concepto de vigilancia tecnológica hace referencia a la actividad pasiva de "vigilar". La inteligencia, sin embargo, hace referencia la voluntad de trabajar en un área determinada, de buscar la solución a un problema concreto, etc., es decir, tiene un carácter más activo.
Además, el concepto de inteligencia engloba resultados, no sólo de la vigilancia tecnológica, sino también de la financiera, comercial, etcétera. Es decir, que tiene un alcance más amplio que ésta. La toma de decisiones estratégicas implica, por lo tanto, la evolución del concepto de vigilancia hacia la que se denomina inteligencia competitiva, y que implica conocer y dominar la información necesaria para tomar la mejor decisión en una empresa.
El concepto de lo que hoy en día se conoce como inteligencia surge en los años 80 en Estados Unidos y el Norte de Europa. No se trata de un concepto nuevo, las empresas siempre han leído revistas, han seguido a sus competidores, han asistido a congresos y ferias para estar al día en las diferentes tecnologías, etc. Sin embargo, el fenómeno de internet ha posibilitado el acceso a cantidades ingentes de información y el concepto ha adquirido una mayor dimensión.
De hecho, cada día aparecen siete millones de páginas web en internet. Cada año se publican dos millones de artículos en revistas técnicas y se registran un millón de temas. Así, las organizaciones se encuentran con la doble situación de que tienen la necesidad de saber lo que ya se ha hecho, para aprovecharlo, no repetirlo, no cometer los mismos fallos, etc., encontrándose a la vez con que están saturadas de información.
Se calcula que las empresas europeas pierden alrededor de 20.000 millones de dólares al año trabajando en innovaciones o inventos que ya están patentados.
El impacto de la globalización sobre el desarrollo nacional ha sido tan importante que muchos países han desarrollado programas nacionales de inteligencia competitiva, con el fin de proporcionar el entorno necesario que permita crear las condiciones para un desarrollo mejor. Es el caso de Francia, donde se han planteado tres fases de implantación: la primera, de divulgación de los conceptos de inteligencia competitiva a través de instituciones públicas y empresas; la segunda, centrada en la creación de polos de competitividad; y la tercera, basada en la utilización de la inteligencia competitiva para establecer vínculos entre las PYMES francesas con empresas extranjeras.
En general, son muchas las acciones emprendidas por los distintos países, en algunos casos siguiendo el modelo americano, que centra su atención en el desarrollo de las empresas y mercados y conocimiento de los competidores, y en otros adoptando acciones a medida de las necesidades. Los países en desarrollo, por ejemplo, utilizan una combinación de inteligencia competitiva y vigilancia tecnológica para garantizar el desarrollo regional, y en algunos casos se adopta una política de clusters para crear productos de mayor valor añadido utilizando sus recursos naturales.
La vigilancia tecnológica va cobrando poco a poco importancia en nuestro país. En algunas organizaciones se crean unidades de vigilancia. Han surgido organismos que certifican las buenas prácticas y está en elaboración una guía práctica de aplicación de la normativa existente. Han aparecido empresas que se dedican al desarrollo de herramientas de software destinadas a facilitar la vigilancia tecnológica en las organizaciones, etc.
Sin embargo, si bien la utilización de la inteligencia competitiva como un elemento estratégico para competir en un mundo globalizado es una práctica cada vez más extendida en el entorno empresarial, no lo es tanto en las instituciones públicas en general, y en las universidades y organizamos públicos de investigación en particular. La implantación de este tipo de prácticas representaría un gran valor añadido para empresas, colectivos empresariales y la sociedad en general que, de esta forma, tendría acceso a una información y a un conocimiento útil para estimular su potencial innovador.
Así pues, y de cara a lograr una mayor presencia y competitividad en el contexto internacional, deben definirse políticas de apoyo a la investigación e innovación que tengan en cuenta el entorno cambiante, y que asuman la generación y puesta en valor de nuevas ideas tanto por parte del sector público como privado, que permitan acabar con el aislamiento institucional. |