Ciencia y tecnología: el huevo y la gallina
El astrónomo que casi solo causó en 2006 la expulsión de Plutón de la categoría de los planetas del Sistema Solar se llama Michael Brown, es estadounidense y, quizás por eso, cuando da una charla no le importa titularla: "Cómo expulsé a Plutón y por qué se lo merecía". Tampoco le importa reconocer que el descubrimiento de Eris, el objeto transneptuniano mayor que Plutón que hizo insostenible el mantenimiento de éste como planeta, se debe a la tecnología. Sin las cámaras digitales, cuyos pioneros, por cierto, han merecido este año el premio Nobel de Física, y sin los avances en computación, no se habría podido discernir que un lejanísimo cuerpo celeste, cuya órbita lo aleja muchísimo de la de la Tierra, existe y es un poquito más masivo que Plutón. Esa tecnología obviamente no existía en 1930 cuando fue descubierto Plutón (mediante la búsqueda trabajosa en placas fotográficas de puntitos que cambiaban de lugar), cuyo tamaño ni siquiera se conocía cuando se le clasificó sin más como planeta. Tampoco había, por supuesto, telescopios adecuados hace 290 años, cuando Eris tuvo su última máxima aproximación a la Tierra (su período es de 580 años) y brillaba entonces en el cielo más que Plutón.
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AUTOR |
Malen Ruiz de Elvira
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Dice Michael Brown, que visitó España por primera vez hace poco para participar en un congreso de la Fundación Areces al que asistió escaso público, que cómo Plutón parecía tener un tamaño muy reducido se avanzaron en aquellos años 30 hipótesis aventuradas e incluso absurdas para justificar incluirlo en la categoría de planetas. Luego ya se comprobó que es muy pequeño, la mitad que la Luna, pero no se pudo descubrir ningún cuerpo parecido hasta hace sólo cinco años, gracias precisamente a los avances tecnológicos y porque algunos astrónomos, como Brown, seguían buscando sin descanso objetos celestes más allá de la órbita de Neptuno.
Cuando los datos de Eris, entonces todavía sin nombre, ya no dejaron lugar a dudas, poco antes de la Asamblea General de la Unión Astronómica Internacional en 2006, los astrónomos no tuvieron más remedio que votar en aquella asamblea si seguían manteniendo a Plutón entre los planetas -lo cual implicaba que más tarde o más temprano se iban a tener que incluir muchos objetos similares- o si lo reducían a planeta enano, como así sucedió.
Brown agradece a la tecnología no sólo el descubrimiento de Eris, sino también no tener que desplazarse continuamente al telescopio de sólo 1,2 metros que utiliza para sus observaciones, situado a varios centenares de kilómetros de su despacho en Pasadena (California), donde recibe los datos todas las mañanas. "El ordenador se equivoca", reconoció, "acierta quizás una de cada 200 veces que cree encontrar un objeto en movimiento que se ajusta a los criterios que buscamos, pero descartar los hallazgos falsos apenas me lleva 20 minutos todas las mañanas".
El de Plutón y su defenestración es sólo un caso más que hace resurgir una pregunta perenne cuando se habla de la ciencia moderna. ¿Qué es antes, la ciencia o la tecnología? El último que se ha planteado esta pregunta es el economista W. Brian Arthur, en su libro "La naturaleza de la tecnología: Qué es y como evoluciona". Al contrario que otros autores, concluye que la tecnología manda en la relación simbiótica que mantiene con la ciencia.
"Es la tecnología la que produce tanto la ciencia moderna como la economía, y tendemos a pensar lo contrario, que la ciencia produce tecnología y que la economía la impulsa", ha declarado en una entrevista en The New York Times. "Pero la tecnología es más fundamental que cualquiera de las dos".
A Arthur lo que le interesa es explicar la innovación, ese concepto escurridizo que no se deja domar por muchas subvenciones que se le presenten como cebo. Las tecnologías evolucionan sobre la recombinación caótica y constante de otras tecnologías anteriores, y no por las mejoras paso a paso de las tecnologías predominantes, escribe en su libro, según el diario estadounidense, y el progreso, incluido el científico, está impulsado por aquellos que buscan soluciones para objetivos ya definidos.
Se podría decir, pienso, que la tecnología es algo tan humano como la ciencia e incluso difícil de separar de ésta, porque una se basa en la propensión humana a resolver problemas y la otra en la propensión a hallar respuestas a las preguntas que nos hacemos. Ambas coevolucionan, pero es el mercado, donde existe, el que rige la evolución de la primera e influye en el desarrollo de la segunda. Fue la gran demanda de cámaras digitales en el mercado la que hizo abaratar en muy pocos años los detectores y permitió utilizarlos en los telescopios, recordó precisamente Michael Brown. |
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