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18/04/2007  
La ciencia catalana pierde la cabeza

Nadie quiere ser director general de Investigación en Cataluña. Nadie ha dicho por qué, pero muchos empiezan a sospecharlo. Mientras, se empieza a oír ruido de pipetas en las poyatas catalanas.


AUTOR | Xavier Pujol Gebellí



Las últimas elecciones catalanas, celebradas el primero de noviembre de 2006, trajeron consigo la reedición del tripartito. Como en la legislatura precedente, el Partit dels Socialistes de Catalunya (PSC), Esquerra Republicana (ERC) e Iniciativa per Catalunya-Verds (ICV) unieron sus fuerzas para formar gobierno. Como es sabido, el socialista José Montilla, tras negociar con el republicano Josep Lluís Carod-Rovira y con el ecosocialista Joan Saura, acabó siendo nombrado President de la Generalitat. Lo que no es sabido, aunque empieza a notarse, es que la reedición del tripartito catalán está provocando el descabezamiento de la ciencia catalana.

Nadie, a estas horas, sabe decir si esta es una acción premeditada o si, por el contrario, es una estrategia buscada. Algunos, tal vez con un punto de mala fe -o de bondad, quien sabe- aseguran que en realidad se trata de una mezcla de "ignorancia supina" y "dejadez" del actual consejero de Innovación, Universidades y Empresa, el republicano Josep Huguet. O no.

Sea cual sea el motivo, lo cierto es que la actual legislatura catalana arrancó con magníficas promesas magníficamente incumplidas: Montilla declaró la intención del gobierno que preside de fomentar la investigación, potenciar la I+D y dar un trato prioritario a algo parecido a un reenfoque de la transferencia tecnológica con el fin de que la industria catalana diera un giro de calidad. La innovación, y todo lo que acompaña a este concepto, habían de alimentar una estrategia para salvar el riesgo de la deslocalización.

Pero la deslocalización, al menos en lo que se refiere a este campo, no sólo no se ha frenado sino que se ha fomentado. Vean si no: fruto de los equilibrios políticos del tripartito (quien se queda con qué) hubo que reordenar el número de consejerías del gobierno catalán. Como lo que más interesa es la ciencia, se decidió que el Departamento de Universidades, Investigación y Sociedad de la Información (DURSI) podía darse por finiquitado y, en su lugar, poner en marcha el de Innovación, Universidades y Empresa. Sus funciones, tal y como recoge el web de la Generalitat, son: "Comercio interior, artesanía, turismo. Industria, seguridad industrial, innovación e internacionalización. Universidades y fomento de la investigación". Su titularidad recayó en Esquerra Republicana. Nada del otro jueves: en la legislatura precedente la "cosa científica" había recaído en el mismo partido político.

El siguiente paso fue tratar de encontrar una figura de prestigio para encomendar la misión de llevar a buen puerto la política científica catalana. No por nada: el listón, a pesar de todos los pesares, no estaba bajo. Durante el último gobierno de CiU Andreu Mas Colell, titular del DURSI, se había iniciado una intensa política de centros, una estrategia para consolidar presupuestos y una línea para atraer cerebros al sistema, entre otras acciones. Su sucesor en el cargo, el republicano Carles Solà, aunque con una visión y enfoques distintos, consolidó las líneas esenciales, en especial las presupuestarias y las orientadas a centros. De algún modo, y pese a las diferencias políticas entre ambos gestores, se había entendido que en ciencia hay cosas que no tienen color. O mejor, que si lo tienen, es del mismo tono con independencia de quien lo ejecute.

La desaparición del DURSI ha traído consigo una nueva estructura administrativa y, con ella, una objetiva pérdida de peso de la política científica y de sus instrumentos. A todo ello hay que añadir un reguero de hechos, declaraciones y rumores que no hacen otra cosa que alimentar a la bestia de la desconfianza con respecto a los actuales gestores.

Vayamos primero a los hechos. Me dicen que algunos centros, especialmente los llamados de nuevo cuño, tienen dificultades para ingresar las partidas presupuestarias. He hecho un rápido sondeo: se me confirma el tan habitual "aún no hemos cobrado" (aunque en la hora de escribir estas líneas tal vez no sea así). Sobre las declaraciones: me cuentan que el Conseller Huguet suele decir, en círculos públicos y también en los privados, que hay que incentivar la investigación industrial y reorientar la financiación de la ciencia básica. Pero no para incrementar las dotaciones, sino para restringirlas. Prometo que voy a confirmar el dato para publicarlo en próximas entregas. Y sobre los rumores: se dice que hay excesiva presión partidista, demasiada vigilancia política, en su departamento. De algún modo, parece primar más la adscripción a unas siglas políticas que la profesionalidad.

Por lo que he podido averiguar, se trata de algo más que rumores. O si no, lean lo que recibí ayer en mi correo electrónico:

"Apreciados colegas:

A principios de diciembre de 2006 recibí la invitación de incorporarme, con inmediatez, al cargo de Director General de Investigación en el nuevo Departamento de Innovación, Universidades y Empresa. Acepté con la intención de retomar los proyectos iniciados por el tripartito y que quedaron en suspenso tras la expulsión de ERC de aquel gobierno. Por otra parte, se abría la posibilidad de impulsar el sistema catalán de ciencia y tecnología tomando como base una Agencia Nacional de Investigación que coordinase políticas de centros y de recursos humanos. Las cosas no han ido como pensé que irían... El desmantelamiento de lo que quedaba del DURSI ha sido excesivo. El nuevo presupuesto no cubre el crecimiento vegetativo de las iniciativas existentes y nos sitúa lejos de los objetivos del Plan de Investigación e Innovación. El rechazo, por parte del Departamento de Economía y Finanzas del Plan de Infraestructuras de Investigación propuesto por la Dirección General de Investigación, implica un paro de las inversiones. El acuerdo de Gobierno de 30 de octubre de 2006, que limita la creación de fundaciones, se ha convertido en un instrumento contra el modelo catalán de investigación. El freno de los contratos programa de los centros de investigación existentes, y de la creación de nuevos centros pendientes, es lamentable. El freno a una Ley de la Ciencia que ya había sido pactada y que aspiraba a ser una herramienta para crear la Agencia Nacional de Investigación, no tiene sentido. También es inquietante la promoción de un pensamiento que discrimina entre una supuesta investigación básica y una supuesta investigación aplicada... Este contexto y contradicciones puntuales (...) me llevó a presentar la dimisión, que se concretó formalmente el día 6 de marzo."

Firma la nota Francesc Xavier Hernàndez Cardona, miembro de ERC y hasta ahora director general de investigación.

Dado que su posicionamiento era conocido y que su marcha constituía un hecho anunciado, hace meses que desde la Generalitat se anda buscando a alguien que lo relevase con garantías. Nadie de los expertos reconocidos y respetados en el mundo de la política científica ha aceptado.

De entre los que han trascendido al conocimiento público están Ferran Requejo y Joan Comella. El primero como comisionado y el segundo como director general de Investigación. Ambos se han excusado en razones personales y académicas para declinar el ofrecimiento. Pero se sabe que la oferta se ha repetido a más candidatos y que las negativas han sido la tónica general. Entre pasillos se comenta que el exceso de celo político, así como un "notable desconocimiento" de las claves que deberían impulsar cualquier política científica, están en la raíz de las negativas. Como consecuencia, se ha tenido que recurrir a segundas y terceras opciones.

Las preguntas que se acumulan re resumen en una: ¿Han aceptado estos candidatos las razones que han llevado a otros a dimitir o a declinar? Y si me permiten, añado otra: ¿Alguien sabe de política científica entre los que mandan ahora en Cataluña?

Algunos sectores de la comunidad científica han mostrado ya su disconformidad con todo lo que está ocurriendo. Es más, están anunciando movilizaciones y actos de protesta, puesto que entienden que todo lo que se ha construido corre el riesgo de desvanecerse en pocos meses. La modernidad con la que se pretende impulsar la ciencia en Cataluña tendrá eso. Mientras, ruido de pipetas se oye en las poyatas catalanas, las de los centros de investigación y de las universidades. Por algo será.


   Enlaces de interés
- Weblog madri+d: Política Científica



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