Análisis madri+d

COMPARTIR
Facebook  delicious  digg  technorati  yahoo meneame
Comenarios Enviar a alguien Imprimir Imprimir en blanco y negro
22/10/2008  
Resacas

Tentado estuve hace unos meses de escribir sobre los desiguales resultados del Año de la Ciencia. Había muchas cosas que criticar, algunas de ellas debidas a la escasa planificación, la falta de ideas o de capacidad para desarrollarlas y las abundantes y claras muestras de improvisación, producto en buena parte del relevo de la cúpula que se había producido apenas unos meses antes en el Ministerio de Educación y Ciencia y en la Fecyt, justamente en el momento adecuado para la preparación del programa de iniciativas. Pero en la balanza también había aciertos notables, como la creación de unidades de cultura científica en universidades y organismos públicos de investigación (aunque su continuidad estaba escasamente amarrada y su futuro es incierto) y el indudable impacto de muchas de las iniciativas que se pusieron en marcha. Con sus luces y sus sombras, preferí no caer en la crítica fácil ni en el elogio cortesano, porque además otras voces, probablemente más autorizadas, ya hicieron y difundieron sus análisis.


AUTOR | Ignacio F. Bayo



Las críticas, en cualquier caso, no habrían sido enmiendas a la totalidad, porque aciertos y torpezas se sustentaban sobre una idea con la que comulgamos muchos (quiero creer que la mayoría de quienes se mueven en el mundo de la ciencia, los propios científicos, los gestores, los comunicadores y los ciudadanos que demandan información científica), que es la necesidad de incrementar la cultura científica de la sociedad y de estimular el aprecio popular por la ciencia. Las diferencias de criterio se pueden centrar en los medios más adecuados para conseguir este objetivo, pero el presupuesto inicial, el punto de partida, es compartido. No voy a repetir en apoyo de esta idea los argumentos que la avalan, elaborados para convencer más bien a los profanos, a los que sienten rechazo por el mundo de la ciencia, a los que viven ufanos de su nivel cultural sin avergonzarse de su incultura científica. Son argumentos que han sido aducidos miles de veces; tantas que yo pensaba que entre los que sí viven inmersos en el universo de la ciencia y su entorno el acuerdo era unánime. Me equivoqué.

La creación del Ministerio de Ciencia e Innovación parecía enlazar con la proyección pública alcanzada por el Año de la Ciencia. Si la investigación merece ser impulsada, si el presidente del Gobierno habla de la necesidad de crecer rápidamente en I+D y para ello se creó ese ministerio, si la ciencia entra ya en la agenda de los políticos en general y en los programas electorales ¿no tiene parte de culpa la existencia de una creciente demanda social de más investigación y desarrollo? Y esa demanda, ¿no es consecuencia de una mayor, aunque muy insuficiente aún, cultura científica? El que la nueva ministra viniera del sector privado y tuviera una mentalidad de gestión empresarial parecía indicio de querer hacer las cosas de otra manera en la gestión. Objetivos claros, agilidad en los procedimientos, rapidez en la toma de decisiones, libertad de movimientos en su ejecución, gestión eficaz de los medios humanos y económicos... El estilo empresarial choca de frente con el que caracteriza a la Administración y en cambio se aviene de maravilla con las necesidades de la investigación, para la cual la burocracia es una rémora, una camisa de fuerza que explica no pocos males de la ciencia española. Ahora, pasados largamente los 100 días de cortesía, y casi otros tantos más, todavía está por verse que ese cambio se materialice.

Claro está que no puede sustituirse la cultura funcionarial por otra más dinámica mediante decretos en el BOE y todos somos conscientes de que semejante propósito solo es alcanzable a largo plazo, mucho más largo del horizonte miope de una legislatura. Aun teniendo en cuenta todo ello, lo que hemos observado es que van pasando los meses y la única política visible es la que atañe a la parcelación del terreno, la disputa de lindes con los vecinos y la provocación del despitorre internacional por el papelón representado en las reuniones de la ESA. Acorde con este talante, resulta llamativa la política de comunicación del Ministerio, que puede calificarse más bien de política de anticomunicación. Esas ruedas de prensa sin preguntas y sin posibilidad de asaltar a la ministra (que sale de ellas rodeada de los miembros de su gabinete de prensa a modo de coraza protectora) a su conclusión son un auténtico atentado al derecho a la información de la sociedad y muestra de un desprecio sorprendente (y perjudicial a medio plazo para quien lo ejerce) a quienes tienen la obligación de materializar ese derecho. Ya sé que no es la única institución que hace gala de semejantes ridículas estrategias, pero eso no las justifica. No es una práctica asimilable a ese pretendido nuevo estilo que, por ahora, no acaba de asomar.

Y explica también, y enlazo con el tema de arranque de estas líneas, con la actitud frente a la divulgación científica, al fomento de la cultura científica en la sociedad. No da muestras la ministra Cristina Garmendia ni tampoco el director de la Fecyt, Juan Tomás Hernani, procedente también del mundo empresarial, de ser sensibles al tema. De éste se dice que ha expresado de viva voz que no es una cuestión importante y que la Fecyt debe centrarse más en los restantes programas de su actividad. Todo parece indicar que el Programa de Difusión de la Cultura Científica y Tecnológica va a desaparecer o a ir jibarizándose hasta alcanzar un tamaño diminuto y que en general la divulgación va a pasar a un tercer plano (nunca estuvo en el primero).

Evidentemente, la prioridad de un Ministerio de Ciencia es promover la investigación de calidad, incrementar su volumen y facilitar la tarea de científicos y tecnólogos, pero ello no es incompatible con una preocupación por la cultura científica. Es más, a largo plazo no cabe pensar en una ciencia de excelencia como un islote en medio de un océano de ignorancia y desinterés.

La divulgación no ofrece beneficios económicos, y por eso quizás choca con el estilo empresarial. Existen bienes intangibles cuya valoración no puede realizarse en moneda común, y uno de ellos es la cultura en general y la científica en especial. Y el papel que juega la función pública en su promoción y desarrollo es esencial, porque estas actividades no son económicamente relevantes ni muy rentables (lo sabemos bien quienes, como yo, tenemos una microempresa dedicada a la divulgación) y no es un polo de atracción para el sector privado.

La crisis económica, además, no juega precisamente a favor. No son tiempos para alegrías, y a la hora de apretarse el cinturón sufre más lo accesorio que lo esencial, y está claro que para los nuevos gestores la divulgación es accesoria, sin darse cuenta de que es la democratización de la ciencia. La Fecyt se integra en el Ministerio de Ciencia e Innovación y reduce su tamaño y estructura. Ya se ha prescindido de un 15 por 100 de su plantilla, y el gabinete de comunicación ha desaparecido, integrado en el gabinete de incomunicación del propio ministerio. Nada que objetar si son decisiones tomadas con vistas a ganar en eficiencia y ahorro, a adelgazar incluso, siempre que se tomen en la proporción adecuada a las que afectan al resto de competencias, pero parecen más bien dirigidas a desmantelar, a tirar el edificio cuya construcción se pretendió cimentar en el Año de la Ciencia.

Y no es el del Ministerio el único síntoma preocupante. La Feria de la Ciencia de Madrid parece también abocada a desaparecer después de casi 10 años de éxito en su afán por familiarizar a la población con la ciencia, con esos centenares de miles de visitantes que ha acumulado y la extensión entusiasta del modelo a otras muchas ciudades de toda España.

Días de mucho, vísperas de nada, dice el dicho, y en esas estamos, en el día siguiente. Tras la borrachera (metafórica, claro) del Año de la Ciencia, la resaca, nada metafórica ella.



COMPARTIR
Facebook  delicious  digg  technorati  yahoo meneame


3 comentarios



  3
   Miguel Gallardo | 26/10/2008
 
Conclusión de www.cita.es/corruptio
La Comunidad de Madrid intenta reducir el 30% de la partida destinada a pagar los sueldos de los profesores y personal de servicios de las universidades públicas. Los sindicatos anuncian campañas y movilizaciones pero pocos ofrecen alguna idea. Yo tengo una.
Hay docenas de funcionarios docentes que cobran como si tuvieran dedicación completa en la universidad, y sin embargo, son también administradores de empresas, peritos judiciales, consultores y asesores al mejor postor, encubiertos en la Universidad Pública. Yo recomendaría que empezaran los recortes por los funcionarios con empresa propia, haciéndoles perder automáticamente la parte de su sueldo que corresponde a la dedicación que no tienen, pasando a cobrar únicamente la dedicación parcial mínima, sin perjuicio de las sanciones disciplinarias a las que hubiera lugar en cada caso. Docenas de profesores de ingeniería, arquitectura e informática, especialmente en la Universidad Politécnica de Madrid, no merecen, ni mucho menos, el sueldo que se les paga. Es un buen momento para recortárselo.
Sugiero ver mi ponencia sobre 'Incompatibilidades y delitos en la
Universidad Pública' en
www.cita.es/corruptio
Un saludo cordial, y gracias por su interesante artículo.
--
Miguel A. Gallardo en www.cita.es/upm.pdf
www.miguelgallardo.es/denunciante.pdf
Tel.: 914743809 y móvil 619776475
Inicio

  2
   Una ciudadana | 23/10/2008
 
Es comprensible que un contexto de crisis, todos nos apretemos el cinturón, pero siempre que sea con lógica y sin eliminar modelos que estaban demostrando tener buenos resultados, como es el caso de las actividades de cultura científica y que pueden favorecer una actitud favorable de la sociedad hacia una economía basada en el conocimento, y no en el ladrillo. No se puede transmitir el mensaje de la importancia de la Ciencia y la Investigación para luego considerar prescindible la difusión de la ciencia. Díficilmente se podrá alcanzar una Sociedad del Conocimiento sin una ciudadanía sensible hacia los temas de ciencia y tecnología, que le afectan en su vida cotidiana y en los que debe poder participar. De ser real la falta de interés de la FECYT (brazo financiero del Ministerio para la divulgación) por los temas de cultura científica, ésta choca de lleno con las palabras manifestadas por la propia ministra Garmendia en diversos actos públicos, como fue su primera comparecencia en las Cortes Generales. En esa comparecencia, en la que desgranó las principales líneas de trabajo de su Departamento durante la legislatura, citó el fomento de la cultura científica como uno de los principales ejes de actuación. Dentro de este apartado, manifestó la importancia del Plan Integral de Comunicación y Difusión de la Ciencia (PICODI), así como de las estructuras puestas en marcha durante el Año de la Ciencia, a saber, las unidades de cultura científica, la red de agentes locales de cultura científica, la plataforma SINC y la red de museos nacionales. Todo encajaba, pues, con el Año de la Ciencia, que nació (o eso nos dijeron) con espíritu de continuidad. Cada vez son más las personas que trabajan por el fomento de la cultura científica, por hacer realidad los artículos 9.2 y 44 de la Constitución Española. No sólo se trata de España, ya que también una de las cuestiones contempladas por la Unión Europea. Es un trabajo difícil y que va calando lentamente en la sociedad.  Estamos en un punto en el que están construidos los cimientos y ahora toca crecer. Es necesario que el Gobierno (el mismo que impulsó el Año de la Ciencia), a través de su Ministerio de Ciencia e Innovación y la FECYT, se implique en este trabajo que han construido y construyen divulgadores, gestores, organismos de investigación, universidades, centros educativos, empresarios y sociedad en general. Todo el esfuerzo hecho no puede quedar, de repente, en nada.
Añadir un comentario

  1
   esther | 23/10/2008
 
Gracias por escribir lo que muchos de nosotros pensamos de este Ministerio en el que habíamos puesto tantas expectativas. ES  cierto que el momento no es el mejor, con una crisis financiera global, un pánico generalizado y un desánimno incrustado en todos los sectores.
Pero hay cosas que se están haciendo mal, y hay que tener la valentía de decirlas como ha hecho Ignacio
Inicio

Añada un comentario a esta noticia
Para el envío de comentarios, Ud. deberá rellenar todos los campos solicitados. Así mismo, le informamos que su nombre aparecerá publicado junto con su comentario, por lo que en caso que no quiera que se publique, le sugerimos introduzca un alias.
Nombre:
Normas de uso:
 Las opiniones vertidas serán responsabilidad de su autor y en ningún caso de www.madrimasd.org
 No se admitirán comentarios contrarios a las leyes españolas o buen uso.
 El administrador podrá eliminar comentarios no apropiados, intentando respetar siempre el derecho a la libertad de expresión.
 Una vez aceptado el envío, el autor recibirá en el mail facilitado, una confirmación de publicación de su comentario.
Correo electrónico:
¿Desde dónde nos escribe?:
Ciudad:
País:
Escriba su comentario a esta noticia:

Le informamos que de acuerdo a la normativa de Protección de Datos Personales, 15/99 y 8/2001, sus datos pasarán a formar parte de un fichero automatizado de acuerdo a la Política de Privacidad.



 
Para recibir nuestro boletín escriba su correo electrónico:    + inf
Suscribir

facebook
twitter
Notiweb en el móvil
rss
flickr
facebook twitter móvil rss flickr







Mediateca mi+d