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Agua desalada con viento

Osmosis inversa. Son las palabras mágicas, aquéllas que siempre aparecen cuando de desalación se trata. A groso modo, la ósmosis inversa consiste en proyectar a gran presión el agua marina a través de ciertas membranas, filtros que dejarán pasar el agua pero no la sal.


FUENTE | La Razón digit@l
26/02/04
 
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El asunto es que para lograr la presión necesaria para desalar agua de mar hace falta energía, una considerable cantidad de energía. Y ahí está el quid de la cuestión, que la electricidad cuesta dinero. Dinero y malos humos. Sobre todo si sale de una central térmica que quema carbón, petróleo u otros combustibles fósiles. Por eso, por culpa del CO2, en más de una ocasión se ha puesto en la picota a la desalación. El asunto cambia, sin embargo, cuando la cantidad de electricidad exigida empieza a ser menos (las tecnologías de desalación están mejorando a marchas forzadas su eficiencia energética) o cuando esa electricidad procede de fuentes renovables, léase por ejemplo el viento, fenómeno natural que no produce malos humos, o el propio líquido elemento (hidroelectricidad). Así encontramos a los científicos y las ingenierías, buscando soluciones eólico-económicas para desalar agua, ese líquido precioso que, paradójicamente, tan escaso resulta en primera línea de playa, donde hay muchísima agua pero demasiado salada. Hace apenas seis meses Greenpeace presentaba en sociedad su informe «Viento en popa», un documento según el cual en las aguas costeras de la península es posible instalar 25.000 megawatios (MW) eólicos (en España ya hay, tierra adentro, 6.202). Entre las conclusiones del informe, Greenpeace destacaba la posibilidad de utilizar esa energía «para la desalación». Si además tenemos en cuenta que desalar cuesta hoy la mitad de energía que hace apenas diez años, nos encontramos con que la opción eólico-desalación comienza a cobrar visos de realidad. Quizá por eso la primera desaladora eólica del mundo está a punto de llegar a Tenerife.

«Disponemos de una gran tecnología: nuestro sector nacional es uno de los más avanzados del mundo. Disponemos de un gran mercado interno, lo cual ayuda siempre a consolidar una industria y su desarrollo, y nos encontramos además en una situación privilegiada de relación con el mundo árabe, que es precisamente donde se halla el mayor mercado del mundo. O sea, que podríamos ser líderes mundiales en desalación». Antonio Esteban es portavoz de la Fundación por una nueva Cultura del Agua, ingeniero experto en desalación y hombre de verbo claro: «Lo verdaderamente importante en la desalación es la cantidad de energía, la cantidad de dinero, que cuesta el proceso. Hoy el metro cúbico de agua desalada está saliendo a 3 kilowatios la hora. Pero digo más, en tres años es probable que las grandes desaladoras puedan producir 1.000 litros de agua, un metro cúbico, con solo dos kilowatios y medio».

LA DESALACIÓN SE ABARATA

Así suena el presente y el más inmediato futuro, pero es que el pasado más reciente contextualiza aún mejor el extraordinario desarrollo que ha experimentado el sector en los últimos años. Según Ignacio Cruz, experto en Sistemas Aislados con Energía Eólica del Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas (CIEMAT), «hace apenas 6 ó 7 años el metro cúbico estaba saliendo a 5 ó 6 kilowatios». Eso, en cuanto a la desalación. Pero es que en lo que se refiere a la energía eólica estamos en las mismas. España es la tercera potencia del mundo en megawatios instalados, cuenta con varias empresas en el «top 10» del mercado internacional y tiene en marcha varios proyectos y varios programas de investigación que han asociado por fin, ya era hora, las dos incógnitas ¬el viento y el mar¬ de una ecuación que se resuelve en clave de H2O.

El más ambicioso es sin duda la Central Hidroeólica de El Hierro, un proyecto que está previsto sea redactado a finales de 2004, que supondrá una inversión de 24 millones de euros y que, grosso modo, consiste en instalar aerogeneradores que aprovecharán el viento para bombear agua a 750 metros de altura. Allí quedará almacenada y desde allí se dejará caer para producir con ese salto la energía eléctrica continua que necesita, por ejemplo, una desaladora, porque ése es el quid de la cuestión. Las desaladoras son infraestructuras que necesitan un abastecimiento constante (son máquinas con mucha inercia, que no pueden parar y volver a operar así como así) y el viento no es un factor constante en ninguna parte. Por eso durante cierto tiempo la eólica no ha podido ser contemplada sino como complemento de otras energías en la desalación. Así, según Cruz, actualmente hay líneas de investigación muy avanzadas en eólica y diésel: instalaciones que consumen electricidad producida por equipos de fuel que se desconectan para dejar paso a la energía eólica cuando hace viento y que vuelven a conectarse cuando cesa éste. Con la apuesta hidroeólica ese obstáculo puede ser salvado. En la vanguardia del nuevo esquema se halla una empresa zaragozana ¬ADES¬ que lleva más de un año estudiando la nueva vía. Su director, Manuel Lahuerta, resume la propuesta: «bombeo con una turbina eólica, almacenamiento en altura y creación de un salto de agua hasta la desaladora. En el proceso de desalación por ósmosis, entre un 30 y un 40% del líquido atraviesa la membrana y se convierte en agua potable. El resto, la salmuera, se queda con todas las sales rechazadas y se desliza tangencialmente a la membrana. Pues bien, antes de caer al mar encauzamos esa salmuera hacia unas turbinas que producen electricidad».

MOLINO CON AIRES DE HELICÓPTERO

La empresa ha patentado, además, una turbina eólica a la que ha denominado Autotimonante Barlovento y que se caracteriza porque bascula y «se dobla igual que un árbol» para evitar sobrecargas indeseadas cuando el viento es excesivo. La cabeza de rotor puede llegar a trabajar casi como la de un helicóptero, con el plano de rotor en horizontal. Así evita la sobrecarga pero no deja de producir». Uno de estos ingenios espera ser instalado próximamente en Amarilla Golf, una urbanización tinerfeña: «desalará 60.000 metros cúbicos año e irá acompañado por unos depósitos cuyas dimensiones vienen señaladas por los periodos en que, estadísticamente, se ha visto que no soplaba el viento allí (una semana). Así, para evitar desabastecimientos, instalaremos depósitos con esa capacidad y un margen añadido». El proyecto ha solicitado subvención a la UE como «instalación singular» y espera convertirse en la primera en el mundo que sólo emplee eólica para desalar.

Autor:   Antonio Barrero F.



   Enlaces de interés
 
Círculo de Innovación de Energía madri+d


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