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La Universidad española no es ajena a la investigación militar y muchos proyectos de investigación tienen lugar dentro de nuestros laboratorios. Por ejemplo, la Politécnica de Madrid es una de las universidades españolas más activas en I+D de defensa. Concretamente se llevan a cabo cientos de proyectos de investigación financiados por instituciones públicas y privadas. Ejemplo de ello son empresas como Indra, Explosivos Alaveses, CASA-EADS o Izar. Estos clientes para los que se investiga y desarrolla en los laboratorios de la Politécnica son empresas que crean explosivos detonadores y bombas (Explosivos Alaveses), fabricantes de fragatas, buques y submarinos de guerra (Astilleros Izar) o las que se dedican al desarrollo de tecnología militar como Indra.
EDUCACIÓN EN EL ÁMBITO MILITAR
Pero no sólo se investiga, también se forma con fines militares dentro de la universidad. Radares, explosivos, direcciones de tiro o balística son algunas de las asignaturas estudiadas en la nueva ingeniería de la Universidad Politécnica de Cartagena. Esta carrera forma a sus estudiantes en técnicas de logística y armamento que luego serán aplicadas en situación de guerra. El Ministerio de defensa y la empresa de astilleros Izar han colaborado en la creación de esta nueva titulación financiando y aportando recursos materiales e infraestructuras. Esta carrera, que es pionera en España, abarca según el gerente de la Universidad "el área de conocimiento para la moderna concepción de los ejércitos como sistema de sistemas". Además, según ha indicado el profesor Fernández Villareñas "las expectativas de desarrollo en los próximos años de la política europea de seguridad y defensa y el desarrollo de la industria europea de defensa, ofrece oportunidades atractivas para las que la oferta de formación técnica especializada es muy escasa".
Aparte de esto, encontramos más vinculaciones que unen la Universidad con instituciones militares. La Fundación Universidad Empresa ha creado el Círculo de Tecnologías de Defensa y la Seguridad en el que se intercambia información entre personas y entidades relacionadas con el sector de las tecnologías militares. Entre sus objetivos destacan el fomento de iniciativas que tiendan a la creación y al desarrollo de una tecnología nacional de aplicación a la defensa y la seguridad, especialmente en las áreas de electrónica, informática y comunicaciones. Entre sus socios encontramos al Ministerio de defensa, a ETSI de telecomunicaciones y Aeronáuticos así como multitud de instituciones públicas y privadas.
Por último, el Instituto Gutiérrez Mellado de Investigación sobre la Paz, la Seguridad y la Defensa (perteneciente a la UNED) aclara en su programación los objetivos del Instituto: "queremos contribuir a impulsar el desarrollo de una cultura estratégica española y a promover la conciencia colectiva de defensa. Pretendemos avanzar en la investigación multidisciplinar y a contribuir en el desarrollo del conocimiento sobre cuestiones estratégicas en tiempos de paz y guerra".
Ante esta situación parte de la comunidad científica se ha movilizado en contra de la investigación armamentística y militar dentro de las aulas de la Universidad. Es el caso de 2.000 objetores científicos que se han comprometido a no investigar con fines militares. A parte de estos objetores, también hay personas del círculo universitario como Federico Mayor Zaragoza, o catedráticos como Santiago Dexeus o Ángel Pellicer que han criticado esta vinculación firmando una lista en contra de la investigación militar. Además critican que en los presupuestos generales del Estado para el 2004, las partidas para I+D militar ascienden a 1373 millones de euros, el 31% del total. En cambio, el programa para los grupos de investigación de las universidades y el CSIC recibe un 10% del total.
LA UNIVERSIDAD RECURRE A LA INVESTIGACIÓN PRIVADA
Coincidiendo con la última dimisión de científicos en Francia, que han protestado por el recorte de los fondos en investigación, es conveniente apuntar que en España la falta de presupuesto público para I+D en la universidad también es bastante notable. Tan sólo un 2,2% de todo el presupuesto para la investigación se destina para Educación. Concretamente un 2% para investigación científica y un 0,2% en investigación y evaluación educativa. Por este motivo, en muchas ocasiones se recurre a la investigación financiada por empresas o instituciones privadas que aportan dinero en proyectos en las universidades. Lo que suele ocurrir es que estas empresas recurren a la multitud de científicos de las universidades para que estos desarrollen partes de proyectos más grandes. Por ejemplo, para el proyecto del radar Aries la empresa Indra encarga a la Universidad Politécnica un cancelador de potencia reflejada RFC, que luego se aplicará a un proyecto de mayor envergadura como es el radar Aries. Obviamente estos proyectos se financian íntegramente por el cliente y no la Universidad.
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