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Olvídese de los futuristas aparatos moleculares que detectan y destruyen las células cancerígenas y reparan las válvulas cardiovasculares defectuosas. La nanotecnología ya está aquí.
Compañías de chips informáticos, como Intel, ya venden semiconductores por un valor de decenas de miles de millones de dólares al año con los sistemas de circuitos electrónicos basados en la nanoescala. Los discos duros de los ordenadores, las señales de tráfico con luces LED, los reproductores de CD y los revestimientos de baja fricción suponen miles de millones más en ventas.
Por eso era normal que los asistentes a una reunión de la Sociedad Americana de Química, celebrada en marzo en Anaheim (California), gruñeran cuando la toxicóloga Eva Oberdörster, de la Southern Methodist University de Dallas (Texas), advirtió que los investigadores en la nanociencia podrían dañar las membranas celulares del cerebro de los peces al mezclar las nanopartículas de carbono con agua -denominadas buckyballs-.
Todos los periódicos del mundo se hicieron eco de la noticia. Los científicos y los políticos estaban preocupados de que los medios de comunicación mancharan el nombre de todo lo relacionado con la nanotecnología y de la gran mayoría de las aplicaciones, que no tienen nada que ver con las buckyballs. También de que metieran esta ciencia en el mismo saco que el de la biotecnología agraria y la energía nuclear.
PROPIEDADES CAMBIANTES
La nanotecnología aún no ha obtenido ese nivel de notoriedad. Pero la opinión pública mundial tiene a esta ciencia en una encrucijada. "La nanotecnología está creciendo", afirma Vicki Colvin, una investigadora en esta especialidad de la Rice University de Houston, Texas. El boom de la nanociencia se produjo cuando se supo que las propiedades de los materiales podían cambiar de forma radical si se reducía el tamaño de un material en pequeños grupos de átomos. El oro, por ejemplo, en masa, es inerte pero se vuelve muy reactivo a nanoescala, ya que se convierte en un catalizador potencialmente valioso. Las propiedades termales, ópticas y eléctricas de los materiales, entre otras, pueden sufrir cambios similares.
En sólo 5 años, la nanotecnología ha pasado de ser una rara especialidad de muy pocos físicos y químicos, a una empresa científica e industrial a nivel mundial. La investigación subvencionada por el gobierno se ha septuplicado en todo el mundo, pasando de menos de 500 millones de dólares (407 millones de euros) en 1997, a más de 3.500 millones (2.850 millones de euros) en 2004.
El número de marzo de Small Times, una revista estadounidense sobre la industria nanotecnológica, indica que la financiación de este campo con capital-riesgo, que era prácticamente nula en 1997, ha llegado hasta los 300 millones de dólares (245 millones de euros) en 2003, lo que supone más del 5% de la totalidad de la financiación con capital-riesgo de EEUU.
En la lista de grandes empresas que apoyan la nano-investigación se encuentran General Electric, Lucent, Philips, Matsushita, Intel, Advanced Microdevices y Merck. En abril, Merrill Lynch lanzó un índice para seguir el curso del nuevo sector en bolsa. David Rejeski, director del Foresight and Governance Project, en el Woodrow Wilson International Center for Scholars, de Washington, asegura que ya se han lanzado 130 productos nanotecnológicos en el mercado estadounidense. Según las estimaciones del Gobierno de EEUU, la economía nanotecnológica estará valorada en 100.000 millones de dólares (81.400 millones de euros) hacia 2012.
Esto ha hecho que algunos se preocupen por la posibilidad de que el sector sufra las imprevistas consecuencias que echaron por tierra la presentación de los alimentos transgénicos y otros productos revolucionarios desde el punto de vista industrial y tecnológico. No hablan de mundos futuristas en los que unas nanomáquinas dotadas de autorreproducción devoran el planeta. Sería "muy difícil, por no decir imposible, construir unos seres así", asegura Richard Smalley, nanocientífico de la Rice University, con el que la mayoría de los nanocientíficos coincide.
NANOPARTÍCULAS PELIGROSAS
Una amenaza más realista, dicen, sería que los revestimientos u otros productos desprendiesen nanopartículas y creasen un nuevo tipo de contaminación. "Sabemos muy poco sobre el impacto de los nanomateriales en la salud y el medio ambiente y prácticamente nada sobre el impacto sinérgico", declara Rejeski.
Durante los dos últimos años, alrededor de una docena de informes toxicológicos dicen que las nanopartículas suponen un riesgo para todos los seres vivos, desde las bacterias hasta los mamíferos. Aún se está investigando exactamente cómo dañan los nanomateriales a las células y lo que significaría para organismos más grandes.
"Todavía no tenemos datos suficientes. No podemos sacar conclusiones precipitadas sobre los riesgos cuando apenas ha habido una exposición a las nanopartículas creadas por ingeniería", sostiene Clayton Teague, de la Oficina Nacional de Coordinación de la Nanotecnología. La mayor parte de los analistas está de acuerdo en que es demasiado pronto para regular las nanopartículas.
ANALIZAR RIESGOS
Los investigadores, asegura Teague, están empezando casi de cero. "Existe un gran cuerpo investigador sobre la toxicidad de las partículas ultrafinas". Esto incluye unos estudios exhaustivos del hollín de carbono de las fuentes de energía, los gases y emanaciones que se desprenden de los objetos de metal, los gases de tubos de escape, los pigmentos de las pinturas y las tintas en polvo (tóner) de las fotocopiadoras.
David Goldston, responsable de la Casa de Representantes del Comité de Ciencia de EEUU, destaca que los científicos no deberían pasar por alto las preocupaciones de la gente, y Julia Moore, de la Fundación Nacional para la Ciencia, apunta que las empresas deberían dejar que los consumidores sepan qué productos contienen nanomateriales. Para Mihail Roco, responsable de la Iniciativa Nacional de la Nanotecnología, este foro debería apoyar estudios sobre el impacto medioambiental de esta disciplina. "Si no ofreces información, creerán que algo va mal", y esa mala impresión puede echar por tierra el potencial de la nanotecnología.
INDUSTRIA FLORECIENTE
El boom de la nanociencia se produjo cuando se supo que las propiedades de los materiales podían cambiar al reducir el tamaño del material.
En cinco años, la nanotecnología ha pasado de ser una especialidad de físicos y químicos a ser una empresa científica e industrial a nivel mundial.
La economía nanotecnológica estará valorada en 81.400 millones de euros en 2012.
Existe temor de que el sector pueda sufrir consecuencias imprevistas que echen por tierra productos revolucionarios industrialmente.
SEGURIDAD DE NUEVOS COMPONENTES
Actualmente, los reguladores estudian el nivel de seguridad de los nuevos componentes químicos. Pero las propiedades de los nanomateriales muchas veces se ven alteradas al modificar su tamaño, aunque su composición permanezca inalterable. Incluso la forma en la que se debe estudiar la toxicidad de las nanopartículas no es sencilla. ¿Deberían los reguladores investigar las partículas de un nanómetro, de 10 nanómetros o de 50 nanómetros?
¿Deberían investigar estas tres partículas en concreto o tener en cuenta todos los tamaños?
Las compañías que invierten mucho dinero en este campo también tienen prisa por determinar el nivel de seguridad de los nanomateriales. DuPont está financiando el trabajo en la toxicología de los nanomateriales y otras compañías respaldan la investigación en la Universidad de Rice y en otros lugares.
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