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Aunque en la ceremonia de concesión no se mencionó ni el origen ni el destino de los galardonados, a fin de resaltar el carácter abierto y paneuropeo del concurso, el análisis de la nacionalidad de los premiados muestra que España fue la ganadora absoluta, con seis. Le siguen Holanda y Alemania, con cuatro, e Italia, con dos. Otros nueve países han conseguido uno. Es una lástima que esta gran victoria en el terreno de la ciencia no haya tenido el mismo eco en la prensa y en la sociedad que las medallas conseguidas por otros jóvenes en los Juegos Olímpicos.
¿Quiere esto decir que realmente España representa un 24% (6 sobre 25) de la ciencia europea? Ojalá. Desgraciadamente, la realidad es distinta. Todos nuestros galardonados han pasado largas estancias en el extranjero y en la mayoría de los casos el premio corresponde en gran medida a la labor que han llevado a cabo fuera de nuestras fronteras. Es de sobras conocido, y estos premios así lo confirman, que nuestro sistema produce magníficos científicos que triunfan en los mejores laboratorios del mundo. El problema es la vuelta a España. Aquí sólo unos pocos encuentran el terreno abonado para mantener el nivel conseguido fuera. La mayoría acaba en un ir tirando muy por debajo de su potencial por culpa del deficiente sistema español de ciencia y tecnología.
Los premiados pueden considerarse privilegiados. Con su millón de euros podrán montar su equipo y desarrollar sus propias ideas. Han tenido suerte. Sin embargo, entre los 777 candidatos hay otros muchos jóvenes españoles que tienen un nivel similar al de los vencedores. La mayoría se quedará en el extranjero, otros, por añorarse, se reincorporarán a España en situaciones precarias. ¡Qué pena que un capital humano de tanto valor se acabe desperdiciando por falta de dinero y organización! ¡Qué potencial tan malgastado! Hacia los 35 años se alcanza el punto álgido de creatividad científica.
Son los investigadores jóvenes los que realmente pueden marcar las diferencias y contribuir a crear los nuevos conocimientos de los que depende nuestra competitividad y nuestro futuro bienestar. Démosles condiciones de trabajo adecuadas para que puedan rendir al máximo ahora que tienen ideas y capacidades para hacerlo: eso es mucho mejor y mucho más rentable para el país que rendirles homenajes y darles medallas dentro de cincuenta años por los descubrimientos que, pudiendo haber hecho en España, se habrán visto forzados a hacer en el extranjero.
Autor: Joan J. Guinovart (Presidente de la Confederación de Sociedades Científicas de España - Cosce)
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