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España se enfrenta a una nueva fuga de investigadores de primera línea internacional

La cuenta atrás para centenares de investigadores españoles ha comenzado. En los próximos meses, algunos de los científicos más respetados en todo el mundo en disciplinas que van desde la microbiología o la genética hasta las humanidades, y que regresaron a nuestro país en el año 2001 gracias al programa de contratación bautizado como «Ramón y Cajal», pueden quedarse literalmente en la calle sin que el contrastado prestigio de su carrera profesional pueda hacer nada por evitarlo.


FUENTE | ABC Periódico Electrónico
10/02/2006
 
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La pelota está ahora en el tejado del Gobierno y los centros que acogieron a estos investigadores, que, si no ponen remedio en un tiempo récord, se pueden ver abocados, por un lado, a soportar una fuga masiva de cerebros y, por otro, a un estancamiento severo de la carrera científica en España. Desde hace un mes, en silencio, pacientes pero constantes, la mayoría de los afectados protesta cada miércoles ante la sede del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) para denunciar el limbo laboral en el que se sienten inmersos.

Este problema, el de la «fuga de cerebros», aunque está a punto de vivir uno de sus momentos más delicados, no es nuevo y tampoco la intención de resolverlo. Los puestos permanentes en el mundo de la investigación son, por lo general, escasos y los países, cada uno a su manera, tratan de fomentar medidas para paliar el déficit. Uno de los planes más ambiciosos para sacar del exilio a algunas de nuestras «mentes» más preclaras lo puso en marcha el entonces Ministerio de Ciencia y Tecnología durante la segunda legislatura del Gobierno del PP. «La idea del programa era atraer y ofrecer a investigadores de cierto prestigio, también extranjeros, la oportunidad de integrarse al sistema español de investigación y desarrollo (I+D)», cuenta Mar Bastero, presidenta de la Asociación Nacional de Investigadores «Ramón y Cajal» (ANIRC).

La iniciativa fue acogida con enorme entusiasmo por la comunidad científica española, gran parte de ella en la diáspora estadounidense. El Ejecutivo ofrecía contratos estables de cinco años, costeados por el Estado, previa evaluación y aprobación de un proyecto de investigación. «La primera convocatoria fue la más numerosa y también la de mayor nivel. Los científicos iban siendo desviados, según su trabajo, a diferentes universidades y al CSIC, principalmente, aunque también, pero en menor medida, a centros especializados y hospitales», recuerda Bastero.

MÁS DE 2.400 INVESTIGADORES

Cinco años y cuatro convocatorias después, mientras la quinta oferta pública está en marcha, el programa «Ramón y Cajal» ha traído de regreso a España a más de 2.400 investigadores, que ahora viven un futuro incierto plagado de interrogantes. Lo que está ocurriendo este año es sólo la punta del iceberg, porque la fuga se va a repetir cíclicamente, a medida que, año a año, vayan finalizando los contratos. En los textos de la convocatoria nunca se aseguró que los contratos fueran prorrogables por otros cinco años, ni que los puestos pasaran a ser indefinidos. Y sin embargo, el Gobierno popular así lo sugirió. «El texto elaborado por el Ejecutivo pedía a las universidades y centros receptores que articularan las medidas necesarias para incorporarnos como científicos titulares fijos. Sin embargo, salvo honrosas excepciones, parece que, simplemente, han aprovechado que nuestros sueldos corrían a cargo del Estado y ahora nada. Apenas se han convocado plazas», insiste la presidenta de ANIRC.

Así las cosas, los cinco años del primer grupo de científicos incorporados al sistema por la vía «Ramón y Cajal» se han cumplido. Ya se sabe que 57 investigadores adscritos al CSIC se van al paro sin remisión. Hasta 33 lo harán este mismo año; el resto, aunque pertenecientes a la misma primera promoción, lo harán a principios de 2007, al haberse incorporado de facto a sus puestos de trabajo en 2002. Aquel 2001, engrosaron las listas del CSIC 219 investigadores, de los que algunos optaron por regresar al extranjero y otros concursaron y lograron una plaza. «El caso del Consejo es diferente, porque los empleos son de funcionariado», explica Bastero. Desde el CSIC se pide a estos destacados científicos que esperen a una futurible reconversión del Consejo en una Agencia Nacional, pero ellos dicen que están cansados de aguardar a lentos y costosos trámites parlamentarios que, además, no saben en qué pueden derivar.

Más difíciles de evaluar resultan los casos de los «Ramón y Cajal» adscritos a la Universidad. En 2001, más de 500 investigadores se repartieron por toda la geografía española. Alejandro Mira trabaja en la Miguel Hernández de Alicante y es secretario de ANIRC. Además de pelear por su plaza -su contrato todavía tardará otro año en expirar-, trata de recabar todos los datos sobre compañeros científicos. «Es difícil perfilar una estadística tan precisa como en el caso del CSIC. Sin embargo, nuestras encuestas dicen que más de 200 de estos investigadores no tienen un futuro claro a la vista», cuenta. La cuestión es que son las Autonomías las que deben tomar la decisión. «Algunos centros universitarios buscan fórmulas, en Cataluña o Cantabria se está haciendo un gran esfuerzo que demuestra que es posible. Otros, sin embargo, no dan señales», señala Mira. El problema se agrava en el caso de hospitales o centros especializados que, por norma general, no tienen entre sus categorías profesionales la del investigador y, ni mucho menos, están capacitados para ofertar una plaza indefinida.

PROMESAS INCUMPLIDAS

Con esta perspectiva, y sabiendo que el tiempo se echaba irremisiblemente encima, este amplio grupo de científicos se agarró, como a un clavo ardiendo, a las promesas, de momento incumplidas, de José Luis Rodríguez Zapatero. En su discurso como candidato a La Moncloa en la sede central del CSIC, guardado como oro en paño por los investigadores, el hoy presidente del Ejecutivo aseguró que «en lo referente a los «Ramón y Cajal» u otros doctores contratados en el sistema pública» se aprobaría un «Plan de choque de carácter urgente» que contemplaría «la creación de plazas estables».

El Gobierno integró las competencias de ciencia en el Ministerio de Educación y, para intentar solucionar el problema, aprobó un plan conocido como «I3». «Este programa es una iniciativa para promover la contratación de nuevo personal en universidades, el CSIC y otros centros de investigación», dice Bastero. Siempre y cuando sus proyectos hayan sido evaluados positivamente, el Estado premia a la institución que los contrate con una cantitadad de dinero equivalente a tres años de salario de estas personas. «Muchos de nosotros hemos sido evaluados positivamente, pero sigue sin haber plazas. Además, no es una solución específica para los «Ramón y Cajal», porque en realidad cualquier investigador que sea doctor desde hace más de seis años y tenga un mínimo de dos años de experiencia post doctoral puede concurrir a las «I3»», sostiene.

Y de este modo se cierra el círculo. Cientos de investigadores de elite se pueden ver ahora en el paro. La mayoría de ellos se sienten estafados, víctimas de una «falta de voluntad política». Se han reunido muchas veces con los responsables del Ministerio, pero no han hallado la fórmula mágica. «Estamos a un sólo paso de descender a tercera división en esta Liga», concluye un científico.

Autor:   Jorge Sáinz



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Investigadores en madri+d


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1 comentario



  1
   Carmen Vela | 13/02/2006
 
Creo que falta mucha información en la noticia que aportan. Lo cual no hace que no sea gravisima la situación, pero si desvirtúa la realidad. Y una realidad a medias no ayuda a soluciones este, insisto, grave problema.

Los contratos tenían unas características que no se aclaran, por ej. eran de 5 años, el anterior Gobierno no doto con Presupuestos especiales al Plan de I+D+i de acuerdo al mayor número de investigadores con capacidad de pedir proyectos, los centros receptores tenían/tienen mucha responsabilidad en el futuro de estos investigadores, y lógicamente el Plan I3 puede acoger a otros investigadores sobre la base de la cualificación científica ¿por que no?
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