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Las únicas 57 cabras que producen esta leche «cargada» de medicinas residen en una granja perteneciente al laboratorio GTC Biotherapeutics, situada a una hora en coche de Boston, en Massachusetts (Estados Unidos). A simple vista estas cabras no se distinguen en nada de sus compañeros rumiantes. Lo único que les diferencia es un fragmento extra de ADN entrelazado en su genoma. Se trata de un gen humano que codifica la acción del anticoagulante antitrombina (AT), una proteína que ayuda a prevenir la coagulación sanguínea y que normalmente se extrae del plasma.
Hace quince años, los científicos de esta compañía copiaron el gen AT y lo agregaron a un fragmento de ADN de las cabras, el impulsor de la beta caseina. Esto garantiza las instrucciones necesarias para que el gen sólo aparezca en la leche y no en alguna otra parte del organismo de las cabras. Este compuesto genético fue posteriormente inyectado en un óvulo fertilizado y cuando el esperma y el óvulo se fusionaron, el gen extra quedó incorporado en el genoma de la cabra. Luego, el embrión se implantó en la madre y seis meses después nació el rebaño fundador.
90.000 MUESTRAS DE SANGRE
Según Geofferey Cox, de GTC Biotherapeutics, «se tarda 18 meses en producir un animal que dé leche y en un solo año una cabra produce el equivalente a 90.000 muestras de sangre». En el Reino Unido, los potenciales enfermos que podrían recibir este medicamento son uno entre cada 5.000. Estos enfermos nacen sin una copia del gen antitrombina, lo que supone una infraproducción de esta proteína que les hace propensos a la formación de coágulos sanguíneos. Normalmente, estos pacientes son tratados con fármacos anticoagulantes, un tratamiento arriesgado si tienen que dar a luz o someterse a una cirugía. Entonces se les da un sustituto de antitrombina. Y la única fuente actual para obtenerla es el plasma sanguíneo. Aunque nunca ha habido problemas de contaminación con esta sustancia, el temor a una posible transmisión de enfermedades, como la variante humana de la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob, hace que los médicos se resistan a exponer a sus pacientes a productos derivados del plasma sanguíneo a menos que no tengan otra opción.
Hayley Jarvis es uno de estos pacientes, para quien la deficiencia de antitrombina supuso tener que recibir plasma cuando tuvo a su hijo Oliver. En un mes, deberá someterse de nuevo a este tratamiento para dar a luz a su segundo hijo. Dice que «no tendría ningún problema en tomar una medicina procedente de una cabra. Sería bueno tener otra opción además del plasma».
En cuanto a los recelos que provoca obtener productos de animales transgénicos y su aplicación en humanos, la doctora Beverley Hunt, del hospital St Thomas en Londres, aseguró a la BBC que entiende que esta preocupación exista, pero recuerda que «nosotros siempre usamos productos animales, como la heparina procedente de los tejidos del cerdo, sin haber causado ningún daño a las personas».
MÁS TRATAMIENTOS
Las cabras que producen «Atryn» no están solas en esta ciencia incipiente. Mezcladas entre las 1.500 que conforman el rebaño de este laboratorio hay otras cabras produciendo un tratamiento para reducir el tamaño de los tumores sólidos. Asimismo, GTC está desarrollando la proteína alfa 1 antitripsina, para el tratamiento de la fibrosis quística. En Wisconsin, la compañía holandesa Pharming tiene un rebaño de vacas produciendo lactoferrina humana, una proteína que se halla en la leche materna y que tiene propiedades antibacterianas. En Holanda, la misma firma está ordeñando conejos para un tratamiento del angioedema hereditario, un proceso inflamatorio de la zona profunda de la piel.
Por tanto, cabras, vacas y conejos han cogido el testigo a los ratones de laboratorio, con los que comenzó este largo camino de fabricar drogas transgénicas en el año 1987. Casi dos décadas después de ese ratón pionero y catorce años desde el nacimiento de la primera cabra capaz de producir Atryn en las granjas de la firma GTC Biotherapeutics, no existe ni un solo producto que haya pasado a la fase de mercado. Ahora, Atryn está a un paso de obtener la licencia europea, mientras que la lactoferrina de la empresa holandesa Pharming podría obtener la aprobación de la Agencia estadounidense de Medicamentos y Alimentos (FDA) a finales de este año. Probablemente 2006 será el año en que la producción de medicamentos transgénicos dé el salto definitivo.
Autor: A. Acosta
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