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La Ciencia acerca cada vez más a 'sapiens' y simios

Desde que Charles Darwin lanzó su teoría de la evolución de las especies, la Ciencia no ha hecho sino confirmar la cercanía entre el Homo sapiens -los humanos- y los simios, muy especialmente los chimpancés. La genética, la paleontología, la antropología y la psicología se han confabulado para darnos una imagen cercana de estos grandes primates -grupo al que también pertenecen los gorilas y los orangutanes-, de los que sólo quedan unos 150.000 individuos en libertad.


FUENTE | El Mundo Digital
01/05/2006
 
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Gracias a las investigaciones de los expertos ahora se sabe que los chimpancés comen carne y fabrican utensilios para conseguir comida o luchar, que son solidarios con sus congéneres, que presentan diferencias culturales según la región en la que viven o que pueden memorizar hasta 500 palabras del lenguaje gestual y comunicarse con ellas como lo haría un niño de tres años.

En el origen de todas estas características comunes con el Homo sapiens está el hecho, ya indiscutible, de que simios y humanos venimos de una misma rama evolutiva. «Todas las especies de la Biosfera están emparentadas, pero los chimpancés son los más cercanos a nosotros, nos separan entre seis y siete millones de años. Toda la naturaleza merece respeto, pero a estos simios les suponemos unas emociones y una sensibilidad parecidas a las nuestras, una similar vivencia del dolor y el sufrimiento, y por ello es obvio que no hay que maltratarlos o enjaularlos, ni experimentar con ellos, salvo si es la única opción para salvar vidas humanas», asegura el paleontólogo Juan Luis Arsuaga.

Arsuaga, no obstante, reconoce que el pequeño número de genes que nos separa y esos seis millones de años han generado «un abismo intelectual» entre ambas especies. «Su capacidad intelectual es alta, pero no es comparable a la nuestra, nunca podrían mantener un debate ético como éste», recuerda.

Fue la primatóloga Jane Goodall, en los años 60, quien descubrió que los chimpancés eran capaces de utilizar unas ramas para sacar termitas de su agujero y que, como los H. sapiens, comían carne. Con Goodall cayó la teoría de que lo que nos hizo humanos fue la capacidad de usar instrumentos. A finales de 2005, investigadores alemanes y congoleños revelaban que también los gorilas usan ramas, en su caso como bastones para apoyarse o para hacer puentes con los que cruzar un riachuelo, es decir, que buscan una solución artificial a un problema.

El escocés Andrew Whiten ha añadido una nueva sorpresa al desvelar que entre los chimpancés existen hasta 39 diferentes tradiciones según el lugar donde habiten: unos comen nueces y otros no, sus formas de cortejo varían, etcétera. Esas costumbres, además, se las transmiten entre generaciones, como se ha comprobado en el Centro Yerkes de Investigación de Primates de la Universidad de Emory (EE.UU.).

El catedrático Jorge Sabater Pi, uno de los fundadores de la Primatología en España, añade otros datos. «No sólo llegan a aprender hasta 500 palabras y se pueden comunicar a través de un ordenador, sino que, en estado salvaje, los chimpancés utilizan hasta 50 plantas medicinales para diarreas, vómitos o parásitos.Su inteligencia es diferente a la humana, pero es compleja. Por ello, no pueden ser encerrados en un zoo o en un circo y no debe permitirse que se reproduzcan en cautividad porque esas crías de chimpancés nunca podrán vivir en la naturaleza».

Sabater Pi, que se alegra de la propuesta del PSOE sobre los derechos para estos grandes simios, se pregunta: «¿Qué pasaría si apareciera un Homo erectus vivo? ¿Lo enjaularíamos? Los científicos, que tenemos datos biológicos y psicológicos, no pedimos que tengan todos los derechos de los seres humanos, sino que, como parientes cercanos, se les proteja como merecen».

De hecho, el hallazgo científico más importante de 2005 fue el genoma del chimpancé (Pan troglodytes), con el que se descubrió que ambas especies compartimos el 99,4% de los genes y hasta el 96% del ADN y nos acercó más que nunca a esta especie. Un estudio, publicado a principios de este año por el biólogo Soojin V. Yi, del Instituto de Tecnología de Georgia (EE.UU.) precisaba que el hecho de que estos homínidos se parecen más al sapiens que cualquier otra especie tiene que ver con el tiempo entre generaciones, que es parecido para ambas y ha marcado sus relojes moleculares.

Quizás por ello, hay comportamientos que, según los expertos van descubriendo, no son tan exclusivos de la Humanidad como se pensaba. Por ejemplo, hace mes y medio el Instituto Max Planck de Leipzig (Alemania) sorprendía a la comunidad científica con un experimento en el que se demostraba que hay chimpancés que ayudan a otros aunque no obtengan nada a cambio. También comprobaron que, como entre nosotros, unos son más altruistas que otros.

El psiquiatra del Hospital de Guadalajara David Huertas, autor del libro Neurobiología de la Agresividad Humana, pudo comprobar en Tanzania que los chimpancés se organizan por edades para jugar, que hay pandillas de machos jóvenes, que en las manadas se establece la jerarquía con rituales de combate y que las parejas flirtean de una forma muy similar a las de los cachorros humanos. «Por todo ello, defiendo que somos chimpancés evolucionados y que, por tanto, debemos ser fieles a nuestro origen y evitar que vivan encerrados y se trafique o se experimente con ellos; y esta propuesta no es incompatible con la solución de los problemas de las sociedades humanas», remacha Huertas.

Del mismo modo, el antropólogo Camilo José Cela-Conde, de la Universidad Islas Baleares, recuerda que la defensa de los derechos de estos simios no debe entenderse como un perjuicio para otras leyes. Para Cela-Conde, la cercanía con el Pan troglodytes no es tanto por la genética «porque no compartimos los genes que expresan las proteínas», sino por el plano emotivo. «Nos vemos reflejados en como miran, sus expresiones y movimientos. Y no les tratamos bien porque somos unos bárbaros, ni siquiera nos tratamos bien entre nosotros», afirma.

Olga Feliú, veterinaria y fundadora de la Fundación Mona, el único centro de recuperación de chimpancés en España, tiene más reticencias: «Es fantástico reivindicar sus derechos, pero una ley no cambiará nada. Más importante es que el Gobierno tome medidas para que ningún particular los tenga en su casa, o en circo. Aquí tenemos 14 y no damos abasto para acoger a todos los que nos llegan, ni recibimos ayudas para mantenerlos», asegura.

Autor:   Rosa M. Tristán



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