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Historia de Google. Secretos del mayor éxito empresarial de nuestro tiempo

Al comienzo de su aventura, Brin y Page contaron con los consejos de David Filo, uno de los fundadores de Yahoo. Él fue quien les animó a que desarrollaran ellos mismos el proyecto. Aunque el potencial era enorme, se encontraron con la negativa de muchos portales, que consideraban el tener un buen buscador como algo secundario en sus objetivos. Muchos han desaparecido hoy.

FUENTE | El Cultural.es 01/12/2006

Una historia para contar en la comida familiar de los domingos y un texto que no puede pasar desapercibido a los analistas de la sociedad del siglo XXI. David A. Vise y Mark Malseed, dos periodistas de "The Washington Post", han puesto sobre papel la trayectoria de Google Inc., la empresa propietaria de la marca Google, una compañía cuyo propósito inicial, y por ahora principal producto, es el motor de búsqueda del mismo nombre.

Internet es un medio por el que circulan miles de millones de documentos. Desde la creación de la Red su complejidad, su desmesurada capacidad de almacenar información, ha constituido un problema que ha tratado de resolver toda una tropa de científicos compuesta sobre todo por informáticos e ingenieros. La preocupación común de todos ellos ha sido, y sigue siendo, dar con la manera más fácil para el usuario de encontrar lo que está buscando.

Sergey Brin y Larry Page, fundadores y propietarios de Google, se conocieron, como narran Vise y Malseed, en la californiana Universidad de Stanford en 1995. El nacimiento de Brin se produjo en Moscú en 1973, en el seno de una familia que pudo emigrar a Estados Unidos cuando Mijail Gorbachov inició el proceso que transformó la Unión Soviética en la Rusia actual. Hijo de matemáticos, se adaptó con facilidad a la vida norteamericana -los emigrantes de origen ruso judío son la minoría que mejor y con más éxito se instala en Estados Unidos. Su capacidad para la informática y las matemáticas le permitió, siendo muy joven, obtener una beca para hacer el doctorado. Larry Page, hijo de divorciados, nació en 1972. Nieto de uno de los primeros colonos del desierto de Arad en Israel, fue también un brillante estudiante de ingeniería informática y gestión de empresas.

Brin y Page tuvieron la fortuna de aterrizar en el departamento de Informática de Stanford, un departamento que, como escriben Vise y Malseed, olía a dinero desde que una empresa de nuevas tecnologías llamada Netscape salió a bolsa el 9 de agosto de 1995. Este curioso producto llamado "navegador" revolucionó Wall Street y Silicon Valley con tal fuerza que a los dieciséis meses ya valía tres mil millones de dólares. La salida a Bolsa de Netscape es el punto de inflexión que marca el despegue de la era Internet y la aparición de una mentalidad semejante a la de la fiebre del oro. Mientras en la Costa Este, tanto la Universidad de Harvard como el prestigioso MIT y otros centros académicos de alta investigación no daban facilidades a sus estudiantes de doctorado para que trabajaran en proyectos comerciales utilizando los recursos de la universidad, en la Costa Oeste la cosa era distinta. En California, la Oficina de Patentes y Tecnología tenía un punto de vista amplio y colaboraba en la obtención de patentes conseguidas a través del trabajo de profesores y alumnos en las universidades, patentes que a través de acuerdos permitían crear empresas y hacerse ricos a muchos científicos punteros. El departamento de Informática de la Universidad de Stanford veía con muy buenos ojos que ciertas investigaciones en nuevas tecnologías desarrolladas por sus miembros tuvieran una traducción empresarial y que ello enriqueciera a profesores que de esta manera no sentían la necesidad de abandonar la universidad.

Uno de los efectos de la investigación de primer orden desarrollada en Stanford fue atraer a las sociedades de capital riesgo, sociedades de inversión muy agresivas, que realizaban inversiones de alto riesgo en los inicios de empresas creadas al calor de las nuevas tecnologías. Ponían dinero a cambio de acciones con la esperanza de cobrárselo después cuando las acciones salieran a Bolsa o se vendieran. La presencia en los alrededores de la Universidad de Stanford de estas sociedades de capital riesgo facilitaba a profesores y estudiantes obtener financiación y asesoramiento con una facilidad que no se daba en la Costa Este de Estados Unidos.

En esta atmósfera de exigencia intelectual, ingeniería informática y dinero para financiar proyectos, Brin y Page desarrollaron, en el otoño de 1997, en el curso de su doctorado, un motor de búsqueda al que acabaron llamando Google, que viene de googol, término usado en matemáticas para referirse a 10 elevado a la 100. A través del boca a boca se extendió por todo el campus la utilidad del nuevo motor de búsqueda. El éxito de éste planteó la necesidad a Brin y Page de crear una empresa. El dinero necesario lo puso Andy Bechtolsheim, un millonario informático e inversor, amigo de uno de los profesores del doctorado de Brin y Page. Les soltó 100.000 dólares sin condiciones. EL 7 de junio de 1999, sin que se hubiera cumplido todavía un año desde su abandono del doctorado y de su salida de Stanford, anuncian en prensa que Kleiner Perkins y Sequoia, dos sociedades de capital riesgo, invertían 25 millones de dólares en Google Inq. En Stanford y en Palo Alto no se lo podían creer. Brin y Page, como escriben Vise y Malseed, habían hecho un negocio redondo, tenían el dinero para construir su motor de búsqueda, y el control y el poder para tomar las decisiones que considerasen adecuadas.

La expansión de Google estuvo llena de aciertos. Se creó Googleplex, un espacio de trabajo agradable y desenfadado que mas parecía un campus universitario que una empresa. Se organizaban fiestas con frecuencia y se contrató a un excelente cocinero capaz de satisfacer los gustos de una plantilla cosmopolita que crecía a una velocidad vertiginosa. Los sueldos no eran altos pero se gratificaba a los empleados con acciones de la compañía -muchos se hicieron millonarios al salir a Bolsa- y se les permitía que el 20 por ciento de su tiempo de trabajo pudieran dedicarlo a proyectos propios. De este modo consiguieron arrebatar buenas cabezas a las compañías de la competencia y mantener a los que trabajaban para ellos. La salida a Bolsa en 2004 fue todo un acontecimiento. De repente Google tenía un valor bursátil superior al de otras muchas empresas más antiguas y consolidadas.

En opinión de los autores de este volumen, Google es el motor de búsqueda en Internet más potente y usado en el mundo. Es también una fábrica de hacer dinero gracias a su capacidad para efectuar 120.000 búsquedas por minuto. Las ventas de Google vienen de los miles de millones de clics en los anuncios de Internet que aparecen junto a los resultados de la búsqueda y en los cientos de miles de sitios web que forman parte de su extensa red de filiales. Como podemos leer en estas páginas, Google ha desarrollado también un motor de búsqueda para imágenes, grupos de noticias y directorio. En 2003 Google inauguró una sede en Madrid, otra en Dublín y un centro de ingeniería en Zurich. A lo largo del año pasado se abrieron delegaciones en China, Suecia, México, Brasil y otros lugares del mundo. En total 4.183 trabajadores. Mientras todo esto sucedía, Google se embarcó en un proyecto de biblioteca virtual, ya en ejecución, que consiste en digitalizar las mejores bibliotecas de todo el mundo y en desarrollar un sistema instantáneo de traducción. Aunque el dato no aparece en este volumen, conviene recordar que hace unas semanas Google compró YouTube, la exitosa empresa de vídeos en Internet, por la abrumadora cantidad de 1.300 millones de euros.

Minucioso y documentado, este volumen enseña muy bien al lector lo que es Google, lo cual no es poco. No obstante, pasa de puntillas por problemas derivados de su propio sistema de uso y del almacenamiento indefinido de datos tales como el de la privacidad del usuario, los derechos de autor o los relativos al multiculturalismo.

Autor:   Bernabé Sarabia



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1 comentario



  1
   Francisco José Lacueva Pérez | 04/12/2006
 
Estimado Sr. Sarabia,

Como Ingeniero en Informática que soy me ha llamado la atención su artículo y he procedido a leerlo, su contenido en general me resulta agradable y como usted mismo indica de conocimiento interesante para poder ilustrar a nuestros comensales.

Sin embargo, hay un asunto que me ha defraudado, por el sentido peyorativo que recoge el fragmento '...ha tratado de resolver toda una tropa de científicos compuesta sobre todo por informáticos e ingenieros.', no porque aparezca en su artículo, más bien porque recoge la idea generalizada de que los informáticos son (somos) entes raros y extraños.

La Ingeniería en Informática y la Ingeniería Técnica en Informática hasta que el acuerdo de Bolonia lo remedie (una verdadera pena) llevan existiendo unos 25 años en España. Existen programas oficiales de postgrado en distintas facultades para la consecución del doctorado en Informática, por lo que las ideas de Doctor, Ingeniero e Informático deberían de poder recogerse como una sola, no, como ocurre en la actualidad, como distintas.

No esta bien que sea la única Ingeniería a la que no se nos ha permitido crear un Colegio (en algún caso se nos acuso de buscar el "monopolio" y el resto de los colegios profesionales además de certificar el trabajo de sus colegiados, protegerlos judicialmente, ¿qué son?), pero si los medios no contribuyen seguiremos siendo los bomberos capaces de arreglar cualquier desaguisado desde cambiar la tinta de la impresora hasta crear un ERP en 15 minutos.
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