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Una necesidad prioritaria es, por ejemplo, protegerse de la subida del nivel del mar causada por el calentamiento global. Los daños por la subida del mar alcanzarán hasta 42.500 millones de euros anuales en el año 2080 en el caso de ser elevada; cuatro veces más que si se toman medidas.
En paralelo, los planes para combatir el cambio climático tienen un doble efecto: reducen la presencia de gases que calientan la atmósfera y, a la vez, limpian el aire contaminado que respiramos, pues algunos gases tienen un doble efecto dañino. Sólo una reducción de emisiones de CO2 de un 10% en la UE para el año 2020 generaría un enorme beneficio para la salud, que se ha estimado entre 8.000 y 27.000 millones de euros.
PROTECCIÓN COSTERA
El informe económico de la Comisión (llamado Peseta en sus siglas inglesas) concluye que afrontar el cambio climático reduciría el impacto económico de los daños producidos por la subida del nivel del mar, que amenaza con causar el desplazamiento de las poblaciones debido a las inundaciones y la erosión de la costa. Si se interviene en este campo, los costes menguan entre un 7% y un 50% a corto plazo y hasta un 70% a largo a plazo.
Cruzarse de brazos resulta carísimo. En el escenario de una pequeña subida del nivel del mar en el 2020, las consecuencias son pérdidas por valor de 4.400 millones de euros anuales, mientras que si se defiende la costa (con diques altos y protección de playas) el perjuicio se reduce a la mitad (2.300 millones).
Los datos son aún más evidentes en el 2080. No adaptarse tendría un coste de 9.300 millones de euros anuales; en cambio, actuando el daño se reduce a 2.200 millones.
La justificación para actuar se ve todavía mejor reflejada en el escenario de una elevación mayor del mar. No adaptarse en el 2020 comporta un sobrecoste de 500 millones de euros anuales, mientras que renunciar a hacerlo en el 2080 costaría 42.500 millones, cuatro veces más que actuar preventivamente.
OJO AL CALOR
El estudio analiza el aumento de las muertes por olas de calor, las enfermedades y el riesgo de muerte por fenómenos meteorológicos extremos (tormentas e inundaciones) debidos al calentamiento. La conclusión es que el número de muertes relacionadas con el calor será superior a las muertes que dejará de haber al no hacer tanto frío.
Se prevén unas 86.000 muertes adicionales anuales si la temperatura aumenta tres grados entre el 2071 y el 2100 (con relación al periodo 2070-2100). En cambio, si subiera 2,2 grados en ese mismo periodo, el número adicional de muertes por año sería de 36.000.
RIESGO DE INUNDACIONES
El informe constata que el número de grandes desastres por inundaciones entre 1990 y 1998 ha sido más grande en Europa que en todo el periodo de 1950 a 1985. Si en la cuenca alta del Danubio se registrara una inundación de las que se dan cada 10 años - en el escenario en que se triplican las concentraciones de CO2 -, los daños pasarían de los 47.500 millones de euros de referencia hasta los 66.000 millones de euros: habría un aumento del 40%. En cambio, en un escenario en el que sólo se doble el CO2, el incremento proyectado es de sólo un 19%. En el primer caso, el número de afectados sería de 242.000 y en el segundo, 135.000.
OTRO TURISMO
El cambio climático modificará los flujos de esos 100 millones de personas anuales que van en busca de sol y playa al Mediterráneo. Las tendencias en los movimientos turísticos cambiarían radicalmente, pues las zonas con excelentes condiciones, que actualmente están localizadas en el Mediterráneo, se situarían previsiblemente en el mar del norte o en el mar Báltico. El mapa del informe sombrea en rojo todo el Mediterráneo español menos Catalunya, así como el sur de Italia, Grecia y el mar Negro.
PROBLEMAS EN EL CAMPO
La productividad de los cereales se reducirá en el sur de Europa entre un 1,9% y un 22,4% al acortarse el periodo de crecimiento, mientras que en el norte aumentará del 2,8% al 70%.
AIRE MÁS LIMPIO
Las acciones contra el cambio climático presentan, de otro lado, importantes beneficios por el hecho de que reducen a la vez la polución del aire. Los sectores del transporte y la energía son grandes generadores de CO2, pero a la vez emiten contaminantes como los óxidos de nitrógeno, las partículas sólidas en suspensión o el dióxido de azufre, que causan graves daños a la salud. Por eso, las medidas comunitarias para impulsar la reducción de CO2 mediante la mejora en la eficiencia energética, los cambios de combustible o el uso de biomasa redundarán en un aire más limpio. Se calcula que las partículas más microscópicas del aire (que desencadenan enfermedades pulmonares y otras afecciones) reducen la expectativa de vida en ocho meses en la UE. Ysin nuevas medidas en este campo, sus efectos en la salud hacia el 2020 supondrían una merma en la expectativa de vida de 5,5 meses, agrega la Comisión.
La inacción evita combatir otro cuarto contaminante del aire de las ciudades, el ozono, que afecta especialmente a las personas asmáticas, ancianos, niños y demás. El ozono podría causar unas 21.000 muertes prematuras en la UE en el 2020. Sus daños para la salud humana oscilarían entre los 162.000 millones de euros y los 587.000 millones de euros, según las diferentes valoraciones que se recogen.
La Comisión señala que la nueva política energética de la UE comportará, además, una mayor seguridad en el abastecimiento energético, al reducirse la dependencia del exterior, e incrementará el empleo en el sector de las energías limpias.
El estudio se sitúa en la línea de lo descrito en el informe Stern (auspiciado por Tony Blair), en el que señala que la inacción podría hacer bajar el PIB entre un 5% y un 20% a final de siglo.
Autor: Antonio Cerrillo
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