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Aunque hay efectos de los que no podremos librarnos, y algunos ya los estamos sufriendo, podemos cambiar nuestros hábitos para emitir menos CO2, principal gas de efecto invernadero, sin que esto suponga una pérdida de nivel de vida y bienestar.
En un día cualquiera, nada más levantarnos de la cama, realizamos acciones sin reparar en cuáles contaminan más y cuáles menos. Cuando suena el odioso despertador -mejor que funcione con pilas recargables- y se encienden las primeras luces del día -poner cuatro bombillas de bajo consumo supone un ahorro de 179 kilos de CO2 al año- empieza un proceso de consumo energético que, sin duda, es el motor de nuestra civilización actual, pero que no se verá afectada por introducir algunos cambios en nuestra rutina. Cambios que, traducidos a números, supondrán un ahorro importante de las emisiones de CO2 a la atmósfera. Hay que tener en cuenta que el 55% de las emisiones de gases de efecto invernadero de España corresponden al sector difuso; esto es, al sector transporte (80%) y al residencial (20%). Para combatirlas, por tanto, es necesario poner de nuestra parte.
EMPIEZA EL DÍA
Tras saltar de la cama con la señal de alarma de cada mañana, lo mejor es un buen café, y aún mejor si se prepara con una cafetera italiana en una cocina que funcione con gas. Habremos ahorrado entre cinco y siete minutos de consumo de electricidad. Si se opta por un té, hierva sólo el agua necesaria para su taza y evitará unas emisiones de 280 kilos de CO2 al año. Si todos los europeos hirvieran solamente el agua que necesitan, además de dejar de malgastar 1 litro de agua al día, con la energía ahorrada se podrían encender una tercera parte de las farolas de Europa.
Y del desayuno, al baño. Las prisas no son buenas consejeras por la mañana, así que nada de dejar correr el agua mientras nos desvestimos, nos miramos esas horrorosas ojeras o nos enfrentamos con la báscula. Optando por una ducha rápida en vez de un baño no sólo ahorraremos unos 70 litros de agua, sino que además estaremos dejando de emitir a la atmósfera 531,1 kilos de CO2 al año. Cerrando el grifo al cepillarse los dientes se evitan 3 kilos de CO2 al año y arreglando ese grifo impertinente que siempre gotea estaremos ahorrando 20 kilos de dióxido de carbono.
DE CAMINO AL TRABAJO
Como casi cada mañana me pregunto dónde habré dejado el móvil, y como casi siempre está en su enchufe. Antes de salir hacia el trabajo acompañada por ese fiel compañero desde hace algunos años, desenchufo el cargador de la red, pues se ahorran de la cuenta propia de emisiones nada menos que 6 kilos anuales. Nada comparado con los 304 kilos ahorrados por ir al trabajo en transporte público en vez de en el coche. Conduzca de forma inteligente: se ahorra carburante conduciendo a marchas elevadas y velocidad moderada. Por ejemplo, reduciendo la velocidad de 110 kilómetros por hora a 90 durante el 10% del trayecto generamos 55 kilos menos de CO2 al año. Además, si se llevan las ruedas a la presión adecuada el ahorro es de 140 kilos.
Una vez en el trabajo, y dentro de las facilidades que ofrezca cada empresa -algunas disponen de cajas para reciclar papel o utilizan papel reciclado para los documentos- hay que proponerse ahorrar en lo que se pueda. Por ejemplo, escribir o imprimir por las dos caras, utilizar el reverso de un informe impreso para tomar notas, etc. Y es que un europeo medio consume aproximadamente 20 kilos de papel al mes y se calcula que un 1% de esa cantidad se puede evitar. Por tanto, antes de imprimir un documento o enviar un correo electrónico piense si realmente es necesario, pues evitará emitir 7 kilos de CO2. Asimismo, aguantar las horas de trabajo a veces requiere ingentes cantidades de cafeína en latas. Pero es importante reciclarlas: 1 kilo de aluminio equivale a 9 de CO2.
DE VUELTA A CASA
A la salida del trabajo, paso obligado por el «súper» a comprar algunas cosas para la cena. Desde que supe que usar una bolsa reutilizable ahorra 8 kilos de CO2 al año, siempre llevo una de tela muy resistente. De vuelta a casa descubro con horror que olvidé apagar las luces del pasillo. Unos 6 kilos de CO2 que ya no podré restar de mi cuenta diaria de emisiones. Me consuelo mirando mi nuevo televisor de 32 pulgadas con etiqueta ecológica -30 kilos menos de CO2 al año, y sobre todo unas cuantas dioptrías menos dentro de unos años por empeñarme en ver los subtítulos-. Bajo un grado la temperatura de la calefacción y me pongo un jersey. Son 300 kilos de CO2 anuales.
Es la hora de la cena y también hay que cocinar la comida de mañana, pero antes de meterla en el frigorífico, dejaremos que se enfríe fuera por 6 kilos menos de dióxido de carbono al año. Es importante también ser previsor y no descongelar los productos bajo el agua o en el microondas.
Bajo la basura, dos bolsas, una de residuos orgánicos, y la amarilla con residuos de envases y plásticos. Cada español genera casi un kilo y medio de residuos urbanos al día.
La lavadora queda para mañana. Utilizar la lavadora sólo cuando esté llena y con programas de baja temperatura ahorra 359 kilos de dióxido de carbono al año. Y si se seca la ropa de forma natural, en lugar de usar una secadora, se evitará la emisión anual de 280 kilos de CO2.
Es hora de irse a la cama. En lugar de dejar el televisor en modo «stand by», no cuesta nada apagarlo en el botón. Una acción que restará 87 kilos de CO2 si lo hacemos todos los días del año.
Hay que tener en cuenta que un español genera 10,8 toneladas de CO2 al año (datos de 2004). Si todos nos comprometiéramos a reducir esta cantidad apenas un 10%, el impacto sobre el medio ambiente y la lucha contra el cambio climático sería enorme.
Si mi calculadora solar no falla, en este hipotético día en favor del clima he logrado ahorrar un total de 6,6 kilos de dióxido de carbono, 2,4 toneladas si lo mantengo durante los 365 días del año. Y es que resulta evidente el hecho de que los ciudadanos tenemos un papel muy importante que jugar en la lucha contra el cambio climático.
Autor: Araceli Acosta
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