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Ignasi Ribas, experto en astrofísica estelar del Instituto de Ciencias del Espacio y coautor del hallazgo, explicó ayer a ABC que «el planeta extrasolar HD 189733b, conocido como el «Júpiter caliente», que orbita en torno a la estrella del mismo nombre, la HD 189733, se halla a 63 años luz de la Tierra, en la constelación Vulpecula». De entre los algo más de doscientos planetas extrasolares descubiertos hasta la fecha, se sospecha que en algunos de ellos el agua puede estar presente, pero esta es la primera vez que se comprueba científicamente.
OBSERVADO POR EL «SPITZER»
Las conclusiones de la investigación, publicadas en el último número de «Nature», explican que el hallazgo ha sido posible mediante la observación por el telescopio espacial «Spitzer», de la ESA, del tránsito del planeta por delante de su estrella mediante mediciones en longitudes de onda infrarrojas.
Ribas puntualizó a este diario que las mediciones se hicieron «por fotometría de infrarrojos en diferentes longitudes de onda, a una bajísima resolución y en tres distintas bandas... el tamaño relativo entre planeta y estrella, dependiendo de las longitudes de onda, muestra variaciones que responden a la absorción de la atmósfera planetaria durante su tránsito que, en este caso, corresponden plenamente al espectro del vapor de agua».
El agua en su estado gaseoso, pues, forma la parte mayoritaria de la atmósfera del «Júpiter caliente». No quiere esto decir que la vida sea posible en el planeta HD 189733b, al menos tal como la concebimos. «Rotundamente no -aseguró Ribas-, una temperatura superior a los 700 grados hace imposible la vida... este planeta es esencialmente gaseoso y muy caliente; es posible que su núcleo sea metálico debido a la inmensa presión, pero no guarda otro parecido con la Tierra.
EN BUSCA DE LA VIDA
La búsqueda de vida, en cualquier caso, ya es posible más allá de nuestro Sistema Solar. No necesitamos posar un robot, como los que actualmente se pasean por Marte, para rastrear la posibilidad de vida en exoplanetas a años luz de la Tierra. Ribas afirmó a este diario que «las misiones Darwin, de la ESA, y TPF, de la NASA, concebidas como programas de detección remota de la vida, rastrearán a partir de 2020 en los exoplanetas buscando agua, ozono, metano, CO2... en sus atmósferas». El interés de este análisis de las atmósferas reside en que «cualquier atmósfera fuera del equilibrio natural, como es el caso de la terrestre -puntualizó Ribas-, en la que el oxígeno sólo está presente porque hay vida, y no a la inversa, porque hace 3.000 millones de años unas bacterias empezaron a producir oxígeno, es susceptible de albergar vida».
La respuesta a la gran pregunta, ¿estamos solos en el Universo?, poco a poco deja de ser una utopía. Será difícil encontrar a Alien... pero un día no muy lejano hallaremos algún rastro de vida en alguna parte.
Autor: S. Basco
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