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El futuro inmediato de la investigación

EL Gobierno, mediante la Comisión Interministerial de Ciencia y Tecnología y con significativos asesoramientos externos, está ultimando el nuevo Plan Nacional de I+D+I (Investigación, desarrollo e innovación). Este programa marcará las prioridades para el periodo 2008-2011. Es, por tanto, una herramienta de primer nivel en uno de los ámbitos en que todas las fuerzas políticas coinciden en la necesidad de un impulso decidido: el fomento de la investigación.


FUENTE | ABC Periódico Electrónico
19/07/2007
 
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Alcanzar un mayor nivel en nuestros equipos de trabajo de universidades, hospitales, empresas y otros organismos públicos y privados de investigación y que esa investigación se refleje en nuestro desarrollo e innovación es un requisito imprescindible para aumentar nuestra competitividad, garantizar un crecimiento sostenido y mantener una situación de privilegio entre las economías avanzadas del siglo XXI, basadas en la generación y explotación del conocimiento.

El nuevo plan tiene un diagnóstico de los problemas actuales: insuficiente coordinación, excesivo número de convocatorias e instrumentos de política científica, planificación estrategica insuficiente, financiación fragmentada y escasez de indicadores adecuados para el seguimiento y evaluación del desarrollo de la investigación. El objetivo de un plan de este tipo, y se nota el consenso en ese sentido de todos los agentes implicados, no es decirle al investigador lo que tiene que hacer, sino eliminar trabas del camino y facilitarle las herramientas necesarias para llevar a cabo su trabajo.

La situación de nuestra investigación es paralela en muchos aspectos a la de nuestra realidad como país. El salto en dos o tres décadas ha sido espectacular, disponemos de un tejido amplio de grupos de investigación y nuestras contribuciones son bien valoradas en el ámbito internacional, del que formamos parte por derecho propio. Por otro lado, no hemos alcanzado las grandes ligas, por poner un ejemplo injusto ninguno de nuestros investigadores han recibido un premio Nobel desde los tiempos de Ochoa o Cajal, publicamos esporádicamente en las revistas de máximo nivel y fallamos en la interrelación entre la investigación de las universidades y los organismos públicos de investigación y su explotación industrial y comercial. La rapidez en la que nos estamos moviendo permite anticipar que el desarrollo de los próximos años va a ser crucial. Por un lado, hay empresas españolas que van adquiriendo una dimensión transnacional, pero que salvo en el ámbito de las telecomunicaciones se dedican a sectores (banca, energía y construcción) donde los productos están perfectamente definidos y son poco susceptibles de inovaciones (se vende dinero o kilowatios), no así la forma de ofrecerlos y gestionarlos. Por otro lado, países emergentes con un buen capital humano serán capaces de subcontratar investigación a precios competitivos; el papel de la India en la industria farmacéutica y biotecnológica seguirá el camino marcado en la informática y la ofimática. Es mucho lo que está en juego.

La investigación es cara y sus resultados no son inmediatos ni seguros. El principal agente de investigación en nuestro país son las universidades, pero existe un desencuentro entre la investigación que los equipos universitarios quieren hacer y aquella que las empresas demandan. Por parte del ministerio se han avanzado dos aspectos de crucial necesidad: el primero, el fortalecimiento institucional de los centros que hacen investigación. Las universidades ven la investigación como una necesidad en el desarrollo de sus plantillas y en la acreditación de sus titulaciones pero las cuentas no salen, son mucho mayores los gastos generados que los ingresos. Eso hace que muchas universidades privadas no realicen prácticamente investigación, en especial aquellas concebidas como negocios educativos, con los efectos que ello puede tener en una futura acreditación de esas universidades y sus titulaciones. Un segundo aspecto es la necesidad de técnicos especializados. Las plantillas de personal técnico e investigador se mueven en las universidades españolas en una proporción cercana al 1:1. En Harvard, por poner un ejemplo de una universidad de renombre internacional, la proporción es 7 a 1. El resultado es que en España una parte importante del tiempo del investigador debe dedicarse a tareas administrativas de todo tipo, de llevar contabilidades a rellenar impresos. A nadie se le caen los anillos, pero resta tiempo a las actividades que generan realmente valor añadido, y un investigador que hace tareas mecánicas sale realmente caro. La incorporación a las plantillas de técnicos especializados y gestores de investigación es un paso importante para solucionar este problema.

Otro aspecto clave es la internacionalización. En la inmensa mayoría de los campos, la investigación tiene un ámbito global y las opciones de financiación internacional son cada vez más importantes. Desgraciadamente, pocos investigadores se aplican a los proyectos europeos del VII Programa Marco, y existe una imagen en la comunidad universitaria de que los proyectos en Bruselas necesitan «lobbistas» para conseguirlos y magos de las finanzas para su contabilidad y seguimiento. Es importante que esa sensación de «caja negra» se disipe y entremos con normalidad en la cooperación y comunicación con instituciones que son también nuestras.

Junto a esa dimensión transnacional hay un componente obligado en nuestro estado descentralizado: la participación y coordinación con las Comunidades Autónomas. Todas ellas desarrollan programas de investigación donde se priorizan campos de interés estratégico, y se apoya el desarrollo del tejido investigador en universidades, hospitales y otros centros públicos y/o privados de su territorio. Es imprescindible combinar esos objetivos con facilitar la creación de equipos interdisciplinarios e interterritoriales, favoreciendo el desarrollo de todos, eliminando duplicidades y vacíos y consiguiendo economías de escala y una mayor competitividad en el ámbito internacional.

Un último aspecto clave del Plan nacional es su dotación presupuestaria, la financiación disponible. Por parte del Gobierno se señala un incremento notable, cercano al 25 por ciento anual. Los investigadores universitarios no sienten esa mayor disponibilidad de fondos, y de hecho, existe el dato preocupante de buenos investigadores, con una trayectoria honesta y prolongada, que deciden tirar la toalla tras varios años seguidos sin conseguir financiación. Es quizá una mezcla de una financiación dirigida a la excelencia, donde sólo unos cuantos grupos destacan, y de nuestro sistema funcionarial, donde cobramos prácticamente lo mismo, independientemente de la carga de trabajo y los proyectos en marcha. El nuevo Plan nacional ha eliminado la priorización de áreas y ha optado por valorar lo más importante: la calidad de las propuestas. La incorporación de nuevos equipos y jóvenes investigadores debe notarse también en este nuevo plan nacional. La investigación se basa en una característica quizá escondida entre nuestros genes desde el inicio de la Humanidad: la pasión por descubrir, por ver qué hay al otro lado de las montañas, por encontrar belleza en un legajo polvoriento o en la organización de unos genes. Ese placer de descubrir sólo es comparable al placer de crear y, como decía Delbrück, físico y biólogo, premio Nobel en Medicina en 1969, «si uno no tiene condiciones para ser un artista, ¿qué otra cosa puede ser sino investigador?».

Autor:   José Ramón Alonso



   Enlaces de interés
 
Weblog madri+d: Política Científica


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1 comentario



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   Alfonso J. Vázquez | 20/07/2007
 
Llevo toda mi vida laboral, y estoy a punto de jubilarme, leyendo el mismo y perpetuo "diagnóstico de los problemas actuales de investigación"; el que hacen todos los gobiernos como disculpa para no hacer nada. Ésa es la única realidad, ninguno hace nada.
Dice el artículo que "no hemos alcanzado las grandes ligas". ¿Cómo vamos a alcanzar las grandes ligas si tenemos presupuestos de tercera regional?.Lo milagroso es que en esas condiciones hagamos lo que hacemos.
Que "el desarrollo en los próximos años va a ser crucial" es otra muletilla que parece que dice algo, pero no dice nada.  Eso viene ocurriendo desde principio del S. XX.  Llevamos un siglo de retraso.
Afirmar que "la investigación es cara" es una obviedad, decir que "sus resultados no son inmediatos ni seguros" exige saber que quiere decir inmediatos.
No son tan inmediatos como los beneficios de la operación Malaya, pero son tan seguros como que el mundo da vueltas. Sólo hay que invertir lo suficiente y saber en que se invierte. Como hacen fuera.
Respecto de que "las cuentas no le salen a las universidades" porque "los gastos son mayores que los ingresos" refleja que es la sociedad a la que no le salen las cuentas.
Porque no quiere financiar lo que los economistas llaman bienes públicos puros, el conocimiento. Quieren convertirlas en oficinas de formación profesional o en unidades de negocio.
¿Qué inversor hubiera pagado a Millikan por determinar la relación carga/masa del electrón?. Un conocimiento perfectamente inútil con el que jamás le saldrán las cuentas a nadie.
Y no digamos a Thomson dedicándose a hacer modelos atomicos con las pasas del Christmas pudding, ¡otro inútil!.
Que la "relación tecnico/investigador sea 1:1 frente a 7:1 de Havard revela, además, que nuestro 1 es mucho menor. No es lo más grave que el científico está más de la mitad de su tiempo haciendo trabajos de técnico, de auxiliar administrativo y hasta de cartero y agente de viajes. Es que, además, el número de científicos es infinitamente menor que el de los que hay en Harvard.
Que nadie se crea que poniendo los técnicos se arregla todo. Habrá que poner los que hagan falta; pero también muchos más científicos de los que hay. Y eso en el Gobierno no lo tiene nadie claro.
Una Directora general nos echaba la culpa porque pedíamos plazas de científicos y no de técnicos. "Es que un científico siempre puede haceer trabajo de técnicos pero la inversa no es cierta", le expliqué. "Aumente el número de cinetíficos y el de técnicos, pero no nos eche encima la culpa, que es suya, por no aumentar ni los unos ni los otros".
Dice el artículo que "pocos investigadores se aplicación a los programas marco". Pero es porque estos son unos programas que exigen una infraestuctura administrativa, y en inglés, de la que no disponen; porque exigen una pariticipación de las empresas que éstas se niegan a dar; porque no se puede estar en misa y en la procesión a la vez, como hac´`iamos hasta ahora, y  además, tocando la campana en Bruselas haciendo lobby.
Cualquier actividad de coordinación es excelente y necesaria.
Pero para eso tiene que haber suficiente que coordinar.
Y ése es el otro talón de Aquiles. No vale la pena perder el tiempo en coordinar miseria. Coordínese la inversión sin duda. Pero ahora apenas estamos slaiendo de la etapa de la supervivencia. Lo que se necesita, ¡URGENTEMENTE!, es más gente trabajando, no gente coordinando, supevisando, analizando, valorando, etc., etc.
Naturalmente que ningún investigador siente ese incremento del 25 % que dice el Gobierno que destina a I+D. Y menos lo sentirá cuando empiecen a florecer las Agencias. Unas superestructuras concebidas para llenarlas de de Directores de Agencia, Asesores aulicos y demás nombrados digitalmente con sueldos de empresa privada de latísimo nivel.
Lo que se está haciendo es pura acromegalia estructural. Todos Jefes y un indio, que será el único que trabaja. Y además, si es posible, se procura que sea un indio becario.
Naturalmente, eso come incrementos de presupuesto del 25 % y del 50 % si les dejan.
¿Los jóvenes?. Dejen de tomarles el pelo. Un país que tiene a sus mejores egresados de la universidad trabajando dos años y negandoles el pan y la sal, del reconocimiento de que trabajadores, diciendo que son estudiantes, cuando ya son profesionales titulados superiores, no se merece que ninguno se quede aquí.
Si tuvieran la mitad de arrojo que los que vienen los cayucos se irían en avión y no volverían más que en vacaciones.
Es su única oportundiad de poder comprar uno de esos pisos de la operación Malaya. Con el sueldo que les paguen por investigar, pero fuera de España.
El futuro inmediato de la investigación sigue siendo tan desastroso como el pasado inmediato de la investigación.  A lo mejor es que el país, no da para más. Quiero decir en cuanto a la capacidad de los políticos que genera, claro.
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