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¿Qué hay que hacer para que vuelvan los jóvenes investigadores que trabajan fuera?

Esta pregunta se la podría hacer cualquier ciudadano de a pie, teniendo en cuenta que el trabajo vocacional de estas personas resulta de vital importancia para avanzar en el conocimiento de nuestra conducta y nuestros hábitos, el descubrimiento de fármacos y terapias para combatir las enfermedades que escapan al control de la ciencia y la medicina, y el entendimiento de la historia y la realidad social de las que formamos parte.


FUENTE | El Mundo Digital
11/02/2008
 
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La investigación, aunque en apariencia se nos muestra como una infinita sucesión de fórmulas, cálculos y experimentos con animales que interesa a unos pocos, es en la forma y en el fondo la herramienta más efectiva para alimentar el conocimiento y mejorar la calidad de vida de los humanos.

El compromiso social con la investigación es importante, pero quien realmente tiene la responsabilidad de considerar, fomentar y cuidar el trabajo de este colectivo es el Gobierno de turno. Mejor aún, la comunidad política al completo debería adquirir conciencia de la tarea que desempeñan los investigadores, teniendo en cuenta que la ciencia en España necesita del consenso de todos los partidos y la voluntad del que ocupe el poder en cada momento para desarrollar un sistema estable por etapas y no el habitual, expuesto a la frugalidad de los resultados electorales.

El Gobierno del talante tampoco ha sido capaz de evitar la fuga de los talentos nacionales que cruzaron las fronteras de la piel de toro para ganarse el futuro y seguir su carrera. Entre porcentajes del PIB y vaticinios de los buenos síntomas que presenta la ciencia en España, el Ejecutivo presidido por ZP ha presentado la imagen de un país que es un referente atractivo para investigadores extranjeros de prestigio internacional. Desde el prisma socialista, hemos pasado de exportadores a receptores en materia de investigación por arte de magia.

Como muestra de este traje con el que el Gobierno disfraza la situación real de la ciencia en España, un botón cosido por el ministro de Sanidad y Consumo, Bernat Soria, quien hace unos días presentaba a bombo y platillo al austriaco Erwin Wagner como fichaje estrella en el campo de la investigación biomédica.

El acto mediático del ministro, en el Día Mundial contra el Cáncer, se enmarca en el amplio escaparate de inauguraciones de grandes centros de investigación y tecnología, tan cercanos en el espacio y tan alejados en el espíritu de los recursos humanos de los que dispone el país, verdadero eje central de la capacidad de desarrollo de un Estado.

Recuperamos la cuestión inicial para ponerla en boca de su emisor: "¿Qué hay que hacer para que vuelvan los jóvenes investigadores?", preguntaba el ministro Soria. Quizá él tenga la respuesta, como investigador que es, pero no obstante, intentaremos ayudarle en la búsqueda de la misma adentrándonos en el día a día de estos jóvenes investigadores, por si el ministro hubiera pretendido abusar de la retórica.

PROMESAS Y REALIDADES

Al inicio de la legislatura, el Gobierno anunció que el gasto público en I+D+i -una simple fórmula que muchos no saben descifrar- aumentaría un 25% cada año, pero no ha sido capaz de mantener este aumento por encima del 14%. En los presupuestos para este año, el incremento previsible es del 17,4%, lo que representaría cerca de un 1,5% del PIB, una cifra alejada del 2% de países como Japón y Estados Unidos.

Pero por encima de cifras, la realidad viene marcada por quienes se dedican a la investigación como medio de vida. Emilio Castro, un joven físico gallego que en la actualidad se halla en la Universidad de Burdeos con una beca postdoctoral del Ministerio de Educación y Ciencia, estuvo cuatro meses trabajando por amor al arte hasta que consiguió firmar su primer contrato -algo parecido a un acuerdo laboral- y cobrar 500 euros mensuales. En opinión de Emilio, "la ciencia en España deja mucho que desear, especialmente en recursos humanos".

En efecto, los recursos humanos no son precisamente el eje central de la política científica en este país. El sistema actual considera que el período de formación no es productivo, y por eso mantiene en vigencia la colección de becas, estatales y autonómicas, que perpetúan la precariedad laboral del colectivo. La valenciana Beatriz Jiménez, doctora en Química, personifica esta desconsideración.

Beatriz cuenta con un envidiable currículum académico y ha participado en congresos nacionales e internacionales, con una amplia experiencia investigadora tras su estancia en Italia y Reino Unido. Pero no es suficiente para firmar un contrato digno en un grupo de investigación dentro del territorio nacional.

Consciente de que tendrá que volver a partir rumbo al extranjero, Beatriz apura su beca predoctoral en el Centro de Investigación Príncipe Felipe de Valencia lamentando la "politización de la ciencia". Esta licenciada en Química por la Universitat de València es consciente de que si no se hubiera dedicado a la ciencia podría tener un contrato indefinido, y considera que "no se quedan los mejores, sino los que más aguantan".

Por más que contribuyan en congresos y publiquen en revistas científicas de impacto internacional, y a pesar de que un 80% de la producción científica nacional tenga como base a los jóvenes investigadores, el premio, en el mejor de los casos, es la concesión de una beca con un período de cotización a la Seguridad Social.

Las alternativas para los intrépidos investigadores que se resisten a abandonar su carrera son enganchar unas ayudas con otras sin derecho a cotizar o sobrevivir a largos períodos sin remuneración económica y desprotegidos de cualquier tipo de legislación laboral.

En este último supuesto se vio el investigador valenciano Paco Rausell, quien a sus 28 años mantiene la incertidumbre de "buscar y buscar" una salida laboral medianamente estable en el terreno de la ciencia básica. Al terminar la carrera de Biología, Rausell estuvo un año trabajando sin cobrar hasta que consiguió una beca. Fue sólo uno de los numerosos "parones" a los que se ven obligados los investigadores tras cerrar cada ciclo en una carrera investigadora caracterizada por la "discontinuidad".

He aquí uno de los grandes problemas del actual sistema: la ausencia de diseño de la carrera investigadora. No existe una previsión de las necesidades en I+D, y los incentivos a la investigación se ofrecen sin tener en cuenta las plazas que se ofertarán en la siguiente etapa. Joaquín Morís, investigador asturiano que actualmente trabaja en la Facultad de Psicología de Málaga, enfatiza la dificultad de dar el salto hasta la beca postdoctoral y denuncia que hay "pocas plazas" y que "los plazos son muy lentos".

Morís no entiende el frenazo de la burocracia y explica que "puedes tardar diez meses en incorporarte a un laboratorio extranjero aún teniendo la documentación, por falta de dinero al no disponer formalmente de tu beca". No le falta razón a Joaquín, ya que los 8.000 puestos ofertados en las fases iniciales de la carrera investigadora pueden quedarse en poco más de 300 plazas reales en el siguiente escalón formativo.

El resultado de estos desajustes y de la incoherencia del actual sistema es que se producen muchos abandonos y se pierde el dinero público invertido en formación y desarrollo profesional de los investigadores. Al final, resulta que España está formando a los investigadores del Reino Unido, Francia y Alemania, incluso a algunos que parten hacia Estados Unidos. Un destino, este último, temido por la filóloga ovetense Begoña Camblor, quien no se imagina investigando las vivencias de las personalidades más destacadas del exilio republicano en territorio yanqui.

Estos países ofrecen una carrera investigadora atractiva, con un diseño profesional, coherente y digno que posibilita la conciliación de la vida profesional y personal. El problema es que en estos destinos no está el pasado ni el presente -y en muchos casos tampoco el futuro- de las personas que aspiran a trabajar de manera estable por el avance de un país que no puede permitirse el lujo de prescindir de sus investigadores.

PROPUESTAS DE LA FDERACICÓN DE JÓVENES INVESTIGADORES A LA CLASE POLÍTICA

Desde un punto de vista constructivo, el colectivo de los jóvenes investigadores se ha manifestado siempre de forma pacífica ante la precariedad del sector, explicando sus propuestas a los distintos grupos políticos cuando éstos se han mostrado receptivos. Estas propuestas tienen dos puntos claves: la reforma legal del marco de la Investigación en España, con una nueva Ley de la Ciencia fruto del consenso que escape a los caprichos del Gobierno de turno; y el diseño racional de la carrera investigadora en sucesivas etapas, acabando con los huecos entre fases y los largos períodos sin remuneración.

En la mayoría de los casos, las becas y programas autonómicos mejoran las condiciones estatales, pero la inconexión de un sistema que sí debiera estar globalizado, a diferencia de otros campos, impide la continuidad de los trabajos e imposibilita un futuro estable. El Gobierno valenciano, sin ir más lejos, espera llegar a los 18 millones de euros anuales con su Programa Prometeo, después de haber financiado 4.000 proyectos de investigación en los últimos cuatro años. Pese a ello, algo falla cuando los investigadores valencianos siguen saliendo al extranjero en busca de oportunidades.

Si no hemos conseguido responder a la pregunta del ministro Soria, ahí va una moraleja aportada por el vicepresidente de la Federación de Jóvenes Investigadores, José Díe, para ayudar al Gobierno en su cruzada por la I+D+i: Se debe invertir más, pero se debe gastar mejor.

Autor:   Iván Pérez



   Enlaces de interés
 
Investigadores en madri+d
Weblog madri+d: Política Científica
Weblog madri+d: Asociación para el Avance de la Ciencia y la Tecnología en España


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11 comentarios



 11
   Manuela Rubio | 18/02/2008
 
El que más aguanta no tiene porqué ser malo tampoco. Ni el que tiene el mejor expediente es un genio, ni el que se va al extranjero es el mejor de todos. No son buenas las generalizaciones, y estamos cometiendo errores por ellos. A ver si resulta que nos tenemos que sentir culpables por todo. Estudiar como en Europa no se puede aquí. Por tanto, aquí se sigue valorando el excelente expediente aunque el personaje sea un bicho o un capullo; allí se valora además a la persona. Así nos va, prefiero una buena cabeza pensante, con ganas de trabajar, y buena persona, a un expediente andante.
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   MJ | 12/02/2008
 
Formo parte de la cantera de investigadores de este pais, hasta ahora no puedo quejarme (hay que decir que un buen expediente ayuda bastante) pero es cierto que no veo el futuro con optimismo aquí. Creo que al sistema español le falta transparecia, movilidad, dinamismo  y flexibilidad, la colaboración universidad-empresa brilla por su ausencia, los contratos (si existen) son soluciones mediocres a corto plazo..Sin embargo sobran las ganas de 'pillar una plaza' y asi nos relajamos. Dejen paso! que hay mucha gente con muchas ganas!
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   Joaquin | 12/02/2008
 
La gran diferencia entre España y otros paises con una mayor dedicacion a I+D+i como Alemania, Francia o Reino Unido es el esfuerzo realizado por la empresa privada en ese ambito. No se puede pretender que la investigacion publica contrate a todos los nuevos doctores igual que nadie pretende que la administracion publica contrate a todos los licenciados que salen de la universidad. Es la iniciativa privada la que nos esta fallando. Por eso hay mas trabajo en esos paises que en el nuestro. Ese tejido empresarial trabajando en tecnologia punta no se organiza de un dia para otro. En aquellos paises que tanto envidiamos llevan ya muchas decadas dedicando un buen porcentaje de PIB a la universidad y a la investigacion. Aqui acabamos de empezar como quien dice. Creo que la situacion en España esta mejorando pero no podemos esperar la equiparacion con'esos paises' por el simple hecho de aumentar nuestro esfuerzo hasta un 2% del PIB hasta que pasen unas cuantas decadas. Seguramente con el tiempo ese esfuerzo dara lugar de una manera natural, o a traves de planes y subvenciones ya existentes, a una estructura de empresas tecnologicas (no necesariamente de informatica e internet!) que participen del esfuerzo investigador y contraten a buena parte de los doctores recien formados.
Hasta entonces, yo recomendaria a esos jovenes investigadores que se busquen las lentejas alla donde las alla; que salgan de España. Su aprendizaje de sistemas que funcionan mejor contribuira en buena medida a mejorar lo que aqui hacemos. Probablemente seran ellos y no los que se quedan en el sistema publico de I+D español los que acaben montando empresas de tecnologia punta en nuestro pais.
Animo y a conocer mundo. Comprobareis que no son mas listos, ni trabajan mas, ni mejor, solo llevan mas tiempo.
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  8
   maria | 11/02/2008
 
Por desgracia el articulo no refleja casos particulares sino la realidad de muchos investigadores precarios. Pasamos de beca en beca o de contrato de un proyecto a otro , como 'la falsa moneda que nadie se la queda', con periodos de paro (no remunerado en muchas ocasiones) en los que seguimos trabajando gratis porque sin publicaciones no vas a ninguna parte. Y es cierto, en la Ciencia en España no siempre quedan los mejores sino los que mas aguantan. Al final como somos un colectivo minoritario nadie nos hace caso. En cuanto al comentario de alguien de que cada vez se incorporan mas extranjeros a los equipos de investigación es porque los estudiantes que van a hacer una tesina o un DEA y ven lo sacrificado de la investigacion, la dificultad de conseguir una beca y que tras 4 años de tesis, solo hay un titulo de doctor, una patada y a la calle, deciden no seguir. Los extranjeros tienen la ventaja de que en sus paises se valora un doctorado y tienen grandes posibilidades de conseguir un buen trabajo.
!!Que pena que no seamos guionistas de cine y series de TV porque si nos pusieramos en huelga NOS HARIAN CASO!!!!!
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   María | 11/02/2008
 
Aunque ilustrado con penosos ejemplos, el artículo refleja la realidad de la carrera investigadora en este país. Aunque no es ni de paletos ni de nacionalistas querer trabajar en el país de origen, el sistema español refleja lo pequeño de su 'espíritu' al no ofrecer buenas oportunidades a aquellos investigadores que tanto le costó formar. Aunque en la 'auténtica ciencia' (como en cualquier aspecto de la vida) hay que esforzarse y producir, los contratos temporales no son aliciente para el esfuerzo. Tiene guasa que por criticar el funcionariado en la ciencia tengamos que defender la precariedad, el desencanto y el despilfarro de recursos que esta implica.
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   Joan | 11/02/2008
 

  Seria muy constructivo si pudierais anunciarnos como se encuentran a estos españoles en el extranjero. Yo llevo 16 años en EEUU y a mi vuelta me encantaria saber como saber quine esta fuera para ofrecer puestos en mi empresa, pues parece mas facil traer a alguien de fuera, por ejemplo a Malaga, que conseguir que se mude un español ya instalado aqui. Si sabeis de varios mecanismos para contactarlo agradeceria los expusierais aqui mismo.
  Gracias
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   Aura | 11/02/2008
 
Pues justamente yo estoy muy de acuerdo con la frase: ''no se quedan los mejores, sino los que más aguantan''. Tal vez no sea cierto en todos los casos, pero sí en muchos. Conozco mucha gente brillante que no ha aguantado ir de beca en beca y tiro porque me toca.
Puede que con 28 años todavía sea predoctoral porque no se ha podido permitir una carrera investigadora como debería porque ha tenido que pagar hipoteca, ha tenido hijos o cualquier situación que un trabajador normal ha podido solventar. Por que los investigadores no podemos ser trabajadores normales??
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   Oscar Corcho | 11/02/2008
 
Creo que el artículo se centra demasiado en casos personales, que siempre existirán (en mi caso, he retornado a España en buenas condiciones después de dos años trabajando como investigador en el extranjero), pero no valora de una manera muy adecuada algunos parámetros que habría que tener en cuenta, y que al menos yo he podido percibir en estos últimos años.
Uno de estos parámetros, que he observado recientemente, es que está aumentando el número de extranjeros (no sólo iberoamericanos, sino también de otros países de la Unión Europea) que se están incorporando a los grupos de investigación españoles. Al menos esto es una tendencia generalizada en la mayoría de los grupos que conozco en el área de Informática, y además estos investigadores son en general de buena calidad. Esto creo que marca una inversión en la tendencia del flujo de investigadores entre países.
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   Alfonso J. Vázquez Vaamonde | 11/02/2008
 
Es necesario reflexionar sobre la realidad de que estamos edmpezando a volver a vivir: la libre circulación de personas, al menos dentro del ámbito de la Unión Europea.
Con todo, eso ha permitido, simplemente, recuperar la normal realidad de la Edad Media, antes de que el nefasto nacionalismo, nacido de la mano reaccionaria de reyes absolutos, que querían controlar la libertad de sus súbditos, los hubiera encerrado en una malla de fronteras irracionales que no podían cruzar si no se disponía del pasaporte 'propiedad del Gobierno de turno'. El abandono del latín como lengua universitaria fue un instrumento de limitación de la libertad de comunicación. Hoy algunos gobiernos aldeanos repiten ese error.
Tras el triunfo del racionalismo de la ilustración, se produjo la nefasta 'contarreforma' del nacionalismo que anegó Europa de un sensiblerismo patriotero y xenófobo a base del falseamiento de la verdad: la unidad del género humano provocando los totalitarismos judeo-fascistas de superioridad de unas razas sobre otras.
Como todas las ideas simples, por falsas, prendió y sigue prendiendo en las mentes menos reflexivas; las de los 'skin heads', porque es sólo 'skin' lo que tienen en sus 'heads'; y las de los que, aunque no lo parecen porque tienen otra estética capilar, también lo son.
Frente la la globalidad de la Universidad medieval, que hacía honor a su nombre, asistimos al renacimiento de la aldeanidad de la universidad a la que, menos da una piedra, se opone el movimiento Erasmus.
Un movimiento que pretende recuperar aquellos tiempos gozosos en los que los estudiantes iniciaban su carrera en Salamanca, la seguían en Bolonia luego en París y la acababan en Cambridge por citar sólo algunas de las Universidades de más prestigio en la Edad Media. Un viaje que no buscaba los aprobados más fáciles sino al contacto con los mejores profesores y a la adquisición de experiencias universales con las que 'quitarse el pelo de la dehesa' en la que habían sido apacentados en su infancia.
El movimiento de profesores era también acorde con esa realidad. Al margen de los reinos, la universalidad del conocimiento hacía que la movilidad docente fuera lo normal y los mejores profesores eran contratados por las mejores universidades.
También los mejores artistas iban de un reino al otro y los mejores ingenieros, normalmente militares, podían ser contratados aquí o allá.
Estamos recuperando la realidad de Europa como un terreno común; por ello resulta extemporánea esa insistencia en el regreso al hogar natal de nuestros 'mejores cerebros científicos' abandonando las posibilidades mejores que les ofrecen los países en cuyos gobiernos hay personas más inteligentes que en los nuestros.
Vivimos en un mundo en el que los ciudadanos con menor cualificación no tienen el más mínimo inconveniente en recorrer miles de kilómetros para encontrar la oportunidad que su país no les ofrece; incluso arriesgando su vida y viviendo en condiciones de ilegalidad que los convierte en carne de cañón de desalmados explotadores.
En ese contexto, que afecta a millones de personas, da pena - en el genuino sentido de vergüenza - oir la queja de nuestros mejores cerebros por el 'exilio científico que sufren', cuando deberían disfrutarlo.
Son unos privilegiados que han tenido excelentes oportunidades de desarrollo profesional en un mundo que es cada vez más pequeño - Europa tiene apenas un radio de 3 h en avión - pero se quejan por no poder ejercer su trabajo en la aldea en la que nacieron. A principios de siglo dejar las vacas y venirse a Madrid, era un viaje de 16 -20 horas, gracias al ferrocarril, que todos realizaban gozosos y sin el menor ánimo de regresar.
El viejo sentimiento 'nacionalista' de trabajar en España - una penosa consecuencia de la independencia de América - ha sido sustituido por el sentimiento autonómico, 'nacionalista al cuadrado', de querer trabajar dentro de este invento político- administrativo-nacional que son las autonomías; y aun los hay que, en su 'nacionalismo al cubo', se resisten a trabajar en una provincia distinta de aquella en la que nacieron.
¿Es eso todo lo que destilan nuestros mejores cerebros?. Pues vaya espíritu de globalidad.
La política de 'recuperación de cerebros nacionales' para la ciencia es, en mi opinión, un error propio de paletos. La verdadera política científica lo que debe buscar es la 'incorporación de cerebros' para la ciencia, libres de la más mínima connotación nacional, autonomica, provincial, municipal o lugareña, que todas tienen el mismo 'espíritu'. ibre también de toda exigencia de cnoocimiento del español o de cualquiera de sus lenguas vernáculas, mientras exista posibilidad de comunicación con los demás cientificos. Proust  no hubiera venido a Segovia de haber predominado esa 'política linguística'.
España sólo tendrá una política científica adecuada cuando el resultado sea que el número de investigadores franceses, ingleses, alemanes o de los USA  que trabajen aquí sea equivalente al de españoles investigando en Francia, Inmglaterra, Alemania o en los USA.
Será entonces cuando estaremos empezando a hacerlo bien. Cuando estaremos empezando a  contribuir a la creación real del 'espacio de investigación' más que europeo, mundial; dando el primer paso para crar el espacio global de investigación.
Mientras tanto, por más que sea comprensible la pretensión de los interesados, la política de retorno de 'cerebros españoles', por ser 'españoles' y no por ser 'cerebros', no deja de ser una catetada; cuando triunfe sólo habremos conseguido tener 'cerebros españoles'.
Es penosamente paradójico contemplar  esta pretensión 'morriñosa' de doctores por prestigiosas universidades al contemplar la distinta actitud de tantos ciudadanos, muchos de ellos sin tener ni el nivel de graduado escolar, para los cuales el mundo se les ha quedado pequeño.
Paso de las críticas a la política de este gobierno por incumplimento de lo prometido en cuanto a la recuperación de cerebros españoles. Incumplir lo prometido es una constante en todo el que promete. Y ello al margen de que, en cualquier caso, el cambio es superior a lo realizado por elanterior - donde la tríada de ministros Piqué-Birulés-Costa resultará difícil de olvidar por su total desinterés por la I+D+i.
Lo que el país necesita es 'traer cerebros científicos europeos', sean españoles o no; o, mejor aun, 'cerebros científicos mundiales', sean españoles, europeos o no. Ésa es la única política científica que debemos exigir a nuestros políticos.
Y a esa minoría de españoles que ha logrado su formación universitaria, y a la que, en una minoría mucho mayor, ha obtenido su doctorado, y a la que, en una mïnoría aun más pequeña, ha logrado un trabajo como investigador fuera de España, jamás encontrarán en mí el más mínimo ánimo para que regresen.
Yoo sólo puedo animarles a que no quieran volver; y, menos aun, enredados en contratos miserables con los que arruinan una expectativa de vida profesional magnífica y fecunda para la ciencia y, sin duda, para ellos mismos como profesionales y como personas.
El mundo es pequeño para quien tiene un espíritu grande.
Y un investigador, por vocación, no puede tener un espíritu pequeño.
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   Sergio | 11/02/2008
 
Me parece muy lamentable el artículo, en la línea del periódico de donde sale. Todo es un valle de lágrimas. Los testimonios que reproduce son tristítisimo, especialmente ese de 'no se quedan los mejores, sino los que más aguantan'. Habría que acabar con los funcionarios de la ciencia: plantear a esos jóvenes que se quieren comer el mundo, que son tan brillantes (¿donde han publicado? ¿Cómo es que es predoctoral con 28 años?) que la auténtica ciencia es la que sólo te ofrece contratos temporales, la que te obliga a esforzarte y producir.
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  1
   Juan Moreno | 11/02/2008
 
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