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Destellos de genialidad

El limpiaparabrisas de un coche parece un aparato de lo más prosaico. Pero este dispositivo provocó una batalla histórica en la que dos gigantes del automóvil fueron derrotados por un modesto inventor de Detroit. Esas dos varillas que permiten ver la carretera en un día de lluvia son la versión americana de la historia de David contra Goliat.


FUENTE | Público
04/11/2008
 
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En 1964, Bob Kearns, un ingeniero cuyo primer invento fue un peine que dispensaba tónico capilar, creó en el garaje de su casa el prototipo del limpiaparabrisas actual. Hasta entonces, estos aparatos funcionaban sin pausas, lo que en ocasiones dificultaba la visibilidad. En cambio, el modelo de Kearns era como un ojo, es decir, parpadeaba cada cierto tiempo. El papel de Goliat lo encarnaron sucesivamente Ford y Chrysler, a quienes Kearns denunció cuando descubrió que le habían robado su invento.

"La gente como Kearns tiende a no rendirse cuando tienen una idea", señala el periodista y escritor John Seabrook. Desde los años noventa, el autor se ha especializado en seguir los pasos de inventores desconocidos para el gran público y narrar sus historias. Su artículo sobre el inventor del limpiaparabrisas encabeza una recopilación de sus mejores artículos, recién publicada en EE.UU. y llamada Flash of Genius (St Martin's Press), algo así como destellos de genialidad. La historia de Kearns ha llegado también a Hollywood con Flash of Genius, una biografía algo dulcificada, protagonizada por Greg Kinnear, que se acaba de estrenar.

"Nunca tuve claro si ésta es una historia de éxito o de fracaso", confiesa Seabrook. De niño, Kearns quedó fascinado por la descomunal planta que Ford tenía en Detroit cuando esta ciudad era la capital mundial del automóvil. Su sueño siempre fue trabajar para ellos, así que, cuando inventó el limpiaparabrisas, no dudó en mostrar su idea a Ford. La compañía, que estaba investigando la manera de fabricar limpiaparabrisas intermitentes por su cuenta, primero se interesó pero después desechó el modelo de Kearns. Poco después, Ford sacó al mercado el primer coche con limpiaparabrisas intermitentes. Un modelo muy parecido al de Kearns. Durante los años setenta, el producto se popularizó y otros fabricantes estadounidenses y europeos lo incluyeron en sus coches. Kearns se sintió traicionado y denunció a Ford por vulnerar su patente en 1978.

Casi 15 años después, y tras un largo proceso legal en el que el ingeniero se representó a sí mismo, Kearns ganó el juicio. Ford le pagó 10 millones de dólares como compensación y, dos años después, el ingeniero recibió más de 15 millones tras ganar otro juicio contra Chrysler. Pero el inventor nunca consiguió lo que realmente deseaba: el reconocimiento por parte de Ford de que le había robado su invento.

El de Kearns es sólo un ejemplo del enorme poder que tienen en EE.UU. los inventores, o mejor dicho, sus patentes, reflexiona Seabrook. La ley de patentes es un arma de doble filo cuyo proyecto de reforma está estancado en el Senado. Mientras muchos inventores defienden la ley por la amplia protección que les ofrece, las principales compañías tecnológicas opinan que es un obstáculo para la innovación. Y es que la ley también ampara a aquellos cuya principal fuente de ingresos es acumular patentes, sin ninguna intención de desarrollarlas, y denunciar luego a cualquier empresa que las ponga en marcha. El mundo corporativo los llama patent trolls, los ogros de las patentes.

LEMELSON, EL PROLÍFICO

El caso más destacado lo representa el ingeniero Jerome Lemelson, el segundo inventor estadounidense más prolífico tras Thomas Edison. Autor de más de 600 patentes, es para unos el héroe de los inventores anónimos y, para otros, poco menos que un estafador. Sus patentes eran como peajes en una carretera que compañías como Sony, Apple, Sanyo o Siemens tuvieron que pagar, cuenta Seabrook. Lemelson no materializaba la mayoría de sus patentes sino que esperaba a que fueran otros los que lo hicieran. Cuando sus ideas sobre teléfonos, reproductores de vídeo o faxes eran utilizadas por grandes compañías, Lemelson acudía a los tribunales con su patente bajo el brazo. El inventor ganó así más de 1.000 millones de dólares y antes de su muerte, en 1997, creó una fundación para ayudar a pequeños inventores.

También hay abogados especializados en comprar ideas y sacar cuantiosas sumas a grandes compañías por utilizarlas. Sus únicas armas son unos cuantos folios registrados en la Oficina de Patentes de EE.UU.. En 2006, RIM, fabricante de la Blackberry (líder en el mercado de teléfonos inteligentes en EE.UU.) pagó más de 600 millones de dólares a una pequeña compañía que poseía una patente sobre el envío de correos electrónicos. Pero el primer ogro de las patentes es un abogado de Chicago llamado Ray Niro, quien recibió ese mote durante un juicio contra Intel, el gigante de los microchips. Héroe o villano, Niro lleva casi 40 años enfrentándose a poderosas compañías y ganando sumas astronómicas en muchos casos. El abogado defiende su reputación diciendo que, en EE.UU., nadie llama "ogros inmobiliarios" a la gente que compra y vende terrenos.

"Yo simpatizo con los inventores que trabajan solos pero es tan fácil abusar del sistema que es necesario reformarlo", señala el escritor. La reforma de la ley de patentes es una patata caliente que ha estado dando vueltas durante años. El año pasado comenzó a debatirse en el Congreso un nuevo borrador que reduciría el número de juicios y frenaría a los ogros. La ley la apoyaban empresas cuyo negocio se basa en tecnologías en constante evolución como Google o Microsoft. En el otro lado se encuentran las grandes empresas farmacéuticas, que viven de sus patentes sobre medicamentos.

Y, ante la crisis económica y con las elecciones a la vuelta de la esquina, no parece que éste vaya a ser un tema primordial en los próximos meses. "Es muy fácil abusar del sistema de patentes porque es difícil definir qué es exactamente un invento. Y siempre ha sido así", concluye Seabrook.

Autor:   Nuño Domínguez



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3 comentarios



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   Paco | 09/04/2011   Bilbao, España
 
Sr. Nuño Dominguez: En primer lugar: Esta muy bien el articulo que habla sobre el ingeniero que 'supuestamente' fué 'inventor del limpiaparabrisas'; ¿el inventor del limpiaparabrisas? ¿perdón?... ¡será en todo caso el que mejoró el limpiaparabrisas!.
Cuando uno escribe sobre algo que tenga que ver con la historia, con lo empírico o simplemente con la noticia, se debe documentar para que cuando menos no genere confusión. Si bien es cierto que fue el creador del 'LIMPIAPARABRISAS INTERMITENTE' o en su defecto la mejora del limpiaparabrisas tal como lo conocemos en la actualidad. Creo en justicia que no se puede hacer referencia en un articulo de esta índole sin nombrar realmente a su CREADORA: Mary Anderson que patentó su invento (no sin dificultades, por su condición de mujer) en 1905 (unos pocos años antes que Kearns ¿no?) y a pesar de que no se conozca mucho, tal vez la condición de mujer siga pesando mucho incluso en nuestros días, esta pionera tuvo la genialidad mientras viajaba en tranvía y padecer las continuas paradas del mismo como consecuencia de que el 'motorman' o conductor tenia que parar cada cierto tiempo para limpiar la porquería acumulada en el cristal con el consiguiente prejuicio para los usuarios en la demora del trayecto. Dicho esto y sin desmerecer el desarrollo de Kearns, creo que es de justicia reconocer y mencionar a la pionera y joven inventora del conocido 'limpiaparabrisas'.
Al Sr. Gustavo Dillon: Aunque estoy de acuerdo que se ultraja de forma permanente el talento de unos para beneficio de otros no puedo por menos que mostrar mi disconformidad con la 'alegría' que habla del 'pirateo' y de una pagina 'x' que justifica la piratería con un dicho popular. En primer lugar quiero dejar patente que estoy en contra de la piratería sea del índole que sea, pero en toda su extensión; me explico. Si yo me compro una película, un programa informático o un libro (aunque este ultimo caso, el del libro, no tiene sentido) me pasa algo muy curioso: si la película la compro y la veo una vez y la archivo olvidándome de ella en la repisa de turno, no tengo ningún problema ni motivo para 'copiarla'; pero el problema es cuando la película que compro (obviamente la compro por que me gusta y por ende considero que tengo que 'protegerla') lo que quiero es  guardar el original y protegerlo y machacar la copia cuantas veces soporte. Lo mismo me pasa con los programas informáticos (es cierto que estos son mas vulnerables a los 'problemas'). Compro el original y quiero usar la copia y mantener el original a 'buen recaudo'...por si las moscas. Todo esto de las 'copias' no es por capricho si no para proteger mi inversión. Me gasto en un software para uso domestico 65.000 de las antiguas pesetas (no haré publicidad gratuita) y ¡voila! cuando tengo que reinstalar el software (¡mala suerte!) '...la unidad a la que intenta acceder no esta disponible...' y ¡que curioso! no he podido realizar mi copia de seguridad (para proteger mi gran inversión, porque créame que no es ficticio ni le hablo de las 65.000 ptas. (390,66€ de ahora) sino que en su momento (hace 12 años) ser 'legal' era muy costoso.) Primero porque no podía realizar copia ('El disco que intenta copiar esta protegido...') y en segundo lugar porque el disco en el que tenia que copiarlo incorporaba un canon que ya había pagado anteriormente; amen de que el precio era/es un 'atraco' sin lugar a dudas (no entraré en detalles de invención, creación, desarrollo, protección intelectual, etc., en lo que a costes repercute y que conozco) me refiero a que si yo como 'usuario particular' tengo que pagar lo mismo que el que lo usa en múltiples puestos, y ademas volver a comprarlo si se me estropea el original ¡viva la piratería!  
Ni todo es piratería ni los que copian son 'piratas'. Los únicos piratas son aquellos que tratan de ganar miles de millones de euros y si no lo consiguen lo justifican diciendo que la 'piratería' terminara con el cine, la literatura o la creatividad.
Se ha planteado alguien con sentido común que su inversión de 100€ le tiene que dar una rentabilidad de 10.000€ en un año porque si no ¿le dará perdidas?....
Independientemente de que se haya generado una 'industria' paralela como consecuencia de la piratería, que esta mal; claro que esta mal, en lugar de lamentos hay que plantear soluciones y lógicamente no pasan estas por culpar solamente a la piratería ¿es usted capaz de sacar al mercado un producto cuya rentabilidad sobrepase 10.000 veces su coste? No trato de ponerme contra usted en su planteamiento (que no le falta razón) si no de hacerle ver que tal vez, a mi, me hayan obligado a buscar otras alternativas para proteger mis intereses; en definitiva, que el origen de la piratería probablemente sea mas consecuencia de gente que se ha cabreado cuando a visto que a tenido que tirar su dinero a la papelera por el celo de la protección intelectual' que por el hecho de 'robar' ideas de otros. Pero siempre hay algunos que se lucran de las ideas de otros, nunca mejor dicho. Ni todo es blanco, ni todo es negro...
Espero que este escrito no dañe el 'intelecto' de nadie y menos de los aludidos, pretende ser un punto de vista diferente en la referencia al Sr. Gustavo y una aclaración que creo justa en el caso del Sr. Nuño; en cualquier caso saludos a ambos.
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   JVM | 25/01/2010   Lima, Peru
 
Los inventores son personas que con su talento creativo y perseverancia logran los cambios que hoy la humanidad disfruta hace dos siglos atras el promedio de vida de los seres humanos en general era de 40 años hoy en dia supera los 60 años, el indice de mortalidad
de los niños para llegar a los 10 años era del 50%, quien sino ellos lograron mejorar primero nuestra capacidad de comunicar los conocimientos  a traves de la imprenta con Gutemberg,
de donde creen que llegaron los adelantos y la revoluciòn industrial que multiplico los beneficios en productos, en el agro y en el campo de las medicinas.
Sin embargo la humanidad acepta hoy en dìa un sistema que explota y abusa de los innovadores obligandoles a descubrir sus secretos para todo el mundo  y confinandolos a una propiedad estupida de sòlo su paìs obligandoles a pagar tasas enormes de 200,000  dòlares en menos de 12 meses si quieren evitar ser copiados por la industria asiatica.
Este mundo no tiene oportunidades para los hombres talentosos que desean  industrializar sus inventos porque a la gente en general no le importa de donde vienen los descubrimientos , ni lo que les pase a los inventores
El sistema puede mejorar si se modifica una regla tonta del requisito de novedad que solo sirve para que ganen los abogados y los que trabajan en las oficinas de los derechos de propiedad intelectual
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   Gustavo Dillon | 05/11/2008
 
Ämigo Nuño: excelente su reportaje. Estoy de acuerdo con lo inventores, porque son dueños del 'talento' para crear cosas, y que las respalden con patentes. De no ser así. estariamos en la presencia de explotadores del ingenio ajeno para su propio usufructo y sin pagar nada o cualquier miseria; indiferentemente, que siempre hay y habrá los que se apropian de ideas ajenas y así vemos todos los días la gran 'pirateria' que hay con las películas. Las hay que todavía no las han estrenado en los cines y ya hace rato que las venden por las calles a una décima parte del valor real de las originales. Lo mismo sucede con la literatura, los grandes 'títulos' se venden por las calles antes de que los lancen de manera oficial. Y, así es con la música. Hay en Internet un sitio que se llama 'piratas,com' o algo parecido ,en el cual reza como 'eslogan': ´'ladrón que roba a ladrón, tiene cien años de perdón'.contina...
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