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I+D: un año más de crecimiento insuficiente

La cita anual con las cifras de I+D del Instituto Nacional de Estadística (INE) se salda una vez más con decepción, este año incluso más que en los dos ejercicios anteriores. El crecimiento de nuestro esfuerzo global en 2007 -como es sabido el INE consolida los datos de cada ejercicio anual a finales del año siguiente- revela que éste aumenta solamente en un (insuficiente) 12,9% con respecto al año anterior.


FUENTE | Expansión
12/12/2008
 
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Se trata de un incremento que sería astronómico en Alemania, Francia o Estados Unidos, países que en los que la actividad investigadora alcanza entre el 2% y el 3% de su PIB, incluso más. Pero para España es totalmente insuficiente, significa que prácticamente al final de la legislatura anterior estamos en un esfuerzo global en I+D del 1,27%. El Gobierno había expresado su determinación de llegar al 2% de nuestro PIB al final de la legislatura, de hecho afirma haber duplicado la inversión pública en I+D durante la legislatura pasada.

Las cifras reales no confirman estas afirmaciones, lo que hace necesario analizar algunos detalles, además de valorar nuestro modelo de gestión de la política científica, que muestra signos claros de agotamiento. La inversión pública en I+D financia tanto al sistema público (universidades, organismos públicos de investigación) como, en parte, al sistema privado industrial y al mixto parques tecnológicos. A su vez el sector privado contrata también investigación con los centros públicos. El desglose de cifras de 2007 revela muy pocos cambios sobre años anteriores. Las empresas sólo financiaron un 45% de las tareas de I+D realizadas en España, aunque ejecutaron el 55,9 (algunas décimas más que en 2006). La estadística revela un aumento del número de empresas innovadoras (16%) que significa poco para el logro de los objetivos que nos hemos propuesto, dada la situación de partida.

La evolución previsible para los períodos siguientes es aún peor. El incremento del presupuesto público de I+D en 2008 fue menor que en 2007, mientras que la crisis impacta de forma notable en las cifras que se preparan para 2009, no habrá crecimiento el año próximo sino disminución. Sólo una apuesta clara por la I+D podría corregir esta situación, es decir, sólo un recorte serio de gastos innecesarios (algunos ministerios enteros, por ejemplo) a favor de la Ciencia y la Tecnología, podría corregir estas insuficiencias, pero nada indica que esto se vaya a producir.

INCENTIVOS FISCALES Y FINANCIACIÓN

Está claro que el sector público no puede soportar todo el gasto que necesita el sistema de I+D. De hecho, en los países más activos en Ciencia y Tecnología el sector público aporta un tercio, pero las administraciones tienen instrumentos para estimular la actividad innovadora de la industria. Desde la financiación directa de algunos de sus proyectos, hasta los incentivos fiscales y de otros tipos. Seguramente que el fomento de una investigación pública en el mundo académico, en donde la creatividad de los científicos y tecnólogos encuentre cauces, es la mejor herramienta de la Administración pública tiene en sus manos, para promover una investigación científica al servicio del desarrollo económico.

Ése es el modelo que rige en Estados Unidos. Cabe preguntarse, entonces, por qué si nuestros gobernantes afirman haber duplicado el presupuesto público de I+D (que financia más de la mitad de la inversión) la evolución de nuestro indicador de I+D ha pasado del 1,10% en 2003 a solamente el 1,27% en 2007. El crecimiento global de la economía no puede dar cuenta de este hecho. Ciertamente, en las cifras presupuestarias de la función I+D de los Presupuestos Generales del Estado (PGE) hay una distorsión que puede explicar en parte el desfase. Se trata de las partidas de activos financieros, que corresponden a préstamos reembolsables para actividades de I+D. Lo clásico era que esta partida supusiera del orden del 15% del total de la correspondiente función presupuestaria, pero en pocos años ha llegado a pesar más del 50%. La aplicación de estos fondos de préstamo resulta más incierta en cuanto a su ejecución como tal, lo que podría explicar el desfase que reflejan los datos del INE frente a lo que cabía esperar.

Con ello, en España nos sorprende -una vez más- una crisis económica sin haber alcanzado niveles dignos de esfuerzo en I+D. Ahora la crisis demanda un cambio en el modelo productivo, para lo cual tanto la educación como la investigación resultan fundamentales. Se impone la necesidad de priorizar la actividad innovadora, tanto con recursos suficientes como con las políticas adecuadas. La visión retrospectiva de los últimos años prueba que nuestro modelo de gestión no nos va a llevar a la convergencia en I+D en el mínimo grado que necesitamos. Los crecimientos de nuestro esfuerzo científico-técnico, con respecto al ejercicio anterior, son ilustrativos: en 2002 se alcanzaba el 1,03 del PIB creciendo un 10,7%; en 2003 llegábamos al 1,10% creciendo un 14,2%; en 2004 el indicador se quedó en 1,07% del PIB tras crecer un 9%; en 2005 llegamos al 1,13% tras crecer un 14%; en 2006 lográbamos el 1,20% tras crecer un 16%; finalmente, en 2007 tenemos el actual nivel de esfuerzo en el 1,27% tras crecer un 12,9%. El logro del 2% del PIB en I+D está pues muy lejos, cuando muchos países que lo alcanzaron hace tiempo siguen aumentando, mientras que otros más rezagados que nosotros en el pasado, como algunos países comunitarios, ya nos han adelantado en este esfuerzo.

Urge plantear de verdad un aumento del esfuerzo, público y privado, pero que sea real, no ficticio. Urgen nuevas políticas, como la reforma de la Universidad que potencie la investigación; la organización de los OPIs, porque su reforma a través de la Ley de Agencias resulta inoperante; es imperativo influir más y mejor en la política de I+D de la Unión Europea, pues al no retornar ni siquiera lo que aportamos al programa comunitario somos financiadores de la investigación de los países más desarrollados. Urge, en fin, actualizar las normas sobre incentivos a la investigación industrial. Hace falta un nuevo modelo de financiación y gestión de la I+D.

Autor:   César Nombela



   Enlaces de interés
 
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1 comentario



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   MANUEL GARCIA FERNANDEZ | 15/12/2008
 
Despues de ocho años ofertando los sorprendentemente interesantes resultados obtenidos en  el Proyecto Tecnológico 2000, el Motor Rotativo 'Turbina 2000', cuyo alto rendimiento ha sorprendido a todos los técnico y demás entendidos del mundo del motor, aún no hemos encontrado la empresa que esté dispuesta a invertir en el desarrollo y explotación de este invento, que todos pueden conocer a través de internet en donde se encuentra publicado con dicho nombre.
   Es muy importante la investigación, pero de nada vale sin el desarrollo y la innovación, y esto último ya no depende del investigador, si no de las empresas.
Saludos.
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