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Las propuestas para dicho pacto, que han desfilado por las páginas de ABC de la mano de autorizados especialistas, Ministro de Educación incluido, son variadas. Desde el escepticismo sobre las posibilidades de acuerdo en cuestiones de fondo, hasta un catálogo de medidas coyunturales. Faltaba añadir la ampliación de la edad de educación obligatoria.
¿Cuánto tiempo puede nuestro sistema docente soportar las limitaciones y deficiencias? Cuáles serán las consecuencias de seguir aplazando medidas de urgente necesidad, al logro de un acuerdo general pactado. Aplazar los problemas supone prolongar sus consecuencias, las soluciones hoy factibles, mañana pueden requerir redoblados esfuerzos. He aquí algunos ejemplos. La mejora de la enseñanza media, basada en el esfuerzo y el apoyo a los docentes, a su tarea y a su autoridad, resulta imprescindible, tanto para cimentar la universidad, como la FP. La inútil reforma de la Ley Universitaria (LOU) de 2007, agrava las deficiencias en la selección del profesorado y su movilidad. Como era de esperar, el acceso y la promoción a puestos permanentes se consolidan como procesos burocráticos impersonales a través de la ANECA -sorprende la escasa repercusión que ha tenido el relevo de su máxima responsable- para dejar reducida la prueba pública a un trámite de adscripción de candidato único. Difícil es para la universidad pública incorporar a candidatos nuevos y capaces, a pesar de que existen. La limitada relevancia que la investigación tiene en el gobierno y la gestión de los recursos universitarios, seguirá limitando nuestro despegue en I+D, más con los recortes presupuestarios.
Autor: César Nombela
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