|
No cabe duda: el cambio climático es, y será todavía más, una tragedia de enormes proporciones para muchos de los habitantes de este planeta. Este 'lado oscuro' del cambio climático es aún más latente en un contexto en el que la comunidad internacional está trabajando a contrarreloj para llegar a un acuerdo digno -satisfactorio sería, vistas hoy las cosas, un calificativo exorbitante- para la Cumbre de Copenhague que tendrá lugar el próximo mes de diciembre.
Oportunidades en un entorno cambiante Precisamente por la magnitud del fenómeno, la respuesta de la comunidad internacional, aún incipiente, debe ser igualmente contundente. Existe un abismo entre las propuestas que están encima de la mesa y las necesidades de acción que se están poniendo de manifiesto desde el mundo científico.
El Protocolo de Kioto ha sido un ejercicio tímido, pero ha supuesto la generación de un primer marco de oportunidades para empresas que desarrollan iniciativas en materias como tecnologías limpias, energías renovables, ingenierías o nuevas formas de producir bienes y servicios.
Los mercados internacionales de CO2, todavía insuficientes, movilizaron en 2008 la friolera de 92.000 millones de euros, generando una cartera de 4.200 proyectos de reducción de emisiones en países en vías de desarrollo que la ONU espera reduzcan casi 3.000 millones de toneladas de CO2. Pero esto sólo puede ser el principio.
Es probable que estos instrumentos sufran un lavado de cara importante en los próximos meses, pero las necesidades de buscar reducciones de emisiones coste-eficientes en todo el mundo van a intensificarse, lo que implicará un alza, que ningún analista pone en duda, del precio del CO2 en los mercados internacionales a medio plazo. Lo importante es que, sea cual sea la fórmula que se arbitre, se ofrezca al sector privado una estabilidad y una seguridad jurídica adecuadas al menos hasta el año 2020.
PERSPECTIVAS PARA ESPAÑA
La situación en nuestro país es particularmente relevante. España -sector público y privado- será en los próximos años, en números absolutos, uno de los mayores importadores de CO2 del mundo debido a la complicada situación de partida que supone el Protocolo de Kioto. Esto puede y debe suponer una oportunidad para las empresas españolas para desarrollar proyectos y canalizar inversiones, aprovechando las iniciativas de tracción que se están desarrollando desde la Administración y el sector privado.
Entre estas iniciativas, el Gobierno español hizo público hace unos meses su Plan de Impulso a la Internacionalización de la Economía Española en los sectores asociados al cambio climático, en el que se integran y refuerzan los mecanismos existentes en materia de comercio exterior, fondos de carbono, o instituciones financieras internacionales.
No cabe duda de que existe un tejido empresarial capacitado y con experiencia acreditada para aprovechar esta coyuntura, la cuestión es si será capaz de llegar a tiempo para aprovechar las primeras grandes oportunidades (low hanging fruits) y si el sector financiero, en la coyuntura actual, tendrá la visión estratégica y la valentía para implicarse en este proceso.
El gran reto ahora es convencer al sector empresarial en un momento que no invita precisamente a la aventura. Pero, ante la incertidumbre, desgraciadamente el cambio climático es una realidad firme a largo plazo en cuya mitigación y adaptación van a volcarse los gobiernos de todo el mundo.
En nuestro caso, debemos ser capaces de desarrollar acciones innovadoras a nivel interno que permitan a nuestro tejido empresarial una posición de vanguardia, junto con una política de apoyo a la exportación que permita capitalizar en parte los esfuerzos que van a ser necesarios para cumplir con el riguroso marco internacional que se avecina.
En definitiva: hacer de la necesidad virtud.
Autor: Kepa Solaun (Profesor de Economía de los Recursos Naturales de la Universidad de Navarra. Socio-director de Factor co2)
|