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Pregunta. Acaba de recibir el Premio Jaime I en Investigación Médica por sus descubrimientos 'claves' en el desarrollo de las enfermedades renales. ¿En qué consiste? Respuesta. Estamos muy interesados en evitar que la enfermedad renal crónica, sobre todo en las fases más precoces o intermedias, progrese hacia la diálisis y el trasplante. Con este premio se ha reconocido nuestra contribución al estudio del papel de la angiotensina II y de otros mediadores en la inflamación y fibrosis renal. Nuestros hallazgos contribuyeron a proporcionar una base científica a la importancia del control de la tensión arterial y de la angiotensina II para enlentecer la progresión de la enfermedad renal.
P. Dirige un grupo de investigación Vascular y Renal que está considerado como uno de los más importantes del país. ¿Qué labor hacen? R. Nuestro grupo lleva trabajando más de 25 años en el estudio de los mecanismos de daño y reparación renal. Es conocido a nivel internacional por los descubrimientos ligados a las nuevas acciones de la angiotensina II, una sustancia que regula la tensión arterial, así como por la identificación de nuevas moléculas y mecanismos implicadas en el daño renal y vascular. Somos ocho nefrólogos de plantilla con algunos residentes y 35 personas haciendo investigación a tiempo completo. Esta simbiosis de clínicos e investigadores es inusual en España y en otros lugares del mundo.
P. ¿La enfermedad renal se diagnostica bien? R. En general, sí. Basta un examen de orina determinando albúmina o proteinuria para diagnosticar de forma precoz a un porcentaje importante de pacientes, por lo que deberían incluirse en cualquier chequeo médico. Otros se diagnostican a través de la medida de la tensión arterial o de la determinación de la creatinina en sangre.
P. Un paciente hipertenso, por tanto, ¿tiene más posibilidades de padecer problemas de riñón? R. Hoy las dos causas más comunes de provocar daño renal y entrar en diálisis y trasplante son la diabetes y la hipertensión. Si no se controlan adecuadamente, pueden provocar daño renal y de otros órganos.
P. Gracias a los últimos avances en enfermedad renal crónica, ¿cómo ha mejorado la calidad de vida de los pacientes? R. El tratamiento del enfermo renal ha mejorado de manera sustancial. En las fases iniciales de la enfermedad, el adecuado control de la tensión arterial, sobre todo con fármacos que modulan la angiotensina II, (IECA o ARAII), así como la glucemia en los diabéticos ha sido clave para enlentecer la progresión. Las medidas generales higiénico-dietéticas como control del peso, el ejercicio físico y otros, son fundamentales en su prevención. En las fases avanzadas de la enfermedad, el perfeccionamiento en las técnicas de diálisis y los nuevos fármacos inmunosupresores en el trasplante renal han provocado avances considerables.
P. Su función va más allá de depurar, pero se desconoce, ¿no? R. Además de depurar los desechos del metabolismo y regular el manejo de agua, los electrolitos y el equilibrio ácido-base, el riñón es un órgano endocrino de primerísima línea. Regula la formación de glóbulos rojos, el metabolismo calcio-fósforo y la tensión arterial y recientemente se ha descrito que produce la hormona antienvejecimiento: Klotho. Es un sensor del bienestar general. Cuando cualquier órgano no funciona bien, lo detecta y sufre.
P. ¿El trasplante es la solución ideal? R. Es la terapia ideal de la enfermedad renal crónica terminal. En una situación ideal donde hubiera riñones para trasplantar, la diálisis sería una etapa transitoria. Hay pacientes que llegan al trasplante sin pasar por diálisis, sobre todo con el trasplante de vivo, cada vez más frecuente.
P. ¿Cuánta agua hay que beber? R. Hay mucha polémica sobre este tema. Cuando se bebe mucha agua, se produce más orina, pero no se eliminan más toxinas. El organismo tiene un mecanismo de control que es la sed y desde ahí se controla qué cantidad hay que ingerir. Sólo en pacientes con cálculos renales se aconseja aumentar la ingesta de manera notable. Los ancianos, que pueden perder el sentido de la sed, deben beber más, sobre todo en verano.
P. ¿Cómo han evolucionado los fármacos en este campo? R. El empleo de nuevos inmunosupresores ha permitido tratar de manera adecuada varias enfermedades renales y mejorar la supervivencia de los trasplantes. El rechazo agudo del injerto, antes una pesadilla, ahora es una situación casi excepcional.
P.¿Hacia dónde se dirige el futuro de la Nefrología? R. No nos cansamos de repetir la importancia de la prevención. Cuando la enfermedad renal está establecida, el uso adecuado de los fármacos, así como la incorporación de nuevos tratamientos, conllevarán un mejor control disminuyendo las necesidades de diálisis/trasplante. Vivimos tiempos extraordinarios en los que los nuevos conocimientos se duplican día a día.
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