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¿Por qué algunas personas se adaptan mejor que otras a la adversidad?

Una investigación realizada con adultos españoles y mexicanos identificó algunos factores psicológicos y sociales que favorecen la adaptación positiva al estrés y la adversidad. Sentido de control, autoestima, optimismo y aceptación son algunos de los recursos con los que contamos para hacer frente a los momentos difíciles de la vida.


FUENTE | UAM - mi+d
28/01/2013
 
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Un estudio, publicado en la revista Journal of Happiness Studies por un equipo de psicólogos de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), identifica algunos factores que favorecen que las personas se adapten razonablemente bien cuando se enfrentan a situaciones extremas de estrés y adversidad.

¿Por qué algunas personas se adaptan mejor que otras a la adversidad?

El estudio fue realizado con 171 adultos españoles y mexicanos de una amplia franja de edad (entre los 18 y 87 años), quienes habían vivido situaciones difíciles, tales como sufrir una separación, perder el empleo, la muerte de un ser querido o el embargo de la casa.

Enfrentarse a estas situaciones hace que las personas experimenten significativos niveles de estrés y que disminuya su satisfacción con la vida. Pero el efecto negativo de los eventos dañinos puede ser paliado a través de recursos personales y sociales que vamos adquiriendo a lo largo de la vida, como argumenta el estudio.


RECURSOS QUE NOS PROTEGEN ANTE LA ADVERSIDAD


La convicción de que podemos influir en los resultados de los acontecimientos y que la ocurrencia de estos no es ajena a nuestra forma de ser o a nuestro comportamiento, factor al que se denomina sentido de control, es un primer y muy significativo recurso para amortiguar el estrés. A éste le acompaña la autoestima, sentimiento que adquirimos a lo largo de la vida y que nos permite el aprecio hacia uno mismo y nos hace sentirnos competentes y valiosos.

Otro importante recurso es el optimismo, que significa tener la expectativa de que en general las cosas irán bien a pesar de los contratiempos. Por último, se señala la aceptación de la adversidad, no como una aceptación pasiva de resignación, capitulación o complacencia, sino como una aceptación profunda, genuina, que capacita a las personas para mirar con otros ojos la adversidad y que implica una conquista moral, ya que es una forma de superación.

A estos se añaden finalmente dos nuevos recursos que tienen que ver con la dimensión social del ser humano: el apoyo de la red social que nos rodea y la búsqueda de apoyo emocional en esta red social compuesta por amigos, familia, vecinos o conocidos.

VACUNA CONTRA EL MALESTAR EMOCIONAL

Estas dimensiones psicológicas y sociales del ser humano actúan de forma conjunta y funcionan a modo de “vacuna” contra el malestar emocional que provoca la adversidad.

Mantener la sensación de control puede favorecer que las personas se fijen metas y realicen acciones para conseguirlas. Conservar una actitud optimista y saber también cuando aceptar positivamente los hechos que son inevitables, permite mantener el equilibrio emocional. Además las relaciones personales y el apoyo emocional servirán como refuerzo al “escudo protector” que permitirá sobreponerse a momentos estresantes o adversidades y recobrar el bienestar emocional.

Éste conjunto de dimensiones humanas constituye lo que se conoce como un modelo de resiliencia, denominación que se le da a la cualidad de recuperarse de la adversidad, y puede servir de guía para planear intervenciones preventivas o curativas que apoyen a las personas que pasan por dificultades.

Los resultados del estudio no mostraron diferencias entre los participantes españoles y los participantes mexicanos. Probablemente, argumentan los autores, porque ambas poblaciones comparten cualidades culturales y sociales, como es pertenecer a una cultura colectivista, que no les hace ser diferentes en la forma de enfrentarse a la adversidad.


M. Guadalupe Jiménez Ambriz, María Izal, Ignacio MontorioRuiz.sychological and Social Factors that Promote Positive Adaptation to Stress and Adversity in the Adult Life Cycle. Journal of Happiness Studies, Volume 13, Issue 5, pp 833-848



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