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Herrera Maliani: «El caso de Aznalcóllar demostró que invertir en investigación es rentable»

Experto en Ecología evolutiva, y concretamente en las interacciones entre plantas y animales, el biólogo sevillano Carlos Herrera Maliani ha recibido el reconocimiento honorífico de la Sociedad Ecológica de América por su contribución científica. Se trata de una entidad, de las más importantes del mundo, a la que pertenecen más de diez mil profesionales, y que aglutina a la práctica totalidad de los investigadores en Ecología de Norteamérica y de otras partes del planeta.


FUENTE | ABC Periódico Electrónico
17/06/02
 
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A juicio de Herrera, «en Andalucía hay una gran tradición investigadora, y concretamente en el campo de la Ecología es puntera. Prácticamente en todas las provincias hay grupos de investigación realmente potentes, algo que no pueden decir otras Comunidades autónomas».

LARGA TRADICIÓN

«En Sevilla tenemos una larga tradición de investigación sobre Ecología en la Facultad de Biología, y la Estación Biológica de Doñana lleva muchos años trabajando en Ecología, en comportamiento y en biología de la conservación».

Toda esa acumulación de conocimientos, resalta Carlos Herrera, tuvo su recompensa a raíz del vertido tóxico provocado por la rotura de la presa minera de Aznalcóllar. «En esa ocasión, una situación de crisis en la que se requería el concurso de profesionales en un determinado campo, se demostró que invertir en investigación es rentable, y que no son cosas esotéricas e inútiles de una banda de chiflados. El ciudadano comprendió que mantener esa infraestructura científica es fundamental para nuestra supervivencia».

Añade Herrera, en relación con el papel de los científicos tras la catástrofe de Aznalcóllar que «a los pocos días del desastre se estaban tomando muestras, se sabía como había que recogerlas y qué análisis había que hacer».

Y por otra parte subraya que «hubo cierta cabeza y el problema se centralizó en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, que abrió las puertas a las universidades y se formaron grupos de expertos. Yo no sé si en otros países se hubiera atacado el problema como se atacó aquí. A todos los niveles fue un éxito, especialmente de prestigio y de la capacidad de respuesta. La información que ahora tenemos de todo el proceso, en un momento dado, si se repite la desgracia, vendrán a buscarla aquí».

Para Carlos Herrera, «hay que mantener un stock de ciencia y de científicos para que cuando surja la necesidad esos profesionales estén ahí. Por ello, «la inversión en ciencia es una inversión en futuro. Aznalcóllar demostró que la inversión que se hizo en ciencia ha funcionado, y hubiera sido terrible haber tenido que acudir a expertos extranjeros».

Por lo que es especialmente conocido Herrera es por sus investigaciones sobre la evolución de las relaciones entre plantas y animales. «Históricamente -explica- la tradición era que las plantas las estudiaban unos investigadores y los animales otros, y el trabajo ha progresado por caminos separados. Pero en los últimos quince años ha habido una tendencia a aglutinar ambos estudios».

Según Herrera Maliani, «es difícil entender cómo han evolucionado las plantas sin comprender sus relaciones con los animales y a la inversa. En ese campo que está a caballo entre los dos organismos es donde yo trabajo, y más concretamente en las polinizaciones y en la dispersión de semillas».

Desde el punto de vista práctico, el trabajo se justifica plenamente: «Imaginemos que se está estudiando una planta y se quiere saber su éxito reproductivo. Entonces se tiene que conocer también qué animales son los que trasladan en polen, lo cual es necesario para que se produzcan semillas. Y cómo influyen los animales, los insectos, en la producción de semillas, porque les gustan más unas flores u otras. Ese es un típico campo de estudio de la interacción entre plantas y animales».

PERPETUAR POBLACIONES

Luego están las investigaciones sobre la dispersión de semillas por aves. «Muchas especies del matorral mediterráneo en Andalucía -asegura- tiene frutos de los que se alimentan los pájaros, que a su vez dispersa las semillas a través de la defecaciones, y eso le ayuda a las plantas a perpetuar las poblaciones».

Herrera, en este sentido, subraya que la supervivencia de muchas plantas depende «de que sobre ellas actúen los animales. Eso lo sabe muy bien la gente que lleva las colmenas de abejas a los campos de girasol. Si no hay abejas cerca, determinadas estirpes de girasol no producen semillas. Y también lo sabe la gente de los invernaderos». En numerosos casos, apunta, «el hombre se ha inspirado en la relación entre las plantas con los animales para fijarse cómo la planta se defendía del herbívoro para aprovecharse de esa sustancia y luego sintetizarla en una fábrica».

Autor:   José Cejudo



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