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El omega-3 de la grasa del bisonte fue esencial para sobrevivir en la Prehistoria

Toda la grasa que podían encontrar y un poco de carne. Esa era la alimentación básica del ser humano hace unos 10.000 años, cuando los hielos apenas se habían retirado y el hombre moderno iniciaba la transición desde una actividad eminentemente cazadora a otra también recolectora.


FUENTE | ABC Periódico Electrónico
27/01/2015
 
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Atrás quedaba la Edad del Hielo, con una Europa cubierta por los glaciares, en la que encontrar vegetación o pesca solo era posible en los exiguos periodos de verano, demasiado cortos para suministrar a una dieta que garantizase la supervivencia. Pero pese a esas extremas condiciones de vida, el hombre sobrevivió a los hielos.

José Luis Guil Guerrero, miembro del Campus de Excelencia en Agroalimentación en el Departamento de Agronomía (Área de Tecnología de Alimentos) de la Universidad de Almería ha dirigido un sorprendente trabajo de investigación en colaboración con la Academia de Ciencias de San Petersburgo en el que por primera vez se ha analizado un animal consumido por los humanos del Paleolítico y del Mesolítico. "Hace 3 años comencé a investigar qué comía exactamente el ser humano en Eurasia durante la Edad del Hielo y la época inmediatamente posterior; para ello, me puse en contacto con algunos museos de Siberia e hice una estancia en el de San Petersburgo para analizar unos ejemplares que se habían encontrado en el permafrost siberiano. Los tres bisontes prehistóricos hallados estaban en unas condiciones óptimas. Fue como acceder al congelador de la Prehistoria", comenta Guil Guerrero a ABC.

ÁCIDOS GRASOS INDISPENSABLES

La hipótesis de partida planteada en el trabajo publicado en Scientific Reports era que la grasa subcutánea de los grandes mamíferos desempeñó una función primordial en la alimentación de los cazadores humanos del Paleolítico y Mesolítico, como fuente no sólo de energía, sino también de ácidos grasos omega-3 y omega-6, indispensables para la vida por ser precursores de hormonas y constituyentes de membranas celulares en el cerebro, entre otras funciones. "Sin omega 3 y omega-6 nunca nos hubiésemos desarrollado. Su ingesta deficiente conlleva la aparición de muchas patologías de carencia, desde las mentales (depresión, déficit de atención) a las cardiovasculares, reproductoras, endocrinas o dérmicas. Y los encontramos en la grasa subcutánea de los bisontes prehistóricos, mamuts y rinocerontes lanudos. De la carne obteníamos la vitamina C -y otros nutrientes- y de la grasa esos ácidos grasos indispensables y la energía necesaria para soportar unas condiciones de vida durísimas. La carne tiene un límite, a partir del cual es tóxica por los altos niveles de residuos nitrogenados que se producen en su metabolismo; sin embargo, la grasa de la megafauna de aquella época era una fuente energética limpia que podían consumir casi ilimitadamente". El por qué del sorprendente contenido de omega-3 en la grasa de estos enormes mamíferos podría estar en su alimentación. "Ningún otro rumiante tiene esos niveles de omega-3, ni siquiera los bisontes actuales. Creemos que la clave está en que la megafauna asociada al complejo del mamut consumía musgos, helechos y plantas que contenían más omega-3 que las de ahora, lo que disparó sus niveles hasta un 4% en el caso del bisonte prehistórico, frente al 1% que tienen los bisontes actuales".

Quizá por eso, los que se convirtieron en superdepredadores de esas especies sobrevivieron en la Europa de los hielos. "Nuestro objetivo prioritario era cazar mamuts, rinocerontes lanudos y bisontes prehistóricos. Hasta que exterminamos estas especies".

Afortunadamente para nosotros, cuando eso sucedió, ya hacía mucho que los glaciares habían retrocedido y la Naturaleza nos ofrecía muchas más fuentes de omega-3. De aquellos animales que nos permitieron sobrevivir sobre los hielos, queda el reconocimiento de las pinturas de Altamira y los ejemplares que, de vez en cuando, algún siberiano localiza en el hielo profundo y los investigadores rescatan del permafrost.

Autor:   Alejandro Carra



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