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Orcas y otros delfines europeos, los más contaminados del mundo

Las escasas poblaciones costeras, en peligro de desaparición, presentan elevados niveles de unas sustancias artificiales tóxicas prohibidas hace 30 años.


FUENTE | Público
26/01/2016
 
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Las orcas, esos espectaculares cetáceos blanquinegros, ya no viven en las costas del Mediterráneo ni del Mar del Norte, y en las costas españolas, escocesas y portuguesas están en peligro de desaparición. La razón principal parece ser la acumulación en su organismo de productos químicos artificiales que las matan indirectamente o interfieren con su capacidad de reproducción. Es lo que confirman los científicos en un nuevo informe sobre las concentraciones de bifenilos policlorados (PCB, un contaminante orgánico persistente al igual que las dioxinas), medidas en más de 1.000 ejemplares de delfines y marsopas en aguas europeas en los últimos años. La orca, aunque más conocida como ballena asesina, es un delfín.

A pesar de que la fabricación y el uso de estos productos químicos se prohibió en Europa hace 30 años, por ser sumamente peligrosos para la vida, los ya existentes en zonas de alta población e industrialización siguen llegando al mar y acumulándose en los tejidos grasos de los grandes predadores marinos de las costas, como preveían los científicos.

Actualmente orcas, delfines mulares y delfines listados europeos contienen las concentraciones más altas de todo el mundo, consideradas todavía muy peligrosas para los animales a pesar de que son ligeramente menores que las de las décadas de los ochenta y los noventa.

Concretamente, la única población de orcas del Reino Unido, en las costas escocesas, lleva 20 años sin reproducirse y consta ahora de sólo ocho individuos. En Portugal, una población de 36 individuos no se ha reproducido en los últimos 10 años. En la única población del suroeste de Europa, en las costas de Huelva y Cádiz, 36 individuos han producido solo cinco juveniles en 13 años. Lejos de las costas europeas, hacia el norte, las orcas, que pueden vivir hasta 100 años, gozan de mucha mejor salud, sobre todo porque su dieta es distinta, creen los investigadores.

"El estudio ha permitido obtener una imagen global de las tendencias de los últimos 25 años, y se ha podido ver en el tejido de los cetáceos que los niveles actuales de PCB, más de treinta años después de su prohibición, son excesivamente elevados en aguas europeas, tanto en el Atlántico como en el Mediterráneo, siendo en este mar mucho más elevados", explica Álex Aguilar, director del Instituto de Investigación de la Biodiversidad de la Universidad de Barcelona y uno de los expertos que han liderado la investigación. En lo que respecta a las costas españolas, los principales afectados sobre los delfines mulares y listados en las costas catalanas y de Baleares, y los delfines mulares en las del suroeste, incluyendo el golfo de Cádiz y el estrecho de Gibraltar. También las orcas en el estrecho y en las costas de las islas canarias orientales.

Se han sumados los datos recogidos por más de 20 equipos de investigación europeos sobre los tejidos de 929 cetáceos hallados varados en las costas y de 152 vivos a los que se les han hecho biopsias. Los resultados del trabajo, coordinado por la Sociedad Zoológica de Londres, se publican en Scientific Reports. "Hay muchas cosas que se pueden hacer para proteger a los cetáceos e impedir la extinción de las orcas en las costas europeas", dice Paul Jebson, autor principal del estudio. "Se pueden dragar las zonas más contaminadas de las costas e impedir que lleguen más contaminantes al mar, recogiéndolos en tierra". Uno de los problemas más graves de estos productos tóxicos que se incluían en equipos eléctricos y pinturas, entre otros usos, es que las crías de estos mamíferos marinos se contaminan a través de la leche de la madre, que es muy grasa. Hasta el 90% de los contaminantes de la madre pasan a la cría a lo largo de los 11 meses de lactancia, y eso impide en muchos casos su supervivencia.

Aguilar y Asunción Borrell, también participante en el nuevo trabajo, dirigen el grupo de investigación de Grandes Vertebrados Marinos de la Universidad de Barcelona, que fue pionero en los años 90 en demostrar la relación entre la exposición elevada a los PCB y los trastornos de inmunosupresión, que les hace susceptibles a infecciones. De hecho, gran parte de los cetáceos varados estudiados en el informe sufrían infecciones muy graves, causantes de su muerte. Los PCB también tienen efectos perniciosos sobre los sistema nervioso y endocrino.

El nuevo informe es un ejemplo de la capacidad de predicción de la ciencia, una de sus características más útiles, aunque sea en este caso para confirmar que los grandes predadores del mar se han convertido en cubos de la basura de los humanos.

Autor:   Malen Ruiz de Elvira



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