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Tras la huella ecológica de la colonización de América

Las poblaciones nativas americanas disminuyeron entre 1492 y 1900, con la llegada de los europeos. Aunque no se conoce la magnitud y la velocidad de este cambio, algunos creen que tuvo efectos climáticos. Un nuevo estudio liderado por la Universidad de Harvard vincula la despoblación de los pueblos de Jémez (Nuevo México) con cambios en el patrón de incendios de la zona, pero advierte de que sacar conclusiones sobre efectos globales sería demasiado simplista.


FUENTE | SINC
26/01/2016
 
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Hay pocas dudas de que con la llegada de los colonos europeos al Nuevo Mundo, las enfermedades y la violencia diezmaron las poblaciones nativas americanas, pero los investigadores no se ponen de acuerdo acerca de los tiempos, su magnitud y sus efectos. Mientras algunos afirman que la enfermedad golpeó a los nativos poco después de su primer contacto con los europeos, otros creen que el proceso fue mucho más gradual. Además, algunos estudios han vinculado el declive demográfico indígena al cambio climático. Según esta hipótesis, la desaparición de los nativos americanos habría afectado a las emisiones de carbono y habría modificado el clima a nivel global.

Un grupo internacional de investigadores ha creado un nuevo modelo de estudio que cuantifica las pérdidas de población indígena en los pueblos de Jémez, en Nuevo México (EE.UU.), con el objetivo de aportar nueva información a esta hipótesis y obtener datos sobre uno de los grandes debates de la historia americana: la catástrofe demográfica de los nativos del continente. Para llevar a cabo su análisis han utilizado técnicas de teledetección, datos arqueológicos, cronologías de anillos de árboles y registros históricos.

Las conclusiones que han obtenido indican que el número de nativos americanos no decayó hasta casi un siglo después de la llegada de los europeos, coincidiendo con el establecimiento de iglesias misioneras; pero después el declive no fue gradual, sino fulminante.

En solo 60 años, la población nativa se redujo de 6.500 a menos de 900 personas en los 18 pueblos del estudio. "En el suroeste de Nuevo México, el primer contacto se produjo en 1539, pero las cifras de población indígena no se resintieron hasta 1620. A partir de esa fecha la despoblación es muy rápida. Desde 1620 a 1680 la mortalidad fue asombrosamente alta: alrededor del 87% de la población nativa murió en ese periodo tan corto", explica Matthew Liebmann, profesor del departamento de Antropología de la Universidad de Harvard y autor del trabajo publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences.

Según el trabajo de la Universidad de Harvard, esta despoblación también provocó un aumento en la frecuencia de los incendios. "Cuando la gente habitaba la zona en poblados, necesitaba madera para los techos y para calentar la casa y cocinar. Además, preparaban la tierra para la agricultura, así que los árboles no crecían de la misma forma. Sin embargo, cuando esta población indígena desaparece, los bosques empiezan a crecer de nuevo y se producen más incendios", explica el investigador.

Observando los anillos de los árboles, los científicos dedujeron que hasta 1620 los incendios eran pequeños y esporádicos. "Los poblados actuaban como cortafuegos. A medida que el bosque comenzó a expandirse, se produjeron fuegos mucho mayores, hasta 1900, cuando los incendios se volvieron a reducir gracias al aumento del pastoreo y a nuevas políticas de gestión de los bosques federales", aclara Liebmann.

LA NUEVA ERA GEOLÓGICA

Este estudio se relaciona con los debates sobre si el mundo ha entrado en una nueva era geológica, que se ha dado en llamar 'antropoceno'. Aunque existe un amplio debate sobre cuándo habría empezado esta supuesta nueva época, algunos investigadores han apuntado a 1610, cuando los niveles globales de CO2 cayeron drásticamente.

Una de las teorías sobre el antropoceno temprano sugiere que, como los indígenas americanos desaparecieron a gran escala, especialmente en el Amazonas, los bosques volvieron a crecer y a absorber carbón, provocando este cambio en los niveles de carbono.

Sin embargo, los investigadores señalan que sus datos hacen complicado pensar que la despoblación en Norteamérica contribuyera a esta modificación en los niveles de carbono.

"Lo importante, desde mi punto de vista, es que el suroeste de los actuales EE.UU. fue uno de los primeros puntos de contacto entre los europeos y los nativos americanos, y en el año 1610 aún no se había experimentado una despoblación catastrófica, por lo que es difícil creer que sucediera en el resto de Norteamérica en esa fecha tan temprana", concreta el investigador.

El estudio, como otros anteriores, insta a ser cautos a la hora de hacer inferencias demasiado simplistas sobre el impacto climático de uso del fuego. "Nuestros descubrimientos apoyan la idea de que hubo una despoblación masiva, aunque explicar sus efectos es más complicado de lo que se ha creído antes", concluye el investigador.



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1 comentario



  1
   José Manuel Echevarría | 27/01/2016   Majadahonda, Madrid
 
Sin haber leído aún el artículo citado, me sorprenden algunas cosas en esta noticia. La primera, y muy destacada, sostener que el SO de los EEUU fuese uno de los primeros puntos de contacto entre europeos y nativos americanos, y que las consecuencias del evento no comenzasen a sentirse hasta principios del siglo XVII. Salvo que a los españoles del siglo XVI no se les tenga por europeos, o que a mexicas, mayas y habitantes del imperio Inca no se les considere indígenas americanos, la cosa no se explica. Por lo demás, y al igual que en otros eventos de colonización protagonizados por europeos (Australia, Nueva Guinea, islas del Pacífico), el impacto sobre las poblaciones autóctonas de las enfermedades infecciosas exóticas traídas por los conquistadores (viruela, sarampión y gripe, especialmente) fue rápido y brutal, muy superior al de la propia violencia de las conquistas. Jared Diamond explica todo esto estupendamente en 'Guns, germs and steel' (1997), y Ian Morris complementa muy bien la explicación en 'Why the West rules - for now' (2010). Esto de querer sacar conclusiones para toda América de contar los anillos de crecimiento de los árboles de unos cuantos lugares de Nuevo México suena raro aunque se cuente desde las páginas del PNAS.
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