Energía y desarrollo
El consumo de energía es un claro indicador del nivel de desarrollo
económico de una sociedad. Aunque con matices, es posible establecer una correlación
entre países tomando como variables el consumo específico de energía por habitante y la
renta per cápita. Si nos fijamos en los quince países de la Unión Europea, veremos que
se sitúan en una recta en la que a un incremento de renta de un 100% le corresponde un
aumento del consumo energético de casi un 30%.
La península Ibérica es un entorno de consumo energético moderado en el
contexto europeo que verá aumentada la demanda a medida que el desarrollo económico
continúe. El clima benigno o caluroso ya no es un freno para el consumo energético en la
medida en que la refrigeración es una demanda creciente tanto por confort de nativos y
turistas, como por la necesidad de conservación de productos perecederos.
En las sociedades desarrolladas se observa la tendencia a aumentar el
suministro de energía a través de redes de fácil acceso, en concreto electricidad y gas
natural. De hecho, se estima que en la segunda década del próximo siglo la mitad del
suministro final de energía se efectuará por red, todo ello en un marco de confianza en
la oferta energética y en las bajas repercusiones ambientales del uso de la energía
(WEC, 1996).
Por otro lado hemos de constatar la evolución de las empresas
energéticas hacia el mercado que tienden, no sólo a garantizar el suministro de
energía, sino a ganarse o fidelizar al cliente dándole el servicio que precisa y al
menor precio posible.
Todo esto configura un nuevo esquema hacia el cual caminamos en este
período de transición que nos llevará hacia una respuesta empresarial a la demanda del
mercado partiendo de la concepción pasada de sectores de actividad industrial. La empresa
ha de ver por tanto cuáles son las demandas del cliente y atenderlas en la medida en que
su campo de actividad lo permita. Por ello se debe pensar en el consumo energético como
en un todo y en ofrecer al consumidor un servicio energético completo.
Este tiempo de transición, en el cual nos vamos a mover, será largo y
complejo, en la medida en que la energía es un bien o un servicio en el que concurren
fuertes inversiones en instalaciones de transformación y distribución de energía y a la
vez determinados condicionantes de garantías de suministro, no olvidemos que los países
europeos dependemos en dos terceras partes para nuestro consumo energético del suministro
externo (Martín Moyano, 1995)
Este artículo se redacta desde el entorno de trabajo en una empresa
eléctrica, por lo tanto se enfoca a partir de su situación actual de generación y
suministro de electricidad, pero teniendo en cuenta las nuevas perspectivas que conectan
con el servicio energético hacia el cliente.
Asimismo, en este documento vamos a referirnos al marco geográfico
español, pero sin olvidar que nos encontramos en un entorno europeo más amplio y que las
empresas y, en particular el Grupo ENDESA, se mueven hacia actuaciones en otros países
como el norte de Africa y América Latina.
En este contexto la gestión tecnológica en una empresa energética se
concibe como una cultura y una herramienta de competitividad en cuyo diseño y uso está
involucrada toda la empresa (Morcillo, 1991) y que comprende varios conceptos:
- Mejora de las instalaciones existentes. Mayor calidad de servicio y disminución de
costes operativos.
- Gestión de la información tecnológica. Clasificación y acumulación de los
conocimientos propios y ajenos. Transmisión de los mismos.
- Estudios de prospectiva energética. Cuáles son los riesgos y oportunidades en el
mercado energético. Qué tecnologías interesa conocer, desarrollar o adquirir.
- Gestión del paquete tecnológico de futuro. Bien por investigación y desarrollo (I+D),
o bien por la adquisición y desarrollo (A+D).
Energía y Medioambiente
En la actualidad las sociedades más desarrolladas se enfrentan con
preocupación a los problemas ambientales de todo tipo que surgen a nuestro alrededor. En
un futuro serán condicionantes que marcarán con mayor fuerza la evolución de las
actividades humanas y, en particular, la transformación y uso de la energía. Por ello
hemos de hacer un breve repaso a las cuestiones más significativas.
- La contaminación urbana incide en la salud de las personas y provoca un elevado nivel
de preocupación. La prensa se hace eco con frecuencia de los problemas de contaminación
de ciudades como México DF o Santiago de Chile, pero en Madrid o en otras grandes urbes
también sufrimos de forma acusada estos fenómenos. La calidad de los combustibles y la
idoneidad de los procesos de transformación energética son factores clave junto a una
elevado volumen y densidad de población.
El transporte privado y público es uno de los principales focos de
contaminación, aunque también hemos de recordar los sistemas de calefacción y otros
usos energéticos. Las emisiones de óxidos de nitrógeno son una preocupación creciente,
pero la química ambiental es más compleja.
- Las lluvias ácidas y otras deposiciones atmosféricas de largo alcance se originan a
causa de las fuertes emisiones de óxidos de azufre y de óxidos de nitrógeno que
provienen de los diferentes procesos de combustión. La generación eléctrica con carbón
y derivados del petróleo es el primer foco de estas emisiones, al menos en lo que
respecta a óxidos de azufre. El problema afecta a la salud de las masas forestales de
diferente manera dependiendo de las especies vegetales y de los condicionantes de entorno,
geológicos, climáticos, etc. También incide en la acidificación de lagos, ríos y
terrenos.
Este problema nos plantea la necesidad de un conocimiento profundo de los
diferentes factores que intervienen, no sólo de los niveles de emisiones e inmisiones,
sino también de todos los condicionantes del entorno. Evidentemente la reducción de
emisiones es un aspecto clave, pero no el único.
- Los vertidos de productos combustibles en el mar, en especial crudos o derivados del
petróleo, son causa de creciente preocupación y pueden condicionar en el futuro el
movimiento de productos energéticos.
- Los problemas a la hora de disponer de almacenamientos definitivos de residuos
radioactivos son otro condicionante importante para el futuro desarrollo de la energía
nuclear.
- La emisión de gases de efecto invernadero y su incidencia en el cambio climático es
quizás el mayor condicionante para el futuro energético. Podemos estar ante un fenómeno
con diferentes consecuencias, de entre las cuales el aumento de la desertización en
grandes regiones y las migraciones masivas de personas pueden ser las más significativas
(COM, 1997).
La demanda energética la cubrimos a nivel global, mayoritariamente, con
combustibles fósiles, más de las tres cuartas partes de la energía primaria. Estos
combustibles son los responsables de la emisión de CO2, principal gas de efecto
invernadero. La reducción de las emisiones de CO2 pasa por diferentes conceptos: ahorro
energético, utilización de combustibles de menor emisión específica, mayor eficiencia
energética y desarrollo de las energías renovables.
Los retos de la generación eléctrica
La producción de electricidad es el área en la quel se concentra una
gran parte de los problemas tecnológicos que se han de analizar teniendo presente dos
condicionantes básicos: el medio ambiente y la reducción de costes de generación. La
energía eléctrica proviene hoy del carbón, de la energía nuclear y de la hidráulica.
El gas natural se presenta como una alternativa importante para los próximos años,
mientras que el carbón verá disminuir su uso en los próximos años bajo la espectativa
de volver a incrementarlo en un futuro ya que se trata del combustible fósil más
abundante que puede mantener sus precios. En la actualidad aparecen en el mercado los
derivados pesados del petróleo, como los combustibles residuales y de bajo precio, que
son una opción de generación eléctrica (DOE, 1997).
En todo este contexto se pueden citar, a título de ejemplo, una serie de
actuaciones tecnológicas básicas en el área de generación térmica:
- Reducción de las emisiones de contaminantes en centrales de carbón y derivados del
petróleo. Sistemas de lavado de gases para eliminación de óxidos de azufre.
Optimización de la combustión para reducir la formación de óxidos de nitrógeno.
Desarrollo de nuevos sistemas de filtrado de partículas.
- Incremento del rendimiento energético en las centrales térmicas. Optimización de la
combustión, mejora de ciclos, control en tiempo real, disminución de los consumos
energéticos en servicios auxiliares, etc.
- Desarrollo de tecnologías de uso limpio de carbón en las que, aunque se ha avanzado
considerablemente en esta década, se precisa mantener el esfuerzo de mejora de diseños e
incremento de conocimientos con el fin de disponer de opciones para las centrales que
hubieran de construirse en el futuro (EC, 1995).
- Establecer sistemas de utilización limpia en las actuales centrales térmicas o en
otras de nueva construcción para la utilización de combustibles pesados petrolíferos.
- Conocimiento operativo de las centrales de ciclo combinado con gas natural y desarrollo
de sistemas que mejoren sus prestaciones, en particular en los periodos de elevadas
temperaturas en el ambiente.
Las energías renovables
El desarrollo de las energías renovables es un reto en el que todos
estamos involucrados. Las administraciones de la Unión Europea y de los países miembros
han adquirido compromisos de participación en el suministro de energía primaria, un 12%
de ésta en el año 2.010. Avanzar en esta línea supone asumir fuertes compromisos en los
que los aspectos ecológicos y políticos tendrán especial relevancia (Menéndez, 1997).
Las empresas energéticas están también involucradas en este reto. Las
eléctricas han participado directamente en el desarrollo de la energía eólica que no ha
hecho sino comenzar su implantación industrial. Las posibilidades de participación de
esta energía en nuestro esquema de generación son importantes. Es posible llegar a
instalar en nuestro país unos 10.000 MW para la segunda década del próximo siglo, lo
cual supondría una contribución de más del 10% a la producción de electricidad. Se han
de producir mejoras tecnológicas en este campo y previsiblemente en pocos años se
dispondrá de nuevas generaciones de molinos de viento.
El uso de la biomasa para la producción de electricidad es una
alternativa de difícil gestión por parte de las grandes empresas energéticas que se
irá introduciendo en el mercado industrial de forma lenta y, en gran medida, a través de
iniciativas locales.
La utilización de la energía solar para la generación eléctrica es hoy
muy poco significativa. Habrá de pasar más de una década para que las mejoras
tecnológicas permitan producir electricidad a costes competitivos, pero es una opción de
gran interés para las empresas energéticas que siguen con interés la evolución en los
diseños y las expectativas de su aplicación comercial. La fotovoltaica es la apuesta
más extendida y sobre ella aparecen con frecuencia en los medios informaciones y demandas
de desarrollo.
La entrada firme de las energías renovables en el esquema energético
requiere su participación en el abastecimiento de combustibles de uso directo, en
particular los de automoción, pero también los de calefacción. Es aquí donde la
biomasa puede tener un papel relevante. Las empresas energéticas tienen un campo de
actuación en las tecnologías que se están desarrollando para la producción de
alcoholes a partir de materia vegetal aprovechando la su celulosa y hemicelulosa.
Mercados y vectores energéticos
En el futuro se preven una serie de cambios en el servicio energético a
la sociedad, condicionados por aspectos ambientales y de otro tipo, que suponen un reto
para las empresas energéticas. Entresacamos tres ejemplos.
- La generación distribuida o la autoproducción eléctrica en el utilizador final, con o
sin cogeneración, puede ser una respuesta a los problemas de distribución con los
excesos de líneas eléctricas y una búsqueda de soluciones energéticas más baratas y
limpias. Esto podrá ser así en la medida en que exista un fácil suministro de gas
natural y las tecnologías en nuevos sistemas de tansformación, por ejemplo celdas de
combustible, avancen sustancialmente.
Las empresas eléctricas y de suministro de gas natural de distintos
países (USA, Japón y Unión Europea) participan en programas de desarrollo tecnológico
que tienen como objetivo convertir en realidad el uso comercial de celdas de combustible
en la segunda década del siglo próximo (Iberdrola, 1998)
- La automoción en las ciudades ha de cambiar a soluciones limpias. Dos alternativas al
respecto son: el vehículo eléctrico y la aplicación de celdas de combustible. El coche
eléctrico implica la necesidad de sistemas de carga y reposición de baterías con
suministro de corriente continua, lo cual puede ser un buen mercado energético de futuro.
La solución de celdas de combustible implica una fabricación especial de vehículos con
un suministro de combustible muy limpio: hidrógeno, gas natural o alcohol, metanol o
etanol. Esto será también un buen reto de mercado energético.
- En ese mercado de nuevos vectores energéticos merece la pena fijarse en el metanol y
eventualmente en el etanol. El abastecimiento internacional de gas natural se hace por
tubería o por transporte licuado en barco. Ambas soluciones implican restricciones en su
distribución cualquiera que sea su origen. La producción de metanol a partir de gas
natural es una alternativa de más fácil transporte, pero la producción a partir del
carbón, combustible abundante y con precios menos inciertos, también es factible.
Aquí hemos de recordar lo que se ha apuntado anteriormente: la
utilización de la biomasa para producir alcoholes, quizás más fácil etanol que
metanol, y la consiguiente entrada de una energía renovable en el esquema energético.
Gestión del conocimiento y la tecnología
Como vemos, en el mundo energético aparecen una serie de temas que pueden
tener una transcendencia importante en la estructuración del negocio actual y en el
futuro de la empresa. Por ello, en primer lugar, se han de establecer unos cauces propios
de adquisición del conocimiento y de hacer llegar este elaborado a los órganos de
decisión de la empresa.
A partir de ahí se plantea el análisis de cuáles son las opciones
tecnológicas más interesantes para la empresa y, frente a ellas, cuáles son las
alternativas de trabajo:
- Conocimiento académico de las mismas a la espera de su aplicación comercial.
- Adquisición de los diseños y desarrollo de la tecnología de uso de los mismos.
- Investigación y desarrollo propio de la tecnología con participación en la propiedad
y en su comercialización.
En función de cada alternativa aparecen una serie de entidades
colaboradoras en el desarrollo de las mismas: universidades, centros de investigación,
ingeniería o empresas de bienes de equipo. La empresa energética no tiene un equipo de
investigación propiamente dicho, gestiona el conocimiento y la capacidad de
investigación y desarrollo tecnológico de otros.
Una reflexión que finalmente queremos hacer es que la tecnología ha
caminado a veces sin analizar todo el entorno de conocimientos que la ciencia ofrece o
debería ofrecer en relación con un determinado tema. Hoy, ante la magnitud que significa
el consumo global de energía y de los problemas ambientales que de ello se derivan, es
preciso pensar que la ciencia debe ocupar una situación prioritaria en el tiempo y que
las empresas energéticas debemos recibir y usar una información amplia y fiable al menos
en ciertos temas.
Bibliografía:
COM (1997). "Climate Change. The EU Aproach to Kyoto". Commission
of the European Communities, Octubre.
DOE (1997). "Clean Coal Technology Demonstration Program". U.S.
Department of Energy, Octubre, Washington, DC 20585.
EC (1995). "Coal can be Green II". European Commission DG
XVII, Brussels 1.995.
Iberdrola (1998). "Pilas de Combustible: Perspectivas y
Estrategias". Seminario Tecnológico, MINER, Junio, Madrid.
Martín Moyano, R. (1995). "Las tendencias tecnológicas en el sector
energético". Economía Industrial, nº 302, MINER, Madrid.
Menéndez, E. (1997). Las energías renovables. Un enfoque
político-ecológico. Los libros de la catarata. Madrid.
Morcillo, P. (1991). La dimensión estratégica de la tecnología.
Ariel, Barcelona.
WEC (1996). "La actual bonanza energética: una amenaza para la
sostenibilidad". World Energy Council, Mensaje del CME para 1997.