Cuando hablamos de tecnología,
hacemos referencia a un conjunto de ideas estructuradas en niveles de abstracción
sucesivos, como nos enseñan los diferentes autores que las han desarrollado a lo largo de
los siglos.
Desde un punto de vista general, podemos convenir que la tecnología
comprende todas las maneras de organizar a las personas para controlar o coordinar sus
actividades (encaminadas al logro de determinados objetivos previamente establecidos)
mediante la aplicación sistemática de conocimiento estructurado. Este planteamiento nos
permite comprender las diferentes dimensiones que presenta la tecnología. En efecto,
pueden existir visiones optimistas (la tecnología es fuente de progreso social) o pesimistas
(la tecnología es el origen de todos los males), propias de posiciones ideológicas
antagónicas.
En ámbitos más concretos, la tecnología puede concebirse como la
configuración de un conjunto ordenado de conocimientos, el desarrollo de procedimientos
específicos y la incorporación de tales procedimientos a las máquinas y equipo de
capital utilizadas en el proceso productivo. Estas ideas quedan recogidas en el cuadro
siguiente.
Cuadro 1: Niveles conceptuales de la tecnología
IDEOLÓGICO-FILOSÓFICO.
Relaciones tecnología-sociedad desde una perspectiva histórica. |
APLICADO
GENERAL. Análisis y registro sistemáticos de relaciones causales para resolver
cuestiones prácticas relativas a contextos de cierta amplitud. |
ESPECÍFICO.
Utilización de informaciones y metodologías anteriormente elaboradas para solucionar
problemas concretos de tipo físico-natural desde ciertas premisas sociales. Culmina con
el diseño y programación del funcionamiento de máquinas, procedimientos y dispositivos
diversos aplicables a un proceso productivo que busca la eficiencia |
En resumen, este desarrollo sucesivo de la idea de tecnología presenta
para la dirección empresarial tres polos de atención: el genérico (en el que se
verifican los cambios fundamentales), el empresarial (propio de la organización) y el de
los proyectos específicos desarrollados por las empresas para alcanzar sus objetivos.
Aparece así la tecnología como un conjunto entrelazado de capacidades y
habilidades, construidas sobre conocimientos teóricos y prácticos, que permiten utilizar
eficientemente una colección de artefactos orientados a diseñar, producir y distribuir
bienes y servicios. Es decir, la tecnología actúa como palanca de la función innovadora
desarrollada por la empresa, cuyo objetivo no es otro que ofrecer soluciones originales a
determinadas necesidades sociales desde una perspectiva económica.
La innovación, como esfuerzo orientado a generar una modificación de las
condiciones actuales de intercambio que resulte provechosa para empresa y consumidor,
exige el concurso de conocimientos de muy diversa índole, talento creativo y claridad de
planteamiento. En esencia, la innovación consiste en la introducción en el mercado de
algo nuevo. Tal novedad puede presentar diferentes facetas y gradaciones, como recoge el
siguiente cuadro.
Cuadro 2: Aspectos de la Innovación

- Inn. de producto: introducción en el mercado de un nuevo bien o servicio.
- Inn. de proceso: nuevos procedimientos de elaborar y distribuir un producto dado.
- Inn. incremental: modificación relativamente menor de un producto o proceso.
- Inn. radical: adopción de un producto o proceso completamente nuevo.
- Inn. absoluta: aquella completamente desconocida para todo el mundo hasta entonces .
- Inn. relativa: la aplicada previamente en contextos económicos diferentes.
Por tanto, podemos decir que la innovación es a la vez una premisa para
afrontar los incesantes cambios que registra el entorno de la empresa y la condición
necesaria para poder impulsar aquellas transformaciones que hagan más rentable la
actividad empresarial.
La incorporación de la tecnología y la innnovación a las preocupaciones
fundamentales del directivo se ha producido a lo largo de una dilatada trayectoria, como
veremos a continuación.
La Gestión de la Tecnología en la empresa
Hasta la década de los 70, el tratamiento dado por la dirección
empresarial a la tecnología y a la innovación no pasaba de una mera serie de
argumentaciones poco relacionadas entre sí que hacían referencia a facetas tales como la
función de Investigación y Desarrollo (I+D) y la gestión de ingeniería.
En este enfoque, el problema se reducía a gestionar una colección de
proyectos de I+D que adolecían de importantes desconexiones con áreas relevantes de la
actividad empresarial.
Será en la siguiente década cuando comience a configurarse una visión
integradora de la tecnología y la innovación basada en la planificación. Se pretenden
implantar en la organización una serie de habilidades tecnológicas que faciliten el
logro de los objetivos empresariales. Esta pretensión no solamente exige una adecuada
gestión del cambio tecnológico, sino, además, la realización de todos aquellos cambios
que sean precisos dentro de la empresa para explotar plenamente el potencial de la
tecnología.
Emerge así un conjunto de ideas más vinculadas a las exigencias de los
mercados contemporáneos sobre lo que debe ser la gestión de la tecnología en la
empresa. Tales requisitos llevan a la empresa a generar, desarrollar y realizar -de manera
eficiente- nuevas ideas susceptibles de alcanzar cierto impacto comercial. El desarrollo
de este proceso conduce a la integración de tecnología e innovación en el núcleo
esencial de la Dirección estratégica de la empresa, lo cual, lógicamente, implica que
deba alcanzarse una relación adecuada entre la estructura organizativa y la dirección
estratégica. Tal relación exige suavizar tensiones al pasar de una configuración
estructural a otra, haciendo posible que el ambiente organizativo sea óptimo en cada
momento de cara a lanzar nuevas ideas. Es decir, la clave reside en un cierto equilibrio
entre aquello que la empresa ha hecho bien en el pasado (y que sustenta su actual
posición competitiva) y ese futuro inconcreto al que apuntan las nuevas ideas generadas
en su interior. El ajuste entre pasado y futuro viene de la mano de la correcta gestión
de aquellas competencias tecnológicas, organizativas y personales que atesora la
organización, como indicamos seguidamente.
La Dirección Estratégica de la Tecnología y la Innovación desde un
enfoque de competencias
En la actualidad, los directivos deben superar cuatro problemas
fundamentales con relación a la tecnología y a la innovación:
- Una perspectiva excesivamente condicionada por el corto plazo.
- El rechazo de las consecuencias que los avances tecnológicos tienen con respecto a la
estructura organizativa de la empresa.
- La incomprensión mutua entre los responsables directos del desarrollo tecnológico de
la empresa y sus máximos dirigentes.
- La escasa percepción de los efectos que sobre estrategia empresarial tienen las
innovaciones.
Estas dificultades proceden de un entorno económico y social cambiante,
discontinuo y difícilmente predecible, lo que hace preciso profundizar y ampliar el
concepto de estrategia empresarial al uso.
La Gestión por Competencias, en el plano tecnológico, pasa por el
conocimiento profundo de las potencialidades tecnológicas existentes en la empresa, por
la vigilancia de la actuación de los competidores y por la optimización, desarrollo y
protección de aquellos factores tecnológicos que diferencian a la empresa del resto de
los agentes que actúan en el mercado.
Este planteamiento novedoso se enfoca hacia el logro de una buena
relación de la empresa con el entorno (valorada a partir de sus objetivos) mediante el
desarrollo de un proceso que, lejos de la secuencialidad, se enriquece y transforma
continuamente con la observación de los cambios relevantes acaecidos en el exterior. Tal
proceso descansa en dos elementos fundamentales: la dirección de la empresa, construida
con solidez a partir de la misión y visión de la misma, y el análisis estratégico.
Este resultado dinámico da lugar al denominado aprendizaje organizativo cuyo
efecto más destacable es el perfeccionamiento de los logros alcanzados por la empresa en
el pasado. Esta es precisamente una de las principales líneas contemporáneas de avance
en el estudio de la Dirección estratégica y, sin duda, nos ofrecerá en los próximos
años resultados y conclusiones que transformarán el modo de concebir y dirigir empresas.
Conclusiones
Durante el presente siglo hemos asistido a una profunda renovación
del concepto de dirección empresarial que, en parte, pasa por la plena integración de la
tecnología y la innovación en su marco de análisis y actuación. Admitida la capacidad
que la tecnología tiene para transformar situaciones, realidades y mercados, observamos
cómo la innovación que vincula novedad y mercado- se convierte en premisa del
comportamiento empresarial. Los limitados planteamientos en los que la tecnología es
vista como un conjunto de activos y proyectos a gestionar han sido superados y, en la
actualidad, las empresas más destacadas tienden a adoptar un enfoque por competencias que
transforma el análisis y la dirección estratégica con el objetivo último de alcanzar
la ventaja competitiva sostenible.
Bibliografía
Burgelman, R.A.; Maidique, M. (eds.) (1988). "Strategic Management
of Technology and Innovation". Homewood, IL: Irwin.
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Tidd, J.; Bessant, J.; Pavitt, K. (1997). "Managing Innovation:
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Wiley.