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COMPETENCIA, CONOCIMIENTO E INNOVACIÓN

 

Eduardo BUENO CAMPOS
Catedrático de Economía de la Empresa (UAM)
Presidente de Euroforum-Escorial

 

 

Eduardo Bueno Campos aborda el análisis de competitividad empresarial desde la gestión por competencia aplicada a la generación de conocimientos e innovaciones. Según el autor, las compañías deben, por un lado, centrarse en la gestión de los recursos intangibles que controlan y, por otro, desarrollar el aprendizaje organizativo que les permita producir nuevos conocimientos, tecnologías e innovaciones. De esta forma, la empresa dispondrá de una cartera de competencias dinámicas que facilitarán su adaptación a los entornos futuros.

 

Bajo una perspectiva hermenética podemos describir con cierta claridad la situación de cambio que viene atravesando el mundo actual. Es constatable que el entorno se puede calificar de dinámico y de diverso, tanto en el aspecto social, como en el político y económico. Dicho entorno se viene caracterizando por el mayor protagonismo de los ciudadanos, los cuales incorporan nuevas conductas y formulan nuevas expectativas frente al reto de nuestro tiempo (Handy, 1998).

En esta nueva realidad, protagonista del último tercio del siglo XX, todas las organizaciones, especialmente las de los países industrializados, se ven abocadas a importantes procesos de cambio, generalmente acelerados, y, más concretamente, a tener que abordar el reto estratégico de la actual sociedad del conocimiento que se está caracterizando por las tres cuestiones siguientes:

  1. La espiral del conocimiento.
  2. El papel del capital intangible o intelectual como clave competitiva.
  3. La necesidad de innovar como base del proceso de desarrollo de competencias esenciales.

El citado cambio económico puede quedar claramente reflejado en la evolución del empleo en los sectores económicos de los Estados Unidos, proceso que ya se ha hecho extensible al resto de los países industrializados, y que es ejemplo de la transformación profunda que han tenido las actividades económicas productivas muy especialmente en las últimas décadas del siglo actual. Dicha evolución, siguiendo a Quinn (1992), se puede comprobar en la figura 1.

 

FIGURA 1

Empleo sobre la población activa total en U.S.A. (%)

(Fuente: J.B. Quinn, 1992 y elaboración propia)

De otra parte, esta transformación económica se pone de manifiesto, aún con más nitidez, si se observan las cadenas de valor de las empresas más importantes de las cuales se puede concluir que, en la creación del valor de la compañía, son los servicios, los activos intangibles o las actividades relacionadas con el intelecto o el conocimiento las más importantes (Quinn, 1992). La OCDE en un estudio reciente indica que algo más del 50 por 100 de la creación del PIB de los países industrializados depende de los activos intangibles y que 8 de cada 10 empleos corresponden a "trabajadores del conocimiento".

 

LA ESPIRAL DEL CONOCIMIENTO Y EL PROCESO DE CREACIÓN MENTAL

La espiral del conocimiento es la característica fundamental de la sociedad actual, la cual se ve sometida a una aparición continua de saberes nuevos, presionada por el desarrollo permanente de las facultades intelectuales y acuciada por la aceleración inusitada de la caducidad de los paradigmas dominantes y de las técnicas empleadas por los investigadores y expertos en los años precedentes. Como indican Nonaka y Takeouchi (1995), Chan Kim y Mauborgne (1997) y Bueno (1998), estamos viviendo en una sociedad en la que están adquiriendo primacía los conocimientos teóricos y los conocimientos tácitos o implícitos sobre cualquier otra clase de conocimiento, es decir aparecen como relevantes aquellos conocimientos que requieren de un determinado modelo mental y de un proceso concreto de creación intelectual, en resumen, de un proceso basado en las ideas, en la abstracción y en la innovación. Los conocimientos tácitos son de difícil transmisión y de comunicación imperfecta, dado que se basan en las habilidades, en la experiencia, en el arte, en el "saber hacer" y en el talento idiosincrásico de las personas y de las organizaciones. Para Nonaka y Takeouchi (1995) estos conocimientos son los que posibilitan en la economía actual la generación y sostenibilidad de la ventaja competitiva empresarial. En definitiva, para Nonaka (1991) "en estos últimos años vivimos una intensa espiral de conocimientos, estamos en una economía donde la única fuente de ventaja competitiva duradera es el conocimiento".

Siguiendo con este razonamiento, es evidente que en los últimos cincuenta años se ha venido protagonizando un claro proceso de cambio que ha ido creando la nueva realidad que caracteriza la economía del conocimiento actual, tal y como queda expresado en la figura 2.

 

FIGURA 2
Proceso de creación en la economía del conocimiento
(Fuente: Bueno, 1998)

Este proceso de creación se ha venido produciendo en tres grandes etapas temporales. Primero, atendiendo a la transformación de datos en información ("proceso de datos") que ha ido protagonizando tecnológicamente la informática. Segundo, convirtiendo la información en conocimiento, en saber, lo cual sólo es posible a través de determinado "proceso de aprendizaje", en otras palabras, en cómo saber "aprender a aprender" los conocimientos nuevos. Por último, y tercero, en pretender que el conocimiento se traduzca en "competencia esencial" o en la base sobre la que se pueda construir la "capacidad de competir" o de "saber hacer" mejor que los demás el bien o el servicio que es objeto de la actividad económica de la empresa; "competencia" que sólo es posible si se incorpora un "proceso de creación mental" determinado, integrando lógica y dinámicamente conocimientos con ideas y con innovación.

Este "proceso de creación mental" representa un reto sin par para la empresa de nuestro tiempo, un desafío que se basa en saber gestionar los diferentes conocimientos y los flujos o relaciones que se establecen dentro y fuera de la organización. Concretando un poco más dicho reto, éste se puede presentar con las acciones siguientes:

  1. Saber gestionar la transformación de los activos tangibles en activos intangibles.
  2. Saber incorporar las tecnologías de la información y de las comunicaciones como soporte de dicha transformación e iniciar la virtualización de la organización.
  3. Aprender a aprender y a incorporar los conocimientos a los activos y procesos básicos de la empresa.

Fig.3: La nueva creación de valor

La citada transformación productiva y la incorporación de tecnologías y de conocimientos nuevos está provocando una nueva forma de llevar a cabo la creación de valor en la empresa, tal y como se pone de manifiesto en la figura 3.

 

EL CAPITAL INTANGIBLE COMO CLAVE COMPETITIVA

En la figura 3 se diferencian dos conceptos de capital: el tangible o conjunto de activos tangibles que representan los recursos tradicionales para la elaboración de bienes y servicios y el capital intangible o intelectual o conjunto de activos intangibles. Estos activos son en la actualidad los "recursos críticos" de los que depende el éxito de la empresa (Pfeffer y Salancik, 1978) y que generan el conjunto de competencias básicas distintivas, de carácter intangible, que permiten crear y sostener la ventaja competitiva.

Aunque en la literatura el concepto más utilizado es el de capital intelectual, la propuesta de capital intangible (Bueno, 1998) parece más acorde a la realidad de los procesos de creación de valor en las empresas. En este sentido, el capital intangible se compone de los elementos siguientes:


CI = CH + CO + CT + CR

en donde.

CI = Capital intangible o intelectual o conjunto de competencias básicas distintivas de carácter intangible.

CH = Capital humano o conjunto de competencias personales.

CO = Capital organizacional o conjunto de competencias organizativas o estructurales.

CT = Capital tecnológico o conjunto de competencias tecnológicas.

CR = Capital relacional o conjunto de competencias relacionales con el entorno.

Cada una de estas competencias se compone, a su vez, de tres conceptos básicos: actitudes o valores, recursos o activos intangibles (conocimientos explícitos incorporados a activos empresariales) y capacidades (conocimientos tácitos, habilidades, destrezas y experiencias). Conceptos que se relacionan con las personas, con la organización (en su estructura y comportamiento), con la tecnología (visión, conocimiento y capacidad de gestión tecnológica) y con la forma de relacionarse con el entorno o con los diferentes "agentes frontera" (Bueno, 1996).

Estas propuestas permiten poner de manifiesto que el conocimiento, la gestión del mismo, tanto en su naturaleza explícita como tácita, es la clave de la competencia actual, aseveración que ha sido reiterada y corroborada por los autores mencionados y por otros muchos no citados. La cuestión, en consecuencia, se propone como un proceso dinámico en el que se involucran tres conceptos relacionados con el conocimiento, según la etapa en que se encuentren en su ciclo transformador, que son: el talento, la tecnología y la innovación. Posiblemente los dos primeros son estados temporales de la dinámica del conocimiento, mientras que el último recoge la esencia de los dos anteriores, razón que ha llevado a relacionar en el título de este trabajo el conocimiento y la innovación con la generación de un cierto nivel de competencia. Dicho enfoque dinámico se representa en la figura 4.

 

FIGURA 4

Enfoque dinámico de la creación de competencia

(Fuente: elaboración propia)

Con el fin de completar la visión dinámica de la creación de competencia, se presentan las definiciones siguientes:

Competencia: Capacidad de competir o de igualar o la combinación de actitudes, conocimientos y capacidades (querer + saber + saber hacer).

Conocimiento: Inteligencia o combinación de idea, aprendizaje y modelo mental.

Talento: Capacidad intelectual y para el desempeño o combinación de imaginación, arte y conocimiento.

Tecnología: Combinación de stock de conocimientos creados y métodos de aplicación técnica para combinar activos tangibles e intangibles en procesos productivos.

Innovación: Combinación de tecnología, creatividad y capacidad de desarrollar algo nuevo.

Estas definiciones, relacionadas entre sí, ponen el acento en la imaginación o en la creatividad y en la capacidad de aprender, de aplicar o de desarrollar. Sobre todo, el proceso de aprendizaje se convierte en una necesidad para que la dinámica citada sea efectiva y presenta siempre diferentes niveles: individual, equipo o grupo y organización en su totalidad. Este aprendizaje siempre facilitará que la innovación se incorpore como una función para desarrollar competencias esenciales.

 

PROCESO DE DESARROLLO DE COMPETENCIAS: APRENDIZAJE E INNOVACIÓN

El citado proceso de desarrollo de competencias esenciales permite calificar a la empresa como organización inteligente, es decir, como "un sistema socio-técnico abierto capaz de aprender y de transformarse permanentemente para adaptarse a los cambios externos e internos". En definitiva, una organización inteligente es la consecuencia de la integración efectiva del aprendizaje individual y del organizativo. El primero, permitirá que las personas cultiven y desarrollen conocimientos nuevos o construyan patrones nuevos de pensamiento con los que podrán lograr los resultados que desean. El segundo, en conclusión, permite que las personas continúen aprendiendo en equipo. Es donde se diseña una organización en la que las aspiraciones colectivas quedan en libertad y pueden modificar las actitudes, donde se facilita la puesta en práctica de ideas nuevas o se crea innovación y donde, finalmente, se pueden modificar las actitudes gracias a la incorporación de "rutinas organizativas" o a la internalización de determinadas capacidades.

Para Prahalad (1998) esta necesidad de crear y de sostener la ventaja competitiva o las competencias esenciales es la consecuencia de un nuevo enfoque para dirigir las discontinuidades de nuestro tiempo y, sobre todo, de observar cómo se progresa en la forma de crear competencia, tal y como recoge la figura 5.

FIGURA 5

El reto de dirigir el proceso de desarrollo de competencias
(Fuente: Prahalad, 1998 y elaboración propia)

En consecuencia, desarrollar la competencia es la resultante de una determinada capacidad de entender o de saber utilizar el conocimiento, tanto el científico, el explícito, como el tácito. Es también el resultado de una capacidad específica de crear nuevo conocimiento, lo cual es el producto de una gestión adecuada del mismo y de saber transformarlo en activos, en tecnología o en innovación para la empresa.

En este proceso se integran, como indica Prahalad (1998), una determinada creatividad e imaginación, es decir, un talento específico que deberá poseer unas capacidades especiales para innovar, para poder encontrar nuevas formas de hacer y de crear negocios que sean competitivos. Este es el reto de nuestra época, un desafío heredado de los últimos años del siglo que termina y que será el "paisaje competitivo" que caracterizará el nuevo milenio. Una herencia marcada por un conjunto de discontinuidades tales como globalización, desregulación, volatilidad, convergencia, difuminación de las fronteras sectoriales, desintermediación, estandarización, multiculturalidad y sensibilidad medio ambiental.

Ante este nuevo "paisaje" y frente al nuevo entorno, sujeto a un cambio más dinámico y con mayor diversidad, competir será cada vez más el resultado de la incorporación de conocimiento, de talento y de innovación en los procesos productivos de la nueva economía. Una situación de compleja resolución para las organizaciones en general o para las empresas en particular, ya que han de "aprender a aprender" la nueva realidad si quieren seguir compitiendo en el mercado o habitando efectiva y eficientemente en el nuevo "paisaje".

 

NOTAS BIBLIOGRÁFICAS:

  • Bueno, E. (1996): Dirección Estratégica de la Empresa. Metodología, técnicas y casos, Pirámide, Madrid, 5ª edic.
  • Bueno, E. (1998): "El capital intangible como clave estratégica en la competencia actual", Boletín de Estudios Económicos, LIII, Agosto, 164, 205-229.
  • Bueno, E.; Morcillo, P. (1997): Dirección estratégica por competencias básicas distintivas: Propuesta de un modelo, Documento nº 51, IADE-UAM, Madrid.
  • Chan Kin, W.; Mauborgne, R. (1997): "Fair process: Managing in the knowledge economy", Harvard Business Review, julio-agosto, 65-74.
  • Handy, Ch. (1998): The Hungry Spirit, Oxford University Press, London.
  • Morcillo, P. (1997): Dirección Estratégica de la Tecnología e Innovación, Civitas, Madrid.
  • Nonaka, I. (1991): "The knowledge-creating company", Harvard Business Review, noviembre-diciembre, 96-104.
  • Nonaka, I.; Takeouchi, H. (1995): The knowledge-creating company, Oxford University Press, New York.
  • Pfeffer, J.; Salancik, G.R. (1978): The external control of organizations: A resource dependence perspective, Harper and Row, New York.
  • Prahalad, C.K. (1998): "Managing Discontinuities: The Emerging Challenges", Research-Technology Management, mayo-junio, 14-22.
  • Quinn, J.B. (1992): Intelligent Enterprise (A knowledge and service based paradigm for industry), The Free Press, New York.

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