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LA INNOVACIÓN: UN FACTOR DE COMPETITIVIDAD CLAVE

Patricio MORCILLO

Director de la revista Madri+d

Si tuviésemos que enumerar varios de los rasgos más característicos del desarrollo de la economía actual, tendríamos que citar, sin ninguna duda, los que se refieren a los cambios que se han producido en la delimitación de los mercados en los que se compite, en la situación del entorno empresarial, en el nivel de exigencia de los clientes y en el ciclo de vida de los productos; cambios, todos ellos, que han ido configurando nuevas estructuras y estrategias empresariales basadas en la generación y explotación de nuevas tecnologías e innovaciones.

Incidiendo en estos nuevos aspectos de la economía, podemos efectuar algunos breves comentarios al respecto.

Observamos, en primer lugar, que la competencia empresarial ha ido derribando fronteras y se ha extendido al mundo lo que implica, que al determinar sus objetivos de eficiencia, la empresa, independientemente de su tamaño o sector de actividad, deba posicionarse en relación a los mejores competidores posibles, los cuales, en la mayoría de los casos, no son de origen doméstico. Este imperativo no lleva consigo la multinacionalización de las instalaciones de las empresas, pero sí la ejecución de una inteligencia competitiva que permita captar la información necesaria para, primero, comprender y, después, superar a los competidores líderes. Se tratará, en definitiva, de entender cómo y por qué el entorno cambia y cuál es el futuro que se avecina.

En este contexto de economía abierta, el entorno es más dinámico y hostil ya que surgen, constantemente, nuevos competidores que son o bien empresas de reciente creación o bien empresas procedentes de otros sectores de actividad o del extranjero. Respecto a los competidores procedentes de otros sectores, se tratará, en la mayoría de los casos, de empresas que han explotado el carácter transversal de alguna tecnología genérica con múltiples y variadas aplicaciones.

En cuanto a las necesidades de los clientes, éstas son muy cambiantes y cada vez más pertinentes ya que los consumidores aprenden rápidamente y extraen sus propias conclusiones del amplio abanico de alternativas que los competidores ponen a su alcance. Por último, en lo que concierne a los ciclos de vida de los productos, basta decir que se van acortando debido al hecho de que el ritmo de sustitución de los artículos, provocado por la fuerte intensidad tecnológica de las organizaciones, se acelera de manera creciente.

Uno de los principales efectos inmediatos de este nuevo entorno competitivo, consecuencia de una mayor apertura de fronteras y de un creciente grado de integración económica, es la equiparación de las condiciones de producción a nivel mundial en lo que a costes de mano de obra y a precio del dinero se refiere. En efecto, la integración va limando las diferencias productivas entre los distintos competidores implantados en una misma zona geográfica que registran, en sus diferentes instalaciones, unos costes de mano de obra y un precio del dinero que convergen mientras que la internacionalización, con el correspondiente libre establecimiento de las empresas, posibilita el acceso a idénticos factores de producción en igualdad de condiciones. En estas circunstancias, no les queda otra opción a las empresas que competir mediante la generación de innovaciones que repercutan en sus niveles de productividad, diferenciación y rentabilidad. De esta manera, la innovación se convierte en la fuente más segura de ventaja competitiva sostenible para las empresas.

Es evidente que al concentrar sus esfuerzos en el control de unas innovaciones de proceso o de producto, fruto de la explotación de unas competencias tecnológicas propias, la empresa conseguirá generar unas ventajas competitivas muy difíciles de imitar por los competidores ya que estos tienen otro perfil, otra estructura y otras destrezas y capacidades que, a priori, dificultarán su pronta reacción.

La globalización e integración de la economía ponen a disposición de las empresas unos mercados de gran envergadura y potencial, pero, también, menos propensos a ser controlados indefinidamente por aquéllas. Estas transformaciones, que trastocan, como hemos dicho, el entorno económico, conducen a las empresas a intentar formular unas estrategias de innovación capaces de garantizarles su supervivencia.

En las páginas que siguen, se ofrecen unas colaboraciones y artículos escritos por profesionales y académicos de origen nacional y extranjero. Todas las contribuciones coinciden en el fondo y sus puntos de vista son unánimes al poner de manifiesto la correlación existente entre innovación y competitividad. El hecho de que el análisis se realice desde distintos prismas, como son los correspondientes al mundo empresarial, político y universitario, no hace más que añadir importancia al fenómeno. En síntesis, podemos reafirmarnos en la idea de que el camino que lleva a la competitividad es un camino lleno de trabas pero jalonado de innovaciones tecnológicas que conviene explotar adecuadamente para seguir adelante con buenas expectativas.

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