ENTREVISTA CON D. CARLOS GALDÓN, PRESIDENTE DE GLAXO WELLCOME ESPAÑA
Glaxo Wellcome España ha conseguido ser una de las empresas líderes de la industria farmacéutica en nuestro país mediante el desarrollo de una misión corporativa en la que se establece nítidamente la importancia de la investigación para luchar contra la enfermedad con medicamentos y servicios innovadores.
Con una cifra de ventas que asciende a 51.100 millones de pesetas en 1997, sus gastos en I+D sumaron en ese año 2.726 millones de pesetas, lo que supone un 5,3% de aquella cantidad. Su clara orientación hacia el exterior se refleja tanto en su cifra de exportaciones (10.915 millones de pesetas en 1997), como en el crecimiento que experimentaron éstas con respecto al año anterior (78,8%). Prestan sus servicios a la empresa un total de 1.164 personas.
Desde la perspectiva de la industria farmacéutica, los vínculos entre innovación y competitividad son evidentes. Nuestra compañía (que a nivel mundial invierte en torno a los 300.000 millones de pesetas anuales en I+D) es capaz, gracias a este esfuerzo, de sustituir un producto líder como es el Zantac, que representaba el 45% de las ventas totales en 1994 con nuevos productos y que en la actualidad solamente es un 10% de las ventas totales de Glaxo Wellcome. El ritmo de la competencia en el sector farmacéutico ha hecho que éste tenga una mayor visión de futuro que otros sectores, y, por tanto, confíe en la innovación para garantizarse la supervivencia.
En los últimos tiempos se ha realizado un importante esfuerzo para potenciar en España toda la actividad científica y tecnológica. En ello ha tenido una especial importancia el que la Presidencia del Gobierno las haya subrayado como una prioridad, creando una Oficina coordinadora al máximo nivel. No obstante, esta concienciación que se está produciendo en nuestro país sobre la importancia de la ciencia y la tecnología debe mantenerse y profundizarse. Uno de los objetivos más importantes tiene que ser la relación entre la universidad y la empresa. Esta vinculación reviste una especial importancia para las pequeñas y medianas empresas. En este sentido, constato (en mi doble condición de empresario y miembro del Consejo Social de la Universidad Politécnica de Madrid), una falta de encuentro y comunicación entre universidad y empresa.
La superación de este desencuentro exige, en primer lugar, que la universidad y sus representantes asuman plenamente la función social que desarrollan. Es decir, la universidad debe buscar la frontera del conocimiento y ser capaz de revertir a la economía nacional los avances que logre. Esta transferencia cobra especial relevancia para las PYME, puesto que la gran empresa tiene más mecanismos para cubrir sus necesidades tecnológicas. Una vez que la universidad desarrolle en su integridad un enfoque basado en tal función social, resultaría útil primar presupuestariamente a aquellas universidades y departamentos que destacasen en la colaboración científica y tecnológica con las PYME.
Con respecto a nuestra Comunidad, el objetivo hacia el que debe converger su actividad científica y tecnológica es hacer de Madrid una región puntera a nivel mundial en todos los aspectos. Uno de los ejemplos a seguir es el de Israel que ha sido capaz de superar unas duras condiciones ambientales y unas circunstancias históricas difíciles para alcanzar un nivel de desarrollo tecnológico acorde con sus intereses.
En Madrid todos debemos perfeccionar la coordinación de las diferentes acciones acometidas, buscando una orientación más clara hacia las empresas madrileñas. De este modo, podremos superar el aspecto negativo que presenta nuestra fuerte dependencia tecnológica. Un ejemplo de esta coordinación mejorada lo constituye la Línea Verde que puesta en marcha por FUNGESMA con el apoyo de CEIM y de la Cámara de Comercio de Madrid facilita a las PYMES información para hacer posible su transición hacia unas tecnologías limpias, acordes con las nuevas regulaciones medioambientales.
En conclusión, debemos ofrecer -especialmente a la PYME- soluciones idóneas a las tres cuestiones principales derivadas de la investigación: el gasto que puede asumirse, el éxito siempre incierto y el tiempo necesario para culminar los proyectos de innovación.
En mi opinión, tales respuestas pasan por dar estabilidad social a la industria. Un sector industrial fuerte es una garantía de desarrollo económico y social. Tenemos entre todos que sentar las bases para que Madrid desarrolle todas sus posibilidades con el sector industrial. Entre otras medidas apunto las que considero prioritarias:
Estas actuaciones contribuyen a generar una masa crítica mínima para que la innovación se transforme en productos y servicios que revierten a la sociedad mediante la creación de riqueza y empleo.
La sociedad en su conjunto debe comprender que la protección de la propiedad intelectual es clave para la innovación. No se puede mantener la innovación si quien ha asumido sus costes y el riesgo inherente a la misma no puede obtener beneficios. La innovación, como es evidente en nuestro sector, se traduce en una mayor calidad de vida para todos. Baste recordar que, hace muy poco tiempo, el diagnóstico de SIDA equivalía a una sentencia de muerte. Hoy en día, gracias al esfuerzo investigador de la industria farmacéutica innovadora, el SIDA se ha convertido en algo parecido a una enfermedad crónica. La úlcera y su superación con medicamentos como la Ranitidina, fruto de la actividad innovadora de Glaxo Wellcome, también ilustra perfectamente esa afirmación.
Pero estas mejoras aportada por las empresas farmacéuticas sólo son posibles si éstas se encuentran perfectamente establecidas y desaparece una cierta corriente de la conciencia social que aprueba la copia y comercialización irregular de medicamentos registrados por ciertas entidades. En este sentido, acuerdos como los TRIPs ayudan a clarificar la situación, haciendo que a la larga sólo las empresas que den un valor añadido a la sociedad puedan encontrar acomodo en ésta. España es ahora un claro ejemplo de inserción en las coordenadas occidentales, que, mediante la liberalización y la desregulación, constituyen unas reglas de juego transparentes para la actividad empresarial incentivadora de nuevos proyectos e inversiones y generadoras, por tanto, de empleo y riqueza para todos.
[A destacar en cuadros insertos en el texto principal:
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