Un análisis de las barreras y obstáculos a la cooperación Universidad-Empresa
Eva Mª Mora Valentín pertenece a la Facultad de C. C. Jurídicas y Sociales de la Universidad Rey Juan Carlos. En este artículo, se aborda el análisis de la cooperación universidad-empresa. A pesar de que esta colaboración existe desde hace mucho tiempo, dichas relaciones han experimentado un importante crecimiento a lo largo de la pasada década. Tanto la universidad como la industria se han visto sometidas a un cambio de cultura, asumiendo que la cooperación entre ambas constituye una obligación social. Por ello, si bien hoy no tiene sentido justificar la importancia de las relaciones universidad-empresa (U-E), la polémica debe centrarse en cómo mejorarlas, potenciarlas y salvar los obstáculos que puedan existir entre ambas. El presente artículo pretende realizar un análisis de las barreras y obstáculos a la cooperación universidad-empresa, así como de las medidas que existen para superarlos.
Introducción Aunque existe una tendencia generalizada a pensar que la investigación básica es una de las principales tareas de la universidad, muchos trabajos han puesto de manifiesto la importancia que ésta puede tener si se reconduce de forma adecuada hacia la industria. Poco a poco se ha ido imponiendo la idea de que la innovación tecnológica se produce a través de las interdependencias que se establecen entre las empresas, las universidades o centros de investigación y la Administración pública. De este modo, las políticas en materia de investigación, tanto en el ámbito público como en el privado, se han centrado en la creación y mantenimiento de vínculos entre la investigación académica y la industria con la finalidad de potenciar el nivel económico de los países. Por esta razón, el papel de la cooperación entre la universidad, industria y gobierno ha cobrado una mayor importancia a escala mundial. Sin embargo, y debido a que la universidad y la industria aparecen como dos entes totalmente distintos, el incremento de sus relaciones ha provocado la aparición de infinidad de estudios donde se analizan sus divergentes puntos de vista. Así, aunque ambas partes están dispuestas a llegar a determinados acuerdos, también surgen ciertos problemas derivados de la controversia e incomprensión entre empresa y universidad. Por lo tanto, las barreras y obstáculos a la cooperación universidad-empresa (U-E) se derivan de la divergencia de objetivos e intereses que existe entre ambas. Mientras que el objetivo central de la empresa es la realización de investigación aplicada para la obtención rápida de beneficios, la universidad prefiere la investigación básica de forma que sea posible un avance en el conocimiento (figura 1). En palabras de Liyanage y Mitchell (1994), cada una de las partes actúa según sus propios objetivos, los cuales no tienen por qué coincidir con los del consorcio.
Llegados a este punto, podríamos preguntarnos si, a pesar de las citadas barreras y obstáculos, es posible que se produzca una efectiva cooperación entre la universidad y la empresa. En este sentido, algunos estudios han demostrado que las relaciones formales y a largo plazo entre la universidad y la industria son totalmente factibles a pesar de que éstas se vean truncadas por las barreras y obstáculos que aparecen en la realidad (Geisler et al, 1990). Por otro lado, también encontramos diversos mitos sobre las relaciones U-E, algunos positivos y otros negativos que, sin duda, han contribuido a difuminar las causas que conducen al éxito o al fracaso de la colaboración entre ambas partes. En definitiva, dichos mitos han fomentado la aparición de barreras y obstáculos a la cooperación U-E. Siguiendo esta línea de investigación, encontramos dos tipos de estudios. En primer lugar, aquéellos que se limitan a la identificación de las barreras y obstáculos que dificultan la cooperación entre la universidad y la industria y, en segundo lugar, los que además proponen una serie de medidas para reducir el gap que existe entre ambas partes. Así, mientras que existen diversos trabajos del primer tipo, nos encontramos ante un número reducido del segundo (figura 2). Figura 2. Barreras/obstáculos a la cooperación universidad-empresa y medidas para superar los mismos
Fuente: elaboración propia
Barreras y obstáculos a la cooperación
Si realizamos una revisión de los trabajos del primer tipo, podemos agrupar las barreras y obstáculos que impiden que se dé una eficaz cooperación entre ambas partes en cinco grandes bloques: restricciones impuestas por la industria, problemas de apropiación de resultados, problemas de comunicación, duración de la investigación y diferencias culturales. Sin embargo, debe quedar claro que aunque este trabajo sólo recoja aquellos obstáculos y barreras que aparecen en la mayoría de las relaciones U-E, no se pueden extrapolar los problemas encontrados en un determinado tipo de colaboración al resto de los casos, es decir, existen determinadas barreras que sólo aparecen esporádicamente (en función del tipo de empresa, sector donde ésta opere, etc.). El primer tipo de obstáculos hace referencia a las restricciones que la industria impone a la universidad en aquellos aspectos relacionados con el tipo de investigación realizado, la divulgación de los resultados obtenidos en las investigaciones y la publicación de dichos resultados.
Los problemas de apropiación de los resultados constituyen el segundo tipo de obstáculos a la cooperación U-E. En este caso, los académicos pueden apropiarse de los resultados de la investigación e iniciar negocios propios. En palabras de Bonaccorsi y Piccaluga (1994), se trata de un problema de comportamientos oportunistas por parte de los académicos. En tercer lugar, y como consecuencia de los distintos valores y orientaciones que tienen la universidad y la industria, aparecen los problemas de comunicación. Las barreras a la comunicación están relacionadas con el flujo de información dentro y entre los miembros de las distintas partes. Algunos autores se refieren a ellos indicando que universidad e industria "hablan idiomas diferentes". Para López-Martínez et al. (1994), estos problemas constituyen una barrera de tipo estructural. La comunicación puede producirse a través de medios personales (por ejemplo, conversaciones cara a cara o por teléfono, reuniones formales e informales, etc.) y de medios impersonales (por ejemplo, documentos escritos). No obstante, el canal de comunicación usado para transmitir información va a depender del grado de codificación de la misma. De esta forma, si el conocimiento que se pretende transmitir presenta un bajo grado de codificación (conocimiento tácito), resulta conveniente el uso de medios más complejos (transmisión oral, observación repetida, etc.); por el contrario, si el conocimiento está codificado, puede transmitirse a través de informes escritos o instrumentos impresos similares. Sin embargo, la comunicación entre ambas parece no funcionar por lo que, mientras la industria ha mostrado un total desinterés por lo que la universidad podía ofrecerla, esta última se ha mantenido apartada de las necesidades de la industria. La designación de una figura que sirviese de enlace entre ambas partes para facilitar el proceso de comunicación resulta fundamental para corregir este problema. Otra barrera que dificulta la colaboración U-E es la que se refiere al horizonte temporal de la investigación. Mientras que la empresa prefiere llevar a cabo investigaciones de corta duración para la resolución práctica de problemas, la universidad se inclina hacia proyectos que se extienden a lo largo de un período de tiempo superior. Por ello, la empresa suele presionar a la universidad para que lleve a cabo sus investigaciones en períodos cortos de tiempo. Por último, tenemos que referirnos a las barreras culturales que se dan entre el mundo académico y el industrial. Las diferentes culturas de la comunidad científica y de la industrial son consideradas como uno de los principales obstáculos a las relaciones U-E. De esta forma, la mayoría de los autores coinciden en afirmar que la existencia de dos culturas totalmente opuestas es el origen de los obstáculos a la cooperación U-E. En definitiva, muchos de los obstáculos/barreras analizados hasta ahora son consecuencia de estas diferencias culturales. En palabras de Dierdonck et al. (1990), "las diferentes culturas son las raíces de las barreras a las relaciones U-E". López-Martínez et al. (1994) consideran las diferencias culturales una barrera de tipo estructural. En primer lugar, podemos hablar de dos códigos éticos distintos. Mientras que la universidad basa su comportamiento en normas éticas como la no-privacidad de los conocimientos generados a través de una actividad científica, libertad para publicar los resultados de las investigaciones, prestigio profesional, calidad en las investigaciones y generación de conocimiento, la industria prefiere atender a otro tipo de reglas como la privacidad de los conocimientos obtenidos en la investigación, la no-publicación de los resultados generados, ánimo de lucro, aplicación de las investigaciones a la estrategia de negocio y mejora en su posición competitiva. Por otro lado, las comunidades académicas y científicas se mueven en distintos entornos organizativos. La universidad está atrapada en una estructura rígida y burocrática en la que proliferan las normas; la estructura de la empresa debe ser flexible si quiere permanecer en el mercado a largo plazo. Los investigadores de la industria cuentan con un sistema de remuneración y recompensas; los investigadores de la universidad tienen que conformarse con la publicación de sus investigaciones. La universidad fija sus objetivos a largo plazo; la empresa lo hace a corto plazo.
Medidas para superar las barreras y obstáculos
En cuanto a los trabajos del segundo tipo, resulta bastante enriquecedor destacar el realizado por Webster y Etzkowitz (1991). Los autores proponen un modelo híbrido de colaboración entre la universidad y la industria capaz de resolver las diferencias culturales que se dan entre ambas. Éstas son algunas de sus características:
Según Bonaccorsi y Piccaluga (1994), cuando la industria impone restricciones a la universidad en materia de publicaciones, discusiones, etc., los acuerdos institucionales deben contemplar negocios equitativos que motiven en mayor medida a los académicos en la colaboración para la obtención de beneficios privados. En el caso de que aparezcan problemas de apropiación de los resultados, los acuerdos deben incluir cláusulas de exclusividad, que pueden ser unilaterales (instrumentos de protección contra los "derrames" de información) o bilaterales (mientras dura la relación no se pueden mantener relaciones con otro socio de la misma naturaleza, al menos, en el mismo área). Para Jaque et al. (1987), la elaboración de un marco legal que impulse la colaboración entre la universidad y la industria reduciría, e incluso anularía, el efecto de las barreras y obstáculos existentes entre ambas. Dicho marco legal debería centrarse en: a) la protección de la titularidad de las patentes que pudieran obtenerse por la I+D universitaria, b) la clarificación de los problemas contractuales existentes en la concesión de licencias y c) determinar los derechos de publicación de los resultados del investigador. En definitiva, todos estos intereses deberían ser regulados en una Ley de Patentes. Liyanage y Mitchell (1994) afirman que, debido a la excesiva complejidad de las interacciones que son necesarias en la comercialización de una investigación, más que un cambio de cultura, sería necesario que tanto universidad como empresa aceptasen mútuamente sus intereses de forma que ambos puntos de vista quedasen integrados en la estrategia de colaboración. En definitiva, la integración vertical de las funciones permite, de forma relativamente flexible, cruzar las fronteras culturales.
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