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Editorial

Cultura de innovación y espíritu de empresa

 

La cultura de innovación es una forma de pensar y de actuar que genera unos valores y actitudes propensos a suscitar, asumir e impulsar ideas y cambios. Estos últimos supondrán mejoras en el funcionamiento y eficiencia de la empresa, aún cuando ello implique una ruptura con lo convencional o tradicional.

Para que una cultura de esta naturaleza tome cuerpo, se deben crear unas condiciones muy concretas que la dirección de la empresa intentará implantar en la organización. Entre estas condiciones podemos destacar unas de carácter básico que se refieren a la asunción de riesgos por parte de la dirección, a la participación de todos los miembros de la organización en el desarrollo de proyectos de innovación y al fomento de la creatividad.

En lo que respecta a la asunción de riesgos por parte de la dirección de la empresa, hay que empezar por precisar que todo aquél que innova corre riesgos, dado que es imposible controlar todos los imponderables que surgen en el momento de gestar, concebir y comercializar el nuevo bien o servicio. Frente a este riesgo, y a la posibilidad de obtener resultados adversos cuando se introduzca el producto en el mercado, la dirección de la empresa no deberá contemplar medidas sancionadoras en contra de quien haya estado originariamente en el proyecto. En efecto, el hecho de admitir el derecho al error hace que los empleados no teman proponer sus ideas, pero si, por el contrario, existe cualquier clase de represalia hacia el que se equivoca, entonces no aflorarán nuevas sugerencias en el futuro. Cuando se toma la decisión de acometer un proyecto de innovación, la dirección debe involucrarse y apoyar la iniciativa de tal forma que el proyecto deje de ser el de una persona para convertirse en un proyecto de empresa. Adoptando esta actitud participativa, la persona de la que parte la idea se sentirá mucho más arropada por la organización. En caso de éxito, habrá acertado la dirección y triunfarán todas las personas asociadas a la innovación al igual que, en caso de fracaso, será toda la organización, incluida evidentemente la dirección, la que habrá errado.

Además de respaldar la innovación, la dirección deberá intentar inculcar a todos sus empleados actitudes emprendedoras de manera que aprendan a pensar en términos de utilidad y de mercado en lugar de excelencia técnica, ya que ésta sólo sirve para saciar el ego de los individuos.

La existencia de un fuerte compromiso de la dirección con las nuevas tecnologías y la innovación, le permite entender cómo funciona la tecnología, conocer sus límites y potencial, controlar los recursos necesarios, ser consciente de la velocidad del cambio, advertir las opciones disponibles y los beneficios esperados en caso de éxito.

Con relación a la segunda condición de base, que alude al trabajo en equipo, se debe señalar que las innovaciones han dejado de emanar, de forma exclusiva, del departamento de I+D que, tradicionalmente, gestionaba y realizaba los proyectos de manera unilateral. En efecto, hoy en día, las innovaciones son el resultado de unos esfuerzos conjuntos desarrollados por personas que participan en equipos multidisciplinares. Con este planteamiento se desea que todo el personal de una organización colabore a favor de una causa común en lugar de competir impidiendo la difusión de aquellas informaciones que controlan en régimen de monopolio. Estos equipos de expertos funcionales alcanzan una elevada productividad porque poseen conocimientos complementarios que mejorarán la capacidad de adaptación al entorno.

El proceso de innovación tiene que ser interactivo apareciendo, permanentemente, unos efectos de retroalimentación que movilicen e integren las distintas competencias personales disponibles. Según unas estimaciones del Sloan Institute, sólo el 25 por ciento de las innovaciones industriales son generadas por el departamento de I+D de las empresas, mientras que el 75 por ciento restante proviene de ideas suscitadas por otros expertos funcionales, clientes, competidores y proveedores.

Ya, por último, se valora cada día más la creatividad como factor de cambio y de progreso e incluso se le confiere un valor superior que al conocimiento técnico aunque éste, al ser codificable, sea más asequible. Sin embargo, tampoco se trata de aprobar ipso facto cualquier idea por el mero hecho de ser nueva. Una decisión equivocada puede ser fatal para una compañía que no haya medido muy bien las implicaciones estructurales y estratégicas de una propuesta eminentemente revolucionaria. Para evitar tales problemas, las organizaciones deben establecer algunos filtros que faciliten la elección de ideas nuevas. Si las proposiciones realizadas por los empleados proceden de una creatividad normativa (la que se suscita con vistas a solucionar problemas detectados en la empresa) o de una creatividad exploratoria (aquella que consiste en descubrir nuevas aplicaciones a innovaciones ya experimentadas en un determinado sentido), será aconsejable recurrir a círculos de calidad, análisis de valor o a cualquier otra técnica que favorezca una investigación de tipo asociativo. Si, en cambio, las ideas se deducen de una creatividad aleatoria (inventiva toda acimut), será oportuno elegir otras herramientas como, por ejemplo, los círculos de creatividad y los denominados métodos intuitivos como el brainstorming ("tormenta de ideas") o el lateral thinking ("pensamiento lateral").

Estos métodos obedecen a unos mismos principios: el descubrimiento se localiza en el inconsciente de las personas y para llegar hasta el consciente es necesario liberar las inhibiciones; el descubrimiento presupone la existencia de un clima agradable; el descubrimiento no proviene sistemáticamente de expertos aislados, sino de personas pertenecientes al grupo multidisciplinar que constituye la unidad operativa de investigación más adecuada.

Para ser competitivas, es imprescindible que las empresas cambien aquellos elementos internos que impiden que la innovación sea una forma de vida para ellas. En este sentido, los cambios de actitud y de gestión sólo se consiguen adoptando una visión de futuro basada en una cultura fuerte.

P.M.

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