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Investigación aplicada

 

Centro de Astrobiología (CAB)

El INTA abre una ventana al universo viviente junto con la  NASA

 

Luis Miguel Ariza

 

El Centro de Astrobiología (CAB) del Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA) es el único miembro internacional asociado al NASA Astrobiology Institute que tiene su sede en Ames Research Center, en California (Estados Unidos). Reúne a un importante grupo interdisciplinar de científicos españoles que abordan la cuestión trascendental sobre si la vida es un imperativo cósmico. La ciencia que en él se desarrolla, la Astrobiología, ha sido desarrollada por científicos españoles en colaboración con algunos colegas norteamericanos e, igualmente, el propio proyecto del CAB es genuinamente español.

La Astrobiología ha sido impulsada por la NASA para tratar de encontrar respuestas al misterio del origen de la vida en la Tierra y si ésta puede surgir en otras partes del Universo. Es preciso diferenciar la Astrobiología de la tan popular búsqueda de inteligencia extraterrestre, llevada a cabo fundamentalmente por el proyecto SETI, cuyo campo de acción es mucho más amplio. La Astrobiología pretende, en primer lugar, estudiar y comprender el fenómeno de la vida desde una perspectiva cósmica, en el sentido de considerar la vida como una parte integrante del Universo y la lógica consecuencia de las leyes que lo rigen; pretende también encontrar una relación teórica entre el nacimiento del Universo, el Big Bang, y la vida; estudiar las condiciones que hacen a un planeta habitable, es decir, la forma en que los ladrillos básicos que constituyen los seres vivos se precocinan en el interior de los astros; la búsqueda de planetas extrasolares potencialmente habitables; la historia de los planetas de nuestro sistema solar y la relación que existe entre la geología, la generación de atmósferas y la vida; la forma en que la vida es capaz de superar los ambientes hostiles; la relación genética entre todos los organismos vivientes y la simulación de moléculas y células en el laboratorio; y, por último, determinar qué tecnología, derivada de todos estos conocimientos, es necesaria para dotar a las misiones planetarias de sensores y ojos para detectar potenciales formas de vida. Puede comprenderse que tal esfuerzo requiere de la experiencia y la formación de científicos de diversas especialidades: físicos, astrofísicos, geólogos, biólogos moleculares, microbiólogos, químicos, matemáticos e ingenieros. Ése es el núcleo esencial de la Astrobiología -la charla científica, la cooperación, el intercambio de ideas y estrategias- y precisamente ésa es la filosofía que subyace tras la fundación del CAB, en total coordinación con sus homólogos de la NASA, los once miembros de prestigiosos centros y universidades norteamericanas que pertenecen al NAI.

¿Cómo se puede organizar una tarea científica de esta envergadura si la ciencia no tiene evidencias ni pruebas de la existencia de cualquier forma de vida extraterrestre?. Entre la comunidad científica internacional existe actualmente la impresión acentuada de que la vida no es un fenómeno exclusivo de nuestro planeta y que es preciso dedicar las mejores mentes y recursos económicos para tratar de desvelar el misterio. LA NASA ha actuado como el catalizador de toda esta nueva corriente de pensamiento, que está siendo reforzado por una serie de sorprendentes hallazgos científicos en revistas de prestigio. Por citar una pequeña muestra, las pruebas indican, por ejemplo, que Marte tuvo agua líquida en el pasado y, como es sabido, la vida conocida está indisolublemente asociada al agua; o que en el espacio es posible la formación espontánea de proteínas y moléculas con actividad biológica; de hecho, en los meteoritos caídos a la Tierra se han encontrado componentes esenciales de las proteínas, los aminoácidos.

Toda una batería de preguntas y líneas de investigación precisan de equipos y expertos en diversas áreas que apliquen el método científico a la Astrobiología y todos ellos confluyen en el CAB. El edificio que lo albergará, un edificio de concepción lineal que constará de ocho laboratorios y varias oficinas en una superficie de unos 7.000 metros cuadrados, se está construyendo dentro de las instalaciones del INTA, en Torrejón de Ardoz. En dichos laboratorios se experimentarán y estudiarán procesos de evolución molecular, de secuenciación genética, de microorganismos extremófilos, de geología planetaria, de robótica y operación remota, de ordenadores y aplicaciones telemáticas.

El edificio constará de una planta en la zona de laboratorios y dos en la de oficinas diseñadas para que los científicos intercambien sus ideas siempre según el concepto más poderoso que está detrás de la Astrobiología: la interdisciplinaridad científica. El CAB albergará, entre otras instalaciones, una gran biblioteca, un auditorio acristalado para 140 personas y dos salas de reunión con tecnología multimedia.

En el CAB, la ciencia experimental está concebida para comprobar y construir un puente teórico entre el Big Bang y la Biología, un objetivo esencial que integra una variedad de aproximaciones al problema de la vida y su proyección en el Universo. Se abordarán, entre otros, estudios sobre las reacciones químicas entre moléculas en la base de la vida, la búsqueda del ancestro común a todos los seres vivos del planeta, la forma en que bacterias, algas y hongos sobreviven en ambientes hostiles y su genética, el número de genes necesarios para definir un ser vivo mínimo, procesos de teledetección extraterrestre en otros planetas del sistema solar, estudio de atmósferas planetarias y terremotos, las tecnologías necesarias para operar robots por control remoto y la simulación de formación de sistemas planetarios mediante ordenadores de altas prestaciones. Además, una parte importante de la tarea del CAB es el desarrollo de una tecnología de comunicaciones que haga de él un auténtico instituto virtual, concepto éste que emana del NAI que estará conectado con sus once miembros y con el CAB mediante sistemas avanzados de teleconferencia, videoconferencia holográfica e Internet de próxima generación.

El CAB, pues, dispondrá de laboratorios de comunicaciones y de telemática que serán pioneros en España, ya que constituirá la puerta de la próxima generación de Internet en Europa. En lo que respecta a la tecnología, participará de lleno y con iniciativa propia en las próximas misiones planetarias de la NASA, incluida la exploración de Marte, cuyo objetivo es la búsqueda de posibles formas de vida en otros planetas. Además, una parte esencial de las actividades del CAB consiste en la formación de astrobiólogos en España y programas de divulgación de la Astrobiología y las Ciencias del Espacio dirigidos a estudiantes, jóvenes y niños, el futuro de las nuevas generaciones de astrobiólogos del siglo que viene. Todo este esfuerzo ha sido posible en el marco de la estrecha e histórica colaboración que el INTA mantiene con la NASA desde hace muchos años y que tan excelentes frutos ha dado. Además del INTA, el CAB tiene una importante financiación de los Fondos Europeos FEDER y cuenta con plena participación y apoyo económico de la Comunidad de Madrid, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, La Oficina de Ciencia y Tecnología de la Presidencia del Gobierno y Telefónica Investigación y Desarrollo.

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