Nosotros, los sentidos, somos un grupo de buenos y bien avenidos amigos. Cada uno con su personalidad propia y con sus cualidades y defectos característicos; pero todos con la misma vocación, ayudar al organismo. Yo la vista, soy el sentido más importante, o al menos, el más mimado de los cinco, cuántas veces se ha dicho “ojos que no ven corazón que no siente”. Yo el tacto, tengo la habilidad de proporcionar información al organismo sobre el mundo que le rodea y hacerle diferenciar un cosquilleo, una presión o una caricia. Yo el gusto estoy situado sobre todo en la lengua y puedo hacer la vida muy dulce, o salada o ácida o amarga; estoy unido a mi hermano el olfato que es bastante afortunado , puesto que cuando hay algún problema el cerebro casi siempre me echa la culpa a mí. Yo, el oído, soy uno de los sentidos “con más sentido” pues me considero imprescindible para el desenvolvimiento del organismo con relación al entorno.