Cien años de la insulina

La historia de uno de los descubrimientos más importantes de la medicina es un buen ejemplo de los tortuosos caminos que sigue la ciencia

A principios de los años 1920 un cirujano canadiense llamado Frederick Banting ideó una forma de extraer insulina del páncreas. Por entonces ya se sabía que ese órgano producía algún tipo de molécula para regular los niveles de azúcar en sangre. Como Banting sabía de cirugía pero no de fisiología le pidió ayuda a un investigador de Toronto llamado J.J.R Mcleod. Aunque al principio Mcleod no estaba muy convencido del proyecto, acabó facilitándole a Banting espacio en su laboratorio y los servicios de un ayudante. Cuentan que dos estudiantes se presentaron para el puesto y echaron a suertes quién se quedaba en el puesto lanzando una moneda al aire. Ganó un chico llamado George Best. En ese momento no lo sabían, pero esa moneda decidió un futuro premio Nobel.

Los experimentos, que fueron realizados en perros, demostraron que la idea de Banting era buena. La idea consistía en ligar una parte del páncreas para evitar que durante la extracción se liberasen moléculas que degradan a la insulina. Mcleod, espoleado por los buenos resultados, acabó dejando de lado su propia investigación para centrarse en el proyecto de la insulina. Y más tarde, el bioquímico James Collip se unió al grupo y ayudó a perfeccionar el método de purificación.

En breve se hicieron ensayos clínicos con pacientes y los resultados fueron buenos. También consiguieron aplicar la técnica de extracción de insulina a vacas, lo que permitía obtener cantidades mayores de la molécula. En 1923, Banting y Mcleod recibieron el premio Nobel de Fisiología.

Hay dos gestos reseñables en el descubrimiento. El primero es que los autores lucharon para que el descubrimiento fuese público y que todos los pacientes pudieran acceder a la insulina de forma barata. Acordaron solicitar una patente sobre la técnica de extracción y luego se la vendieron a la Universidad de Toronto por el precio simbólico de 1 dólar. El segundo es que Banting compartió el dinero y el prestigio del premio Nobel con Best, y Mcleod hizo lo propio con Collip.

Esta historia tiene un pequeño apéndice. Décadas más tarde, un descubrimiento casi fortuito en el área de microbiología permitió diseñar una forma de producir insulina más rápida y barata mediante ingeniería genética, que es el método que se utiliza hoy en día. Una prueba más de la importancia de la ciencia básica para resolver todo tipo de problemas humanos.

Podéis leer más sobre el tema aquí y aquí.


Foto de portada: Los billetes de 100 dólares canadienses contienen un dibujo de un bote de insulina en homenaje a los investigadores que perfeccionaron su extracción. Ross Dunn/Flickr

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