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El argumento de la cinta dejaba traslucir, sin contarlo explícitamente, que el final de Mozart fue tan espectacular como su obra, habría muerto víctima de otro compositor, Antonio Salieri, que, celoso de las dotes del genio, se las habría ingeniado para envenenarle. La realidad pudo ser otra, menos dramática: Mozart pudo morir por las secuelas dejadas por una infección bacteriana que le dejó inservibles los riñones.
Que el asesino de Mozart bien pudo ser Streptococcus pneumoniae, el estreptococo, es la tesis que proponen los autores de un artículo publicado recientemente en la revista Anales de Medicina Interna. No es tan espectacular como la película de Forman, pero puede que más parecido a lo que ocurrió. Al menos los autores no se basan en la leyenda, sino en la comparación de los síntomas que Mozart presentó los días antes de su muerte con los que hoy en día sabemos puede producirse tras una infección por esta bacteria patógena.
Lea el mensaje completo en: weblogs.madrimasd.org/microbiologia
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