|
La mayoría de las veces, las consecuencias no pasan de dolorosas reacciones de tipo local, con enrojecimiento, picor e inflamación en el punto de la lesión y zonas adyacentes, afectando en algunas ocasiones a un área muy extensa. «Aunque estas reacciones locales pueden llegar a ser muy aparatosas, no ponen en riesgo la vida de la persona, salvo que la picadura se produzca en la boca o en el cuello. Sólo requieren un tratamiento sintomático», explica Arantza Vega Castro, coordinadora del Comité de Himenópteros de la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC). Y lo mismo sirve para las avispas, con la particularidad de que éstas no pierden el aguijón y lo pueden volver a clavar. Además, ambos himenópteros liberan feromonas que atraen a otras congéneres y las vuelven agresivas, con el consiguiente riesgo de picadura múltiple y, en consecuencia, reacciones tóxicas importantes.
Sin embargo, en un pequeño porcentaje de los casos, el 3 por ciento, ocurren reacciones generalizadas más graves en respuesta al veneno, con hipotensión, broncoespasmo y pérdida de consciencia. Son respuestas alérgicas que «pueden comprometer la vida del afectado. La tasa de mortalidad anual por esta causa se sitúa en un 0,4 por millón de habitantes, lo que significa que en España pueden morir entre 15 y 20 personas al año por la picadura de un himenóptero», aclara Vega.
A pesar de ello, y según una reciente encuesta realizada por especialistas del Hospital Universitario de Guadalajara a médicos de urgencias y atención primaria, más de la mitad de los profesionales ignora la existencia de vacunas para curar la alergia a las abejas y avispas. Datos que, según Vega, revelan «el desconocimiento que sobre la alergia al veneno de himenópteros hay entre los mismos profesionales sanitarios». Por lo general, quienes acuden a los centros de atención primaria o a urgencias por este motivo no son remitidos al alergólogo, y la alergia queda sin diagnosticar.
LAS AVISPAS, MÁS AGRESIVAS
Se estima que en España más de un millón de personas son alérgicas al veneno de abejas y avispas. Andalucía, Galicia, Castilla y León y la Comunidad Valenciana son las autonomías que registran un mayor número de casos. «En general, es más frecuente la alergia al veneno de avispas, que son más agresivas que las abejas. En el área mediterránea, es la picadura de la avispa papelera, del género Polistes, la más habitual, sobre todo en piscinas y entre trabajadores de la construcción, y en el norte, la de la avispa común, Vespula. Pero en las comarcas con tradición en apicultura, como en la Alcarria, hay más gente expuesta al veneno de abejas», señala Vega, que aclara que las personas que reaccionan al veneno de abejas suelen tolerar las picaduras de avispas y viceversa.
La época de mayor riesgo es el verano, sobre todo en julio y agosto, ya que la actividad de los himenópteros aumenta con el calor y éstos se sienten atraídos por la superficie de aguas tranquilas, por lo que merodean por las zonas de baño. Quienes más riesgo tienen, según las estadísticas, son los varones entre 30 y 50 años, un perfil que coincide con los agricultores y trabajadores de la construcción, que faenan al aire libre.
En los alérgicos, una única picadura basta para provocar un cuadro general que afecta a diferentes órganos, con vómitos, diarreas y ronchas o habones. En estos casos, hay que acudir de inmediato a un servicio médico que prescribirá adrenalina y otros fármacos como antihistamínicos y corticoides para revertir los síntomas. Además, es conveniente trasladar al afectado a un hospital para mayor seguridad.
La posterior visita al alergólogo determinará la conveniencia de someterse a inmunoterapia con extractos del veneno que causa la alergia, único tratamiento capaz de bloquear los síntomas en caso de nuevas picaduras. De lo contrario, se repetirán en el 60 por ciento de los adultos y el 10 por ciento de los niños. El objetivo de esta vacuna es modificar la respuesta inmunológica y producir la desensibilización. Algo que se consigue inyectando cantidades crecientes de veneno del himenóptero frente al que se reacciona, hasta llegar a los cien o doscientos microgramos.
Después, se continúa con una pauta de mantenimiento en la que se administra esta dosis máxima cada uno o dos meses durante un tiempo relativamente largo, que en la mayoría de los casos va de 3 a 5 años. La eficacia del tratamiento es alta, y la alergia desaparece en el 95 por ciento de los pacientes tratados con veneno de abeja y en el 98 por ciento de los tratados con veneno de avispa.
SÓLO EN CASO DE ALERGIA
Antes de la administración de la vacuna, se realiza un estudio diagnóstico en el que se identifica al insecto causante de los síntomas y con su veneno se hacen pruebas de alergia en sangre y piel. Un requisito indispensable para determinar la pertinencia de la vacunación, indicada sólo en caso de alergia.
No se prescribe en el caso de reacciones locales sin otros síntomas, aunque sean extensas, con inflamación alrededor de la picadura de más de 10 centímetros de diámetro, que aparece a los pocos minutos y dura más de 48 horas, ya que sólo un 5 por ciento de los afectados desarrollan una reacción generalizada en una segunda picadura.
Las reacciones locales aparatosas no indican predisposición a la alergia al veneno: «Parece que de alguna forma los que las sufren están protegidos frente a reacciones generalizadas», aclara la doctora Vega. Lo que sí predispone es el número de picaduras previas, porque «cuantas más se hayan producido, hay más probabilidades de «fabricar» anticuerpos contra el veneno que provoca la alergia», especifica la alergóloga.
Autor: Pilar Quijada
|