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Todo esto es cierto, sí, pero invariablemente una cierta insatisfacción acaba por adueñarse de nuestro interlocutor al acabar de balbucear estas explicaciones. Solo un pequeño porcentaje de los estudiantes disfrutan espontáneamente de estas tan alabadas cualidades, constituyendo para la mayoría una dificultad cuando no un tormento.
Esta inquietud solo puede superarse diciendo claramente que son todo ésto y mucho más. Nos percatamos cuando caemos en la cuenta de que las matemáticas actuales constituyen un auténtico tesoro cultural acumulado a lo largo de miles de años, tesoro cuya pertenencia y génesis no distingue países, lenguas, religiones o sistemas políticos. Este tesoro está compuesto por una acumulación extraordinaria de conocimiento, que va desde los primitivos sistemas de numeración babilónicos, pasando por los primeros sistemas matemáticos, hasta el moderno desarrollo de teorías, modelos y técnicas abstractas o aplicadas.
Las matemáticas constituyen seguramente el legado más universal de la humanidad. Su belleza interna, su música, ha subyugado desde siempre a la mente humana, haciéndola vagar por ese paisaje platónico, permitiéndonos a veces descubrir imágenes asombrosas. ¿Cómo no admirarse al descubrir que los números naturales son infinitos o que las formas de las superficies orientables están caracterizadas exclusivamente por sus agujeros? Una pelota no tiene agujeros y esta propiedad la caracteriza completamente. ¿Es así también si imaginamos una pelota en tres dimensiones? Henri Poincaré pensó que era así hace más de cien años, pero comprobarlo fehacientemente se ha convertido en una de las incógnitas fundamentales de las matemáticas. Este problema ha sido derrotado por Grigori Perelman, galardonado con la medalla Fields (aunque lamentablemente ha rechazado el premio) junto a otros tres brillantes matemáticos: Andrei Okounkov, Terence Tao y Wendelin Wender.
Esto y muchísimo más compone el tejido con el que está confeccionado el Congreso Internacional de Matemáticos que se celebra por vez primera en España en su siglo de historia, y que refleja mejor que nada la fuerza y la vitalidad de las matemáticas a pesar de su ya venerable edad. Parte importante del crecimiento económico del mundo desarrollado se basa en las nuevas tecnologías. Desde la cumbre de la matemática mundial se divisa un bello paisaje, sutil, profundo y, a la vez, dinámico.
Autor: Alberto Ibort (Miembro del Comité Ejecutivo del Congreso Internacional de Matemáticas)
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