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Pero como Mallory en su ascenso final al Everest o Scott tratando de alcanzar el Polo Sur, estos artefactos -con ayuda de los ingenieros que los manejan- son capaces de continuar con su misión hasta el último aliento.
El pasado mes de febrero, la Agencia Espacial Europea (ESA) anunciaba que la sonda Ulysses, encargada de estudiar el Sol, estaba a punto de morir congelada. El plutonio que le había proporcionado energía para sobrevivir en el espacio durante 18 años se había debilitado y la lejanía del Sol hacía que su combustible se helase. Sin embargo, en abril, el director de la misión para la ESA, Richard Mardsen, afirmó que esperan conseguir la mayor cantidad de ciencia posible hasta el próximo 1 de julio, cuando acabe la fase actual de la misión.
Después, los responsables de Ulysses se plantean realizar una operación con la sonda digna de los mejores momentos de la exploración humana. Se trataría de colocar el satélite en estado de hibernación para ahorrar combustible. Así permanecería durante cinco años para poder resucitar cuando se acerque a unos 200 millones de kilómetros del Sol (ahora está a más de 400) y las temperaturas sean suficientemente altas como para sacar a la nave de su letargo. Despertaría justo a tiempo para estudiar el próximo máximo solar, que se producirá entre 2012 y 2013. Habría servido a la ciencia durante 23 años, casi seis veces más de lo previsto.
Otro ejemplo de resistencia son los dos exploradores de la NASA, Spirit y Opportunity. Estas sondas rodantes llegaron a Marte en 2004, con una misión mínima prevista de tres meses. Hoy continúan en la brecha, pero los años no han pasado en balde. Desde 2006, Spirit se desplaza dejando tras de sí un surco. Ese año, su rueda delantera se averió y desde entonces tiene que caminar marcha atrás, arrastrando su extremidad maltrecha.
El pasado mes de abril, se agravaron los problemas del otro gemelo. Un brazo robótico que había comenzado a fallar hace dos años sufrió una nueva avería en uno de los motores que ayudan a desplegarlo. Habitualmente, ese brazo, que se emplea para estudiar la composición de las rocas marcianas, se plegaba para pasar la noche a cubierto bajo el frontal de Opportunity. Para no perderlo definitivamente, los ingenieros han comenzado a dejar el brazo extendido. De esta manera, aunque la artrosis fuese definitiva, el brazo podría continuar siendo útil.
En estas condiciones, los dos robots han sido capaces de sobrevivir a los duros inviernos marcianos, cuando la cantidad de sol que llega a sus paneles solares es apenas suficiente para sobrevivir. Por el momento, la pericia de los ingenieros ha logrado que sobrevivan a estos malos momentos. El próximo invierno podría ser el último, pero los dos gemelos han demostrado que su piel se vende muy cara.
Un último explorador cuyos apuros se han conocido en las últimas semanas es Hayabusa. La sonda japonesa, que iba a ser la primera en retornar muestras de un asteroide a la Tierra, podría perderse en el espacio. El mes pasado, ya en su viaje de vuelta, la agencia japonesa del espacio informó de que el último giróscopo (encargado de dirigir el aparato) que le quedaba operativo se había averiado. La situación es crítica, pero los ingenieros ya han superado una pérdida de contacto con la sonda que retrasó su regreso en más de tres años o una fuga de combustible grave. Aprovecharán hasta el último respiro de Hayabusa para traer a casa la ciencia que transporte.
Autor: Daniel Mediavilla
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