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Ya no sólo inventan ellos

En el relato bíblico del comienzo del Génesis, la serpiente le dice a la mujer que no debe tener miedo a comer la fruta del árbol prohibido porque, si lo hace, "seréis como Dios, ya que conoceréis el bien y el mal". En uno de los mitos fundacionales de nuestra cultura se nos dice, pues, que el conocimiento es una característica divina y que su posesión nos convierte en algo así como dioses, por lo que, quizá, todas las religiones en general, y muy particularmente la cristiana en su versión católica, se han cuidado mucho a lo largo de la historia de poner todo tipo de trabas a la exploración de lo desconocido y a la reducción del mito en favor del logos, es decir, a la actividad científica.


FUENTE | El País Digital
04/03/2008
 
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El orden establecido también ha visto con preocupación el peligro que pueden llegar a tener las teorías, la solidez epistemológica de las hipótesis o los hallazgos de la ciencia, sobre todo para el mantenimiento de un determinado statu quo.

Han tenido que pasar, en efecto, muchos siglos, para que la humanidad haya comprendido, por fin, la importancia que tiene para su bienestar presente y su supervivencia futura, el cultivo sistemático y masivo de la generación de conocimiento, es decir, de la ciencia. Así, mientras que no se puede afirmar sin ruborizarse que la cantidad y el nivel de las producciones literarias o artísticas de nuestro tiempo son las mayores de la historia, porque ahí están Cervantes, Rembrandt o Mozart para cuestionarlo, sí se puede decir, en cambio, que la producción científica de hoy es la más abundante, más completa y más rigurosa que haya existido nunca, con o sin permiso de Newton o de Darwin.

Ello es así porque, desde hace un siglo, la producción de conocimientos científicos, ha dejado de ser una ocupación ocasional de caballeros europeos ilustrados, para convertirse en una estrategia de empresa o en una política pública, en la mayoría de los países industrializados y, por lo tanto, los que nos dedicamos a este oficio de generar conocimiento, somos hoy millones de personas trabajando a tiempo completo en todo el mundo.

En realidad, no se sabe con precisión cuántos somos, pero sí se tienen datos del número de licenciados en carreras universitarias y en ingenierías que existen en el mundo, y así sabemos que los 73 millones de personas con estudios superiores que había en 1980, habían ascendido a 194 millones en el año 2000, y que en este mismo periodo, China y la India habían multiplicado por dos sus titulados superiores (Science & Engineering Indicators 2006. National Science Foundation).

Desde que la dedicación a la ciencia dejó de ser una ocupación vocacional de gentiles hombres y se convirtió en I+D, es decir, en una actividad profesional asalariada, se han incrementado exponencialmente los recursos financieros y humanos dedicados a la generación de conocimientos y, por lo tanto, éstos han fluido en un caudal incomparablemente mayor que en épocas pasadas.

Europa había sido, hasta el siglo XX, el origen de la casi totalidad de los conocimientos científicos, en física, matemáticas, química, biología, filosofía o economía, pero, como mínimo, desde el final de la Segunda Guerra Mundial, si no antes, nos ha adelantado Estados Unidos en producción de conocimientos y, al ritmo actual, los grandes países asiáticos no tardarán en hacerlo también. Europa se ha convertido así, en cuestión de producción de ciencia, en una especie de Victoria de Samotracia, un cuerpo todavía hermoso y aún robusto, pero ya sin cabeza y, en estas condiciones, es muy improbable que pueda utilizar sus alas para volar.

Hace ya más de 15 años, los presidentes de las 25 mayores empresas de los Estados Unidos de América enviaron una carta abierta al Congreso que, entre otras cosas, decía: "Nuestro mensaje es simple. Nuestro sistema educativo y sus programas de investigación desempeñan un papel crítico y central en el avance de nuestro conocimiento... Sin el apoyo federal, la industria americana dejará de tener acceso a tecnologías básicas... Por lo tanto, respetuosamente, solicitamos que se mantenga el apoyo a un vibrante programa de investigación...".

Esta carta recoge tres ideas que me gustaría resaltar: a) la necesidad de generar conocimiento; b) la responsabilidad y obligación de los poderes públicos en financiar la creación del conocimiento, y c) la relación entre la creación de riqueza, por parte del sector privado y el apoyo gubernamental a la ciencia.

En Europa, quizá con la excepción de los países escandinavos y de Irlanda, ningún grupo de empresas líderes en sus respectivos países se ha dirigido a sus parlamentos o a sus gobiernos con una solicitud parecida a la de sus colegas norteamericanos. Únase a ello, que la toma de decisiones en esta parte del mundo, suele responder literalmente al título de un conocido libro de Claude Allègre, Cuando se sabe todo no se prevé nada y cuando no se sabe nada, se prevé todo (traducido al español como La sociedad vulnerable), y se tendrán las claves para entender por qué aquellos solemnes compromisos adoptados en la Agenda de Lisboa del año 2000, que pretendían situarnos a la vanguardia de la sociedad del conocimiento, a la altura del inminente año 2010, se han quedado en esa típica hojarasca retórica, a la que somos tan afectos los ciudadanos el Viejo Mundo.

Si dejamos aparte a los países escandinavos y a Irlanda, cuya población agregada, por lo demás, apenas alcanza la mitad de la nuestra, probablemente sea España el país europeo que mayores esfuerzos ha venido realizando últimamente, para alcanzar los compromisos de la Agenda de Lisboa 2000. Es conocido el hecho de que en esta legislatura que ahora termina, se ha duplicado el presupuesto en I+D, lo cual es una especie de hazaña insólita entre los países comunitarios. Se han incorporado, además, centenares de nuevos investigadores al sistema y se están acometiendo unas reformas administrativas, que pueden facilitar la gestión de los centros de investigación, atrapados muchas veces por normas y usos que recuerdan épocas pasadas y superadas social y económicamente.

Avanzamos, pues, en la buena dirección, pero nos encontramos todavía muy lejos del lugar adecuado, que es el que nos marcan los escandinavos, Estados Unidos, Japón y los países emergentes de Asia, porque España, hoy en día, ya no puede contentarse con aspirar a alcanzar los niveles de los llamados "países de nuestro entorno", toda vez que el proceso de convergencia ha terminado y, además, con notable éxito. Ahora tenemos, nosotros también, que aspirar a tirar del carro europeo y para ello debemos redoblar el esfuerzo en aquellas políticas que más contribuyen al bienestar común y a la resolución de los graves problemas que ya nos acechan, como la mejora de la productividad, el reto de la nueva medicina, los asociados al cambio climático, o a la subsistencia de grandes bolsas de pobreza en el mundo.

Tenemos que hacerlo ya, sin esperar al largo plazo porque, como bien dejó dicho John Maynard Keynes, "a largo plazo, estamos todos muertos" y que conste que con ese "tenemos", no nos estamos refiriendo sólo, ni preferentemente, a los científicos, sino al conjunto de los ciudadanos, porque la práctica de la ciencia, su financiación, la explotación de sus resultados, su divulgación o su institucionalización, son asuntos demasiado importantes como para abandonarlos, sin más, en manos de unos pocos expertos.

La responsabilidad sobre el futuro de nuestra sociedad, no puede delegarse, en efecto, en una comisión de sabios: la ética, la política y aun el sentido común, exigen, por el contrario, el compromiso de una mayoría significativa de ciudadanos.

Autor:   Carlos Martínez Alonso (Presidente del CSIC)



   Enlaces de interés
 
Entrevista madri+d: Carlos Martínez
Weblog madri+d: Política Científica
Weblog madri+d: Asociación para el Avance de la Ciencia y la Tecnología en España


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7 comentarios



  7
   javier | 10/07/2008
 
la religion limita el conocimiento,oprime la moralidad,origina racismo y la discriminacion, además de prohibir el pensamiento ,no sé porque gasto mi energia en lo absurdo.no es más que un dialogo de ignorantes.
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   Santiago Maza | 10/03/2008
 
A premisas falsas conclusiones erróneas, señor presidente del CSIC. Debería usted profundizar en la religión cristiana para entender el Génesis. En absoluto dice que la ciencia sólo es patrimonio de Dios 'Del árbol de la ciencia, del bien y del mal no comáis', sino que 'Del árbol de la ciencia del bien y del mal no comáis'. ¿Se ha dado usted cuenta? Hay en su interpretación una coma entre 'ciencia' y 'del bien y del mal' que pervierte totalmente su significado en personas que presumen de saber lo que es la religión cristiana sin tener ni repajolera idea.
Lo que dice el pasaje realmente es que el bien y el mal no pueden ser determinados por nadie, pues de hacerlo, uno se pone a la altura de Dios o de la Evolución, y como normalmente los que pretenden determinarlo son personas 'iluminadas', endiosadas de sí mismas, pertenecientes a ideologías totalitarias: Lenin, Stalin, Mussolini, Hitler, Mao, Pol Pot, y demás socialistas tristemente célebres, ya tenemos la prueba fehaciente de que es mejor dejar la determinación del bien y del mal a algo superior a los seres humanos. ¿O pretende usted decirnos lo que está bien y lo que está mal?
¿Va usted a determinar si la partícula es antipartícula o si la antipartícula es partícula?
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   José María | 09/03/2008
 
En la Edad Media los Monasterios se preciaban de tener las mejores bibliotecas, lo que contradice con el empeño de la Iglesia en mantener cerrados los conventos a cal y canto, sin televisión, ni radio, ni periódicos, ni libros, ni internet. Sin embargo, la mayoría de los católicos, o de cualquier otra religión, tratan de estar al día y a la vez descubir lo que hay más allá de los conocimientos confirmados por la ciencia. Lo necesitamos como esperanza de una humanidad mejor.
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   Joaquin | 05/03/2008
 
El Sr. Martinez parece que quiere hacer responsable a la iglesia del pobre desarrollo cientifico de nuestro pais o del riesgo de que Europa se quede atras respecto a los Estados Unidos. Como si estuvieramos en la edad media, vamos.
Me parece muy importante analizar la situacion y estudiar la manera de mejorarla pero no se que tiene que ver la iglesia o las religiones con todo ello. Me parece que el articulo tiene un cierto tufillo electoral.
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   G. Rodriguez | 04/03/2008
 
Sr. Presidente, sus argumentos son poderosos: para avanzar, hay que generar conocimiento, recibir apoyo de los poderes públicos, y crear riqueza por parte del sector privado. Estos argumentos fueron planteados originalmente por la industria de EE.UU. España podría ser similar a EE.UU, pero aquí hay un fallo: la ciencia no contribuye a la economía del pais, el número de patentes de invención es bajo, la cadena ciencia-desarrollo tecnológico es debil.
Una de las causas de este fallo es la nula relevancia que las autoridades del CSIC dan actualmente a sus ingenieros y técnicos en general. Este personal es básico para tranformar el conocimiento en realidad útil para la sociedad. Sin una fuerte colaboración entre científicos, ingenieros y técnicos, el desarrollo tecnológico está muy limitado. Esta cadena debería reforzarse en los propios Institutos tecnológicos del CSIC, y tender luego un puente hacia las empresas. Entonces, quizás podamos volar.
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   Angel Vegas Molina | 04/03/2008
 
El Sr. Martínez nos larga en este artículo una soflama de tipo masónico que además está plagada de errores y de ideas mas que cuestionables. El Sr. Martínez no parece saber las creencias religiosas de Pascal, Newton, Kepler, Einstein, Heisenberg, Servet, Celestino Mutis, Mendel, etc., etc.
Sr. Martínez, es verdad que desde que la ciencia dejo de ser una actividad de 'gentilhombres' se ha producido mucho mas. Pero basta ver las revistas actuales para ver que el 90% de esa producción es 'mierda pura'. Si todavía lee Ud. ciencia, debe saber que en su ámbito, la biología, los artículos quedan reducidos a cenizas a los 5 años. Los de Cajal (gentilhombre) siguen vivos. Los químicos y fisicos siguen viviendo y bebiendo de Heisenberg (gentilhombre). En fin, Sr.Martínez, que parece que ha perdido Ud. el Norte y eso, en el CSIC, lo hemos notado mucho.
Vaya Ud. con DIOS, Sr. Martínez.
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   A Hopkins | 04/03/2008
 
Lamentable que el Prof. Martínez confunda el trasero con las témporas. Es muy libre de manterner los prejuicios antireligiosos que quiera hacia todas las religiones en general, y muy particularmente la cristiana en su versión católica, aunque preocupante en una persona con su cargo, pero si conociera un poco mas del tema sabría que ese pasaje del 'mito fundacional de nuestra cultura' se refiere a la soberbia y la arbitrariedad moral, y no a la adquisición de conocimiento.
Si 'el conocimiento es una característica divina y su posesión nos convierte en algo así como dioses', no hay ningún problema, ya que, como dice  también 'ese mito fundacional de nuestra cultura', Dios nos creó 'a su imagen y semejanza'. Será por eso que, aunque el Prof. Martínez parece ignorarlo, ha habido a lo largo de la historia y ahora mismo tanta gente que, practicando la religión cristiana y muy particularmente su versión católica, no han -hemos- tenido ningún problema en trabajar por aumentar el conocimiento, incluso -y muy particularmente- en su versión científica.
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